Marc Roca Junqué (Barcelona, 1996) tiene un aire a muchacho de posguerra con su tupé repasado al peine y su piel limpia y sin tatuar. Pocas veces un jugador transformó más el tono de una selección sub-21. Es el mediocentro revelación del torneo y se muestra ansioso por saltar al campo de Udine a pedir la pelota, en la final contra Alemania. Su mirada se ilumina cuando le invitan a explicar las complejidades de su particularísima posición en el campo de juego.

Pregunta. En estas selecciones vemos muchos jugadores importantes que han estado en la sombra del fútbol. ¿Cómo es la vida del jugador que llega a la selección sin ser famoso o ser canterano de un club de primera línea?

Respuesta. Es verdad que el Espanyol no está a la altura del Atlético, del Madrid y el Barça porque ellos tienen un presupuesto mucho mayor. Pero para mí la cantera del Espanyol está en el top cinco de las canteras.

P. ¿Ha supuesto un hándicap en su carrera el hecho de haber sido frágil físicamente de pequeño?

R. No. He intentado adaptarme a las adversidades. No vale de nada lamentarse de que no tengo esto o lo otro. Hay que afrontar las cosas pensando en el margen de mejora. A lo mejor el no ser tan rápido de pequeño me hizo desarrollar otras virtudes para jugar mejor al fútbol.

P. Usted se quedó fuera del corte del sub-19 de Grecia. ¿Se ha sentido inseguro en algún momento de su carrera?

R. Por supuesto que ha habido momento de mi vida y mi carrera que me han hecho sentir inseguro. Pero he crecido mucho. Muchas veces puedes tener la inseguridad, los nervios, eso que no te deja ser tú mismo y sacar todo lo que tienes dentro. Te sientes cohibido, no del todo bien. Pero con la confianza que vas sacando tú mismo y te va dando el entrenador y los compañeros, acabas siendo tú y así finalmente puedes demostrar tu valía y quién eres de verdad.

P. Su puesto es la bisagra del campo de juego: ¿dónde se siente más cómodo? ¿Cuándo circula el balón en campo contrario o cuando tiene que defender en el campo propio?

R. Todas las situaciones me gustan. Cuando saco el balón intento aportar fluidez, rapidez, escoger la mejor opción, alternar dentro-fuera… En campo contrario es casi lo mismo: jugar a dos toques. Quizás es más fácil defender que atacar porque tienes el balón y tu responsabilidad es hacer daño al rival. Pero la alternancia ataque-defensa es continua y ahí lo fundamental es dar equilibrio. Hay situaciones del ataque en las que si no participas tu deber es estar defendiendo. Aunque nosotros tengamos el balón me toca hacer las vigilancias, saber dónde tengo que estar por si el equipo pierde el balón y qué tengo que hacer para que el otro equipo no corra. A veces tienes que tomar decisiones para salir a presionar, aunque puedas salirte un poco del guión del mediocentro.

A mí me encanta participar. Me encantaría que todo el mundo me diera todos los balones

P. Usted en la presión parte de más atrás que sus interiores. Contra Polonia saltó una línea para hacer movimientos de presión que duplicaban los recorridos que hacían Fabían o Ceballos. ¿Ese alarde de concentración y conocimiento deriva del instinto o del cálculo?

R. Es un instinto porque cuando juego intento estar muy conectado, es leer la situación si puede ser un segundo antes que el rival para saber dónde se moverá, y luego estar concentrado para ir a la presión sin miedo, sin nada que perder. Cuando tú tienes el balón cerca del área rival el otro equipo lleva tiempo sin el balón y cuando lo recuperan están cansados de correr. Ese siempre es un buen momento para presionar porque si no salen con dos pases nosotros tenemos la pelota otra vez y poco a poco van cansándose. Para nosotros esta dinámica es muy importante.

P. ¿Es consciente de que si acierta en esa presión tan alta nadie se lo reconocerá y si falla quedará en evidencia?

R. A veces me puedo equivocar pero yo solo miro a mi equipo. No miro fuera. Hago lo que siento y lo que entiendo que es lo mejor. El fútbol es tomar decisiones en menos de medio segundo. Solo puedes reaccionar si escuchas la conexión interior, lo que te dice tu instinto. Es cierto que si saltas y te ganan la espalda, el otro equipo corre contra sólo dos defensas. Tienes que tener muy claro que debes mantener el equilibrio del equipo. Pero creo que contra Polonia acerté.

P. ¿Cree que esta euforia en torno a España puede ser perjudicial o ayuda a mejorar el rendimiento?

R. Nosotros lo tenemos que ver de manera positiva. Pensamos que es bueno para nosotros porque esto nos da confianza. No hay ninguna presión. Para afrontar la final tenemos que ser nosotros mismos, tener personalidad, ser valientes y disfrutar del momento porque no lo volveremos a vivir en nuestra vida. Es un recuerdo que quedará para siempre.

P. Cuando el rival tiene el balón lejos, en una segunda línea, usted va rectificando su posición para situarse de la mejor forma para prevenir daños, como si el GPS de su cerebro estuviera recalculando. Eso debe ser muy estresante mentalmente. ¿Ese esfuerzo lo hace de manera consciente o no lo piensa?

R. Hace un tiempo que entreno para jugar sin pensar. Ir al campo y no pensar. Jugar como yo sé, como lo he hecho siempre, como yo siento, como vivo mi vida. Ser yo mismo: ser Marc Roca fuera y dentro del campo. Lo mismo. Mi esencia y mi presencia. Me gusta jugar así. Posiblemente lo hago de manera inconsciente porque detrás de eso hay mucho trabajo consciente para que en el campo salga de manera espontánea. En mi posición es muy importante ver lo que pasará, dónde hay un hueco para tapar, dónde puede caer el balón. A partir de ahí, si juegas a no pensar es cuando realmente eres tú, cuando fluyes y no importa lo que pasa afuera, no importa lo que hay en la grada. No pasa nada. Tú estás tan concentrado contigo mismo que solo importa el balón y tu concentración. Así la cabeza me va mucho más rápido.

P. Contra Francia robó el balón en el 100% de las veces que acudió a hacer la ayuda a Firpo en el lateral. Ese movimiento implica que descubre a los centrales y los deja uno contra uno con los atacantes. Es un riesgo grande. ¿Es plenamente consciente de que esa jugada del rival no acabará en el medio o es una apuesta intuitiva?

R. Realmente no lo sé. Intentas leer la jugada. Si en ese momento pienso que la ayuda la tengo que hacer ahí, por suerte tengo mucha capacidad de sufrimiento y puedo llegar a varios sitios. El cuerpo aguanta. También sé que cuando salgo de zona en esos casos Fabián es el que me cierra la espalda. Es un tema de comunicación: «Voy yo y ciérrame». Hablando es mucho más fácil. Donde no llegas tú llego yo, y al revés. Si estoy cansado le dio: «¡Dani [Ceballos], izquierda!». Y él me cierra el pase a la izquierda y no hace falta que haga esos cinco metros, aunque luego en la siguiente jugada pueda hacer diez. Se trata de ayudar al compañero como podamos.

P. Hay momentos en que Ceballos le pasa la pelota como diciendo: “¡Toma, disfruta un poco!”.

Por supuesto que me he sentido inseguro. Muchas veces la inseguridad no

te deja sacar lo

que llevas dentro

R. Disfrutamos muchísimo. Jugar con jugadores de este nivel técnico, con esta calidad y este talento, para mí es brutal. Fabián, Ceballos, Fornals, todos. Le pasas el balón a cualquiera y nunca la pierden. Eso es vital para nosotros.

P. Xabi Alonso no se convirtió en un maestro de las tareas defensivas hasta que llegó al Madrid, mientras que Busquets traía incorporados los conceptos de fábrica. ¿Cree que este conocimiento es innato o se puede aprender de la nada?

R. Yo a lo mejor no lo llevaba dentro. Mi virtud siempre ha sido tocar el balón. Ser un mediocentro creativo. A medida que ha pasado el tiempo he crecido defensivamente. El trabajo siempre supera al talento. Depende del espíritu de sacrificio de cada uno. A veces yo hacía un buen partido, todos me felicitaban, el entrenador me felicitaba, y cuando llegaba a mi casa mis hermanos me decían: “Vuelves demasiado lento cuando te superan”. Con la gente que te ayuda vas mejorando.

P. Antiguamente los mediocentros robaban más por contacto, ahora defienden más por anticipación para evitar faltas al borde del área. ¿Ser pegajoso sin hacer falta es un arte?

R. No lo creo. Hay situaciones y situaciones. Es verdad que en la frontal del área es mejor no hacerlas porque te la pueden meter por toda la escuadra. Pero no considero que esto sea una virtud. Hay momentos en que el equipo necesita un parón, una faltita táctica.

P. A veces los mediocentros repiten esfuerzos explosivos para ir a cerrar hasta que el cuerpo se les acalambra. ¿Cómo se juega en la agonía?

R. Hay muchas situaciones en las que estás agotado y sientes que nos puedes más. Pero al final es un tema mental. Tú siempre puedes más. Siempre puedes dar un poco más. No hay un momento que digas: “mi cuerpo lo ha dado todo”. No hay límite. Así está mi cabeza. Cuando pienso que no puedo más intento engañar a mi cabeza y digo: “¡otro sprint! ¡quedan cinco minutos para el descanso…!”. Y quedan diez… Vas lanzando mensajes positivos a tu cabeza y siempre te da para un esfuerzo más, y otro, y otro…

P. Cuando intenta ajustarse a la jugada con uno, dos o tres toques, y se va ofreciendo constantemente, ¿se deja llevar por el placer de entrar en juego o ha interiorizado que jugar así, con sencillez, es su obligación?

Vi las piernas abiertas de Tousart, vi a Dani por delante y dije: “¡Toma!”. Como una alternativa. El caño me salió, pero esto no es pensar. Esto es hacerlo. Es jugar a partir del no pensar. Es estar ahí y estar vivo y conectado

R. Jugar fácil o difícil es relativo. A veces lo más complicado es jugar fácil. Depende de la situación. Hay momentos que toca jugar fácil, no arriesgar el pase, o ir a por el gol y jugarte algún pase vertical. La lectura del partido en mi posición es muy importante para llegar antes que los otros. Mi puesto es complicado y no puedes permitirte el lujo de perder balones. Si pierdo un pase interior a lo mejor nos cogen a la contra y pasa cualquier cosa.

P. Pero una de sus cualidades es estar siempre disponible para el apoyo. ¿El desmarque continuo es consecuencia de una autoimposición, un ejefcicio de manual, o lo hace porque lo siente así?

R. A mí me encanta participar. Me encantaría que todo el mundo me diera todos los balones. He nacido para tocar el balón y sentirme protagonista dentro del campo de juego. Así me siento yo mismo, soy feliz, me lo paso genial. Esto es muy importante porque es un juego y lo que queda es eso. Esa experiencia es brutal. Acabar el partido y decir: “¡cómo nos lo hemos pasado!”.

P. ¿Eso le ha ocurrido aquí?

R. Sí. Llegamos a la habitación con Dani Olmo y decimos: “¡Hostia cómo jugamos! ¡Cómo disfrutamos!”.

P. Contra Francia le dio un pase a Ceballos con un caño. ¿Esto en un mediocentro es una frivolidad?

R. Si no lo hacía en esa situación me quitaban la pelota: me venía uno por detrás, otro por el lado, y Tousart por delante. Así es que le vi las piernas abiertas, vi a Dani [Cebalos] por detrás y dije: “¡Toma!”. Como una alternativa. Me salió, pero esto no es pensar. Esto es hacerlo. Es jugar a partir del no pensar. Es estar ahí y estar vivo y conectado. Así sale todo mucho mejor.

P. ¿Qué clase de talento ve en Fornals?

R. Veo magia, veo a Iniesta. Veo que siempre está bien perfilado, siempre bien puesto, siempre sabe cómo recibir el balón en una zona donde esto es lo decisivo para crear superioridades. Tiene último pase, visión de juego, mucho trabajo porque no para de correr ni ayudar. Un jugador con tanto talento que es capaz de hacer tanto trabajo es espectacular. Pienso que estamos ante uno de los mejores mediocampistas, delanteros o mediapuntas de España.

 

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Fuente: El Pais

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