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Estos hermanos postadolescentes son la esperanza del rock | Tentaciones


La historia de The Lemon Twigs bien podría ser el inicio de una película escrita y dirigida por el Richard Linklater de Boyhood (poniéndonos generosos) o el Cameron Crowe de Casi famosos (poniéndonos en lo peor).

Resumimos la trama: dos hermanos (Brian y Michael D’Addario, 19 y 17 años respectivamente) crecen haciendo suyos los viejos discos de su padre, frustrado aspirante a estrella pop. Sus pintas parecen sacadas de un pasado indeterminado: Brian como un Gram Parsons sin adicciones, Michael como un glam de patio de instituto. Desde el garaje familiar comienzan a componer canciones que podrían haber sido grabadas hace tres décadas (por estilo y por brillantez) y, a una edad en la que sus compañeros están decidiendo si van a la universidad o si se buscan trabajo, ellos llaman la atención de Jonathan Rado (Foxygen), que les produce su disco de debut, Do Hollywood. Antes de que nadie se dé cuenta, han tocado en medio planeta, protagonizan clips en los que parecen extras de Barry Lyndon y han cumplido ya el sueño que su padre nunca pudo lograr. Buen comienzo, ¿verdad?

“Mi padre estaba preocupado. Él intentó ser músico y fue rechazado”

Queda por ver si el guión se encamina a una mera historia de iniciación rockera edulcorada (si lo acaba firmando Crowe) o si estamos ante una reflexión sobre el paso del tiempo y los lazos familiares (si cae del lado de Linklater). Mientras tanto, Brian descuelga el teléfono en mitad de algún punto remoto del planeta.

¿Recuerdas cuándo escribiste tu primera canción?

Yo tenía siete años y la canción se llamaba Girl. Decía algo así como “Girl, I’m really loving you“. Ya sabes, las típicas cosas que haces a esa edad, con frases del tipo “I don’t care what they say, I’m still loving you anyway“. Pero a mí me gustaba. De hecho, la volví a grabar cuando era algo más mayor y creo que la original era mejor.

¿Cuándo empezaste a componer canciones con tu hermano?

Normalmente siempre tocábamos juntos, él en la batería y yo a la guitarra. Como yo soy un par de años mayor que él, empecé antes a componer canciones, e iba un poco del rollo: “Ah, no, no necesito a nadie más”. Luego él empezó a hacer cosas por su cuenta, sin que yo le hiciese mucho caso, hasta que un día escuché algo que había grabado y pensé: “Uh, igual me convendría trabajar con él” (risas).

Cristian Robles

¿Os gustaban las mismas cosas desde el principio, o acababais discutiendo sobre qué hacer y cómo hacerlo?

No compartíamos muchos gustos. Lo que a uno le flipaba el otro no lo entendía lo más mínimo. Normalmente yo me interesaba por algo y, cuando ya estaba a otra cosa, era él el que empezaba a escucharlo. O al revés, pero nunca los dos al mismo tiempo. Al principio sí solíamos discutir mucho, y éramos un poco agresivos el uno con el otro, pero la cosa mejoró a medida que íbamos ganando confianza. Dejamos de ser tan posesivos con las ideas de cada uno y empezamos a pensar en qué idea era la mejor, independientemente de quién fuera. Ahora casi no discutimos. Y nunca nos pegamos en la cara, es nuestra regla (risas).

Escuchando vuestra música, llama mucho la atención que la mayoría de vuestras referencias sean del pasado. ¿Alguna vez os sentíais como los chicos raros de vuestra clase?

Es la música con la que hemos crecido. Otros chicos han crecido con el rap o los éxitos del top 40, pero nosotros no hemos escuchado esas cosas hasta hace muy poco. La música siempre fue algo muy importante para mis padres, se pasaban el día tocando y eso es lo que nos influenció en un principio. Hasta hace unos cinco años o así no empezamos a escuchar música más actual, pero tampoco es que hayamos estado aislados en nuestro propio mundo, sí que sabíamos lo que estaba pasando. Ahora mismo, la música de ahora que escuchamos no suele ser rock, sino cosas como Chance The Rapper, Kanye West o Kendrick Lamar. También Foxygen o Ariel Pink.

“Ya casi no discutimos. Y nunca nos pegamos en la cara: es nuestra regla”

¿Tenéis en cuenta la opinión de vuestros padres? ¿Qué les parece lo que hacéis?

Cada canción que hacemos se la ponemos a la mayoría de gente que conocemos, entre ellos nuestros padres, e intentamos saber su opinión, si les gusta o no. A ellos les suele gustar lo que hacemos, nos apoyan mucho, pero también son sinceros cuando algo no les convence. No van a decir solo que sí porque seamos sus niños.

Vuestro padre tuvo malas experiencias con la industria musical. ¿Tenía miedo de que os pasase algo similar?

Sí que estaba un poco preocupado por si tendríamos oportunidades en nuestra carrera. Cuando él tenía 20 años intentó labrarse un camino en la música, fue a editoriales y fue rechazado muchas veces a pesar de que su música era muy buena. Así que él era consciente de que la calidad de la música a veces no es suficiente, sino que también interviene la suerte y la clase de contactos que puedas hacer. Nosotros hemos tenido mucha suerte y hemos podido hacer esos contactos sin casi buscarlos, a través de gente que venía a nuestros conciertos y que conocía a otra gente. 

Como Jonathan Rado, de Foxygen.

Sí, exacto. Le contactamos con un propósito específico, porque estábamos obsesionados con Foxygen y la manera en la que produce. Queríamos trabajar con él, así que nos pusimos supercontentos cuando dijo que sí. Además, fue la primera persona dentro de la industria de la música que supo algo de nosotros. 

Por cierto, ¿dónde vivís cuando no estáis de gira?

Seguimos en Long Island con nuestros padres, en la misma casa en la que hemos vivido desde que yo tenía 5 años.

Y ahora que estáis teniendo éxito, ¿no os planteáis mudaros?

Michael sí que está pensando en mudarse, pero yo prefiero no tener que preocuparme todavía de pagar un alquiler y poder seguir comprando equipo. Además, tenemos un espacio para ensayar muy agradable, hemos instalado un pequeño estudio y me gustaría poder grabar al menos un par de discos más allí.

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Fuente: El país

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