Evaristo Páramos es feliz. Pocas horas antes de esta entrevista han salido a la venta las entradas para la gira de La Polla Records, que arranca el viernes 20 de septiembre en Valencia. Tocan en recintos grandes. Y los billetes han volado. “Me estoy divirtiendo mucho con toda esta historia. Se lo cuento a los colegas de toda la vida y nos reímos todos juntos”, dice, mientras mira la pantalla de su móvil. “Me están llamando los colegas que se han quedado sin entradas y los que han corrido y las han comprado. Estos últimos me caen mejor”, remata con esa retranca que no suelta nunca.

Ese sentido del humor que le ha permitido llegar hasta los 59 años, padre de una niña de nueve meses, siendo parte de un movimiento, el punk vasco de los ochenta, que sufrió muchas bajas: Iosu y Jualma, de Eskorbuto, o los cuatro miembros originales de los vitorianos Cicatriz. También ellos sufrieron perdidas: el batería original de La Polla Records, Fernandito, murió en 2002 de un infarto. Fue ese fallecimiento la gota que colmó el ya rebosante vaso de las tensiones internas en La Polla Records. Al año siguiente se disolvían tras una colosal bronca. No se volvieron a ver en 15 años.

«Somos viejos, tío. Y tenemos que dar paso a los siguientes, pero antes vamos a dar una última cabalgada. Como si nos caemos del caballo. Ya llegar aquí ha merecido la pena»

Evaristo vivía en Oñate, Guipúzcoa, el resto seguía en el pueblo que les vio nacer, Salvatierra, Agurain en euskera (4.906 habitantes censados), a 30 kilómetros de Vitoria-Gasteiz, la capital de Álava. La llegada de Internet les obligó a reunirse para hablar de cómo gestionar los derechos digitales de la veintena de discos que publicaron desde que debutaron con el ahora mítico Salve, en 1984. En algún momento entró en la ecuación Live Nation, la promotora más grande del mundo y aquí estamos: ocho conciertos, dos en cada ciudad, en Valencia, Madrid, Barcelona y Bilbao, y una gira el año que viene por Latinoamérica, donde son míticos al nivel de Los Ramones.

Parece que no hay como irse para que te echen de menos. Lo hicimos aposta. Dijimos: vamos a estar 15 años sin hacer nada y luego volvemos y les sorprendemos a todos.

Ahora sois casi tan famosos como Los Ramones. Yo estuve en el velódromo de Anoeta, en San Sebastián, viéndoles. Y una noche vi tres documentales que me pasó uno de los Gatillazo [la otra banda de Evaristo]. El de los Sex Pistols, el de Ramones y el de Metallica. Me los tragué seguidos. Venía de tocar en dos o tres festivales y todavía no encontraba la cama. Sex Pistols, inteligentes. Los Ramones, unos desgraciaos. Y Metallica, va fan culo.

¿Esperabas que la vuelta fuera así? Yo quería que fuera así, pero no me lo esperaba.

¿Os buscó Live Nation? ¿Les buscasteis vosotros? ¿Cómo se organizó la vuelta? A cuenta de los derechos nos reunimos en la oficina y terminó saliendo el tema. Tenía que pasar, porque esas reuniones hicieron que nos volviéramos a hablar.

¿No os hablabais? No, pero no porque ellos [el resto del grupo] no quisieran. Tampoco me hablaba con mis padres. Mi padre ya murió, pero no me hablaba con mi madre. El local de ensayo de Gatillazo está antes de entrar al pueblo. Después está la gasolinera y después el pueblo. Yo vivo en Oñate, iba y no tenía ningún motivo para subir la colina. Me quedaba allí y me largaba para mi casa. Pero con esta movida hubo que subir la colina y hablar de los derechos digitales y esas mierdas.

Pregunta: «Santiago Abascal, líder de Vox, es alavés«. Respuesta: «Sí, de Amurrio. Les está bien empleado, que nos metían nueve a cero. Así se lo devolvemos»

Es decir, que al principio fue por un tema legal y de dinero. No, surgió la oportunidad de meterles un golito a las discográficas ¿Por qué no? Lo comenté y cuando salió la oportunidad de hacer festis, nos pareció curioso. Y grabar otra vez viejas canciones [el disco con algunos de sus clásicos regrabados salió en mayo de 2019 y se llama Ni descanso, ni paz!]. Nos quitamos algunas espinitas. Los tres primeros discos de La Polla serán lo que sean, pero el sonido no es bueno. Hicimos un extracto para hacer de los tres uno con la peña que estamos ahora.

Vuestro primer disco, ‘Salve’, fue un ‘shock’. Punkis de Salvatierra. De Salvatierra solo sabíamos que había una casa cuartel. Muy bonita, ahora es una casa de cultura. También teníamos una fábrica de pieles que venían autobuses hasta de Santander a comprar cazadoras.

Teníais fama de pueblo duro. Hasta en el fútbol. Los equipos de Vitoria entraban temblando. Y tenían motivos. Allí había hostias como panes. Ni los picoletos del cuartel se metían: preferían llevarse bien con la población local. Y eso que cuando yo era pequeño el cabo de la casa cuartel te podía dar un soplamocos en la cara si le daba la gana. O pillar a un raterillo, llevarle allá y darle un palizón durante dos días. Pero también las monjas del colegio podían decirte “Ave María Purísima” y, si no les contestabas “sin pecado concebida”, te podías meter en un marrón de mucho cuidado. Esas movidas son las que quieren ahora poco a poco llevar para atrás.

Santiago Abascal, líder de Vox, es alavés. Sí, de Amurrio. Les está bien empleado, que nos metían nueve a cero. Así se lo devolvemos.

En tus primeros conciertos en Vitoria recuerdo que la gente se agrupaba fuera y cuando ya había masa cargaban para tirar las vallas y entrar sin pagar. Todo el mundo con mogollón de costo y de speed en el bolsillo. En los bares pagaban las cervezas. Y, luego, la entrada valía 200 pelas y te decían: “Vete a tomar por culo ¿Tú dices que eres anarquista y me cobras?”. Había pasta para todo menos para eso, pero bueno…

Evaristo, actuando con La Polla Records en un concierto de 1989. Foto: Carlos Montañés

El ‘speed’ era el combustible en aquella época ¿no? La farlopa valía 20 o 24.0000 pesetas, como el caballo, era carísima. Ahora tampoco es barata. Claro que tampoco es farlopa. Sí, era el speed lo que se consumía. La farlopa agarrotó mucho a la peña. Yo he sido farlopez y te deja paranoico y mal. Mucho mejor el vino clarete. Lo que no puedo hacer es fumarme porros de ninguna clase. Me sientan mal, mal.

Tú salías al escenario con un paraguas en el que estaba escrito: “¿Por qué no le escupes a tu puta madre?”. No era un paraguas era una sombrilla de un carro de bebé. Cuando lo abría todo el mundo aplaudía, pero luego seguían escupiendo. Pero en aquellos tiempos también salíamos a la calle el grupo con la gente y si aparecía la madera había ciertas reacciones que ahora no hay. Es verdad que yo tengo móvil y whatsapp y ordenador en casa, pero si me preguntan: «¿Los niños de ahora se van a hacer punkis?». Bueno, el día que el niño de ahora se junte con otros y hagan propaganda a voces y digan “me he quitado del móvil y de internet, a tomar por culo”, como hacíamos nosotros, entonces diré: “Coño, hay punkis otra vez”.

«Yo he sido ‘farlopez’ y te deja paranoico y mal. Mucho mejor el vino clarete. Lo que no puedo hacer es fumarme porros de ninguna clase. Me sientan mal, mal»

En aquellos años, la parte vieja de Vitoria… La parte vieja de Vitoria ha sido lo mejor que ha habido en la puta historia del universo. Te podías quedar a vivir y morirte. Se te olvidaba irte de Vitoria. Yo lo he pasado muy bien allí. Muy bien. Y sin ligar ni nada. Solo estando. ¿Ligar pa qué? Todo este tema que hay ahora de discriminación, desigualdad. No había nada de eso. Daba igual que fueras tío, tía o poste de teléfonos. Recuerdo bares como el Cantiruri. No le he dado yo cabezazos ni nada a la pared de aquel bar ¿Qué habrá ahora allí? Entonces era cerveza, moscatel, porros guarros y cabezazos a la pared. Somos viejos, tío. Y tenemos que dar paso a los siguientes y abonar el campo, pero antes vamos a dar una última cabalgada. Como si nos caemos del caballo. Ya llegar aquí ha merecido la pena.

¿Os relacionabais con otros grupos de allí? Yo recuerdo cuánto nos imponían los Cicatriz cuando les veíamos por la calle. Sí, puedo entender que dieran miedo. Pero eran gente normal y corriente que tenían sus problemas y sus situaciones en la vida. Eran bien majos. Yo siempre me llevé bien con ellos. Cuando murió Pedrito ni me enteré. Cuando fue Nacho tampoco estuve muy atento. Yo tenía mis propios problemas en aquella época. Estaba hecho un cristo y no les eché una mano.

La Polla Records
La portada del disco que marcó a muchos que eran jóvenes en los ochenta, el primero de La Polla Records, ‘Salve’.

Vosotros teníais mucho sentido del humor ¿No crees que hubo gente en el País Vasco que se tomó demasiado en serio aquello de “no hay futuro” del punk y fueron demasiado lejos? No, está bien. Para mí el punk es una cosa muy amplia que incluye muchas cosas. Y eso también lo incluía. Todos teníamos referencias. A Hertzainak les influyeron Stiff Little Fingers, fijo. Lo que pasa es que La Polla teníamos tantas influencias y tan distintas que no conseguíamos parecernos a nadie y por eso parecíamos originales. A lo de “originales” ponle comillas, no vayan a creer que hablo en serio. Eskorbuto eran New York Dolls. Yo qué sé, éramos unos críos. Pero estábamos allí. Cada uno tenía sus referencias y no se pueden comparar. No vas a comparar Salvatierra con la margen izquierda.

Pero da rabia ¿no? ¿Qué haya muerto tanta gente?

Sí, y que no fuéramos capaces de ver que los Sex Pistols tenían un componente de tomárselo todo a risa. Los Pistols no tienen la culpa de nada. La gente los oyó en todo el mundo y cada cual se lo tomó a su manera. Y así tenía que ser.

Vosotros pensabais que se podían cambiar las cosas ¿no? Es que se podían cambiar las cosas, pero nos metieron todo tipo de juguetes, incluidos las drogas, con los que nos mandaron a la mierda. Aunque todavía no del todo. Pero han recuperado poder. Hablan de «delito de odio». El odio no es un delito, es un sentimiento ¿no? ¿No hay «delito de avaricia»? Mírate en el otro bolsillo a ver si te lo encuentras. ¿Y el amor? El amor ha matado a muchas más personas que el odio. Hay que poner muchos más delitos.

«Cuando murió Pedrito [de Cicatriz] ni me enteré. Cuando fue Nacho [también de Cicatriz] tampoco estuve muy atento. Yo tenía mis propios problemas en aquella época. Estaba hecho un cristo y no les eché una mano»

¿Recuerdas la primera vez que oíste hablar de Rock Radical Vasco? Sí, [el periodista] Jose Mari Blasco se lo inventó para que le dieran una página [en el periódico Egin] para hablar de un festival. Fue un truco. Cuando lo vi no me dio ni frío ni calor. Yo estaba allí, detrás del batería de Eskorbuto que se le había subido la bola [un tirón] y se daba puñetazos.»¡Hijo de putaaaaa!», gritaba y se daba hostias en la pierna. Y yo moviendo la mandíbula muy fuerte hacia los lados. Seguro que alguno sabe de lo que hablo. Me acuerdo de ver a los Basura y que el bajista salió fumándose una Faria. Pequeños detalles de originalidad local. Eso no lo hacía ningún inglés. Y estaban los Barricada.

Pero la etiqueta no os gustó. A nadie, lo que pasa es que algunos la utilizaron para intentar ser más guays. A nosotros nos la sudaba. Pero qué hacíamos ¿Nos tiramos todo el día hablando de eso? Me parecía necio.

¿Después de la gira, seguiréis? En teoría hay otros ocho conciertos en América. Luego vuelvo con Gatillazo, grabaremos unas canciones y las sacaremos en 2021, aunque no sé con quién, porque después de llamar «hijos de puta» a un montón de discográficas no sé quién lo va a querer sacar.

¿Hay algo de lo que te arrepientas? No, algunas letras me parecen un poco infantiles, pero no reniego de ellas porque era lo que tocaba. No reniego de nada. Lo que está mal hecho es lo que tocaba. Mis cagadas también son mías.

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Fuente: El Pais

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