Un Miguel Delibes laureado y cincuentón confesó a comienzos de los años setenta su afán de nombrar la realidad con las palabras adecuadas, en su caso la de una cultura agraria, campesina y al borde de la extinción que conoció de primera mano como cazador, periodista y escritor.

«En mis novelas y relatos sobre Castilla lo único que pretendo es llamar a las cosas por su nombre y saber el nombre de las cosas», explicó al periodista César Alonso de los Ríos en el libro «Conversaciones con Miguel Delibes» (1971), consciente ya de que con el paso de los años desaparecerían esos vocablos y él quedaría como un arqueólogo que las exhumó y fijó a través de la letra de molde.




Fuente: Agencia Efe

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