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«Estudié Derecho de la UE en Londres, soy un visionario»


acobo Serra (Albacete, 1983) es, para muchos, uno de los mayores talentos musicales de España. Tras el EP «The word I never say» (2013) y el disco largo «Don’t give up» (2014), a este desconocido le llovieron los elogios de crítica y compañeros. Hasta ahora, Serra había hecho gala de un sonido clásico y unas letras en inglés fluido. Hoy se publica su nuevo disco, «Fuego artificial» (Warner), que presenta en gira por toda España: Miranda de Ebro (Burgos, 20 de octubre), Bilbao (21), Alicante (27), Granada (28), Zaragoza (3 de noviembre), Barcelona (4) y finalmente Madrid (11).

–Hay cambios, si no drásticos, considerables.

–Para empezar, el idioma. Yo había hecho mis pinitos con algún tema suelto en castellano, pero probablemente es lo más radical. También en el sonido, para el que hemos utilizado otros colores y pinceladas, formado un todo diverso, de instrumentos y tonalidades, menos frío. Eso es nuevo también.

–Era reticente a cantar en castellano porque el inglés es natural en su educación. ¿Ha notado un cambio, algo más honesto?

–No sabría decirte. Estoy muy ligado a lo anglosajón y discuto con mi novia en inglés (ríe). Mi caso es un poco único, pero claro, no es mi lengua materna. Hay una vuelta de tuerca emocional y, desde luego, la percibo cuando canto porque la barrera lingüística desaparece y el público conecta más, entiende las melodías y también las palabras. El muro ha saltado y eso me emociona a mí también.

–Ahí tenemos un primer «deshielo» en este disco.

–Lo has definido muy bien, porque también hay un segundo, más color. Es un trabajo muy visual, con piezas diferentes, un puzzle abstracto en el que cada canción tiene su estilo, su forma y su color, y aunque sean muy diferentes, siguen un hilo hasta el final. Hay hielo y hay fuego, hay trópico, muerte, despedida, desamor. Todo eso forma el cuadro abstracto.

–¿Siente que ha crecido?

–Me encuentro en un periodo de madurez, de búsqueda de mí mismo desde cierta serenidad. Puede que me haya ayudado, o no… pero acabo de ser padre y es algo que no me gusta contar, aunque supongo que ha influido. Yo compongo a base de emociones que no puedo explicar y que ni siquiera entiendo, las saco afuera en forma de canciones. No sé qué siento pero esa canción sí lo sabe contar.

–Tenía un aura de clásico, si me lo permite.

–De eso quería salir. Necesitaba evolucionar, y huir de los Beatles y matar al padre en términos freudianos, eliminar los prejuicios. Siempre he sido muy purista, pero hace tiempo que escucho música electrónica y de experimentación. Ha sido un trabajo en casa, en soledad.

–Siempre le mencionan como «el Beatle de Albacete» ¿no está hasta el gorro?

–Sí, y lo del Rufus (Wainwright) de Chinchilla… bueno, son piropazos. Lo que pasa es que al final… vale, está bien, pero cuenta algo más de mí, ¿no? Los Beatles son la razón por la que me dedico a esto. Me guiaron hacia el pop aunque necesitaba perderles el respeto un poco, alejarme. Ellos actuaban de esa manera, siendo actuales, lo más modernos posibles en su época. Pero sí que hay alguno que me dice por la calle: (pone acento manchego) «¡El beatle de Albacete!».

–¿Le reconocen en Albacete?

–Bueno, no te creas, que uno no es siempre profeta en su tierra… Pero sí, nací allí, y además cada día me siento más de Albacete. Me fui muy joven por el mundo, y te das cuenta de cosas.

–¿Aprendió de sí mismo en Inglaterra?

–Sí, averiguas adónde puedes llegar. Conoces socialmente cuáles son tus límites y yo me descubrí como artista y como persona.

–«El Imperio» está relacionada con Trump.

–Sí, es la canción que cierra el disco y la compuse durante las elecciones americanas y sucedió lo imposible. La realidad superó a la ficción y ganó él. Para mí fue chocante, inaudito. Tuve una sensación muy rara y escribí ese tema sobre la decadencia del imperio. Y también le hablo a Europa. Hemos perdido el rumbo y eso me daba cierta rabia.

–También estamos revueltos en España.

–Me da mucha pena lo que pasa en Cataluña. Mi familia se fue de allí hace un par de generaciones y yo tengo sangre catalana. Cada vez que regreso me siento cómodo, es una ciudad que me gusta y los catalanes, también. Siento pena y en eso me duele España, si me lo permites decir así. No sé qué va a pasar, pero me encantaría que se pudieran encontrar vículos.

–Su apellido es catalán.

–Tengo familia en Baleares y en Barcelona. Aunque yo me siento manchego, claro, pero es algo indómito. Cuando voy, entiendo ese arraigo y siento impotencia. Me gustaría que fuera de otra forma.

–Usted sabe de la Unión Europea.

–Sí, yo me fui a Inglaterra a estudiar Derecho de la UE y tengo una concepción de Europa. Me preocupa todo esto.

–Pues el derecho de la UE en Inglaterra ya debe ser una materia en desuso, ¿no?

–Sí, ya ves que fui un visionario… ¿En qué me especializo? Venga, en Derecho de la UE. Perfecto, soy un genio, aunque ahora podría estar negociando el «Brexit».




Fuente: La razon

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