Una pasajera del vuelo EVE838, que viajaba con su pareja en la parte delantera del avión y que no quiere publicar su nombre para no preocupar a su familia, relata que la caída ocurrió repentinamente, unas dos horas y media después de despegar de Port Louis (Isla Mauricio). «Dos minutos antes del incidente mi pareja había ido al baño. Volvió se abrochó el cinturón y de pronto volamos. Estábamos los dos atados y elevándonos de golpe. Todo alrededor volaba», relata.

«Desde la tripulación se tardó en decir nada y luego solo dijeron que había sido una turbulencia y preguntaron por médicos a bordo», asegura. Tres facultativos y una psicóloga se ofrecieron a atender a los pasajeros y a tres azafatas, que sufrieron también golpes, y que fueron evaluados por los servicios médicos de Barajas ya en Madrid.

«Una azafata alertó por megafonía de que la señal de abrochar los cinturones no funcionaba en alguna partes del avión», apunta la pasajera, que no la vio encendida en su zona.

El resto del viaje transcurrió «con tranquilidad», si bien el aterrizaje se demoró porque, según el piloto, que instó a los pasajeros a leer las instrucciones de evacuación de emergencia, habría exceso de tráfico aéreo en el entorno de Barajas. 




Fuente: El Pais

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