¿Se puede asar un pollo con una lata de cerveza en su interior sin que todo explote por los aires o es otra leyenda urbana? ¿Merece la pena intentarlo? Todos los que alternamos la cocina con la barra del bar nos hemos planteado alguna vez esta cuestión. Así que ha llegado el momento de aclararlo. A la primera cuestión, hay que responder que sí, es posible. Y, además, contestando a la segunda, añadiré que, efectivamente, está rico y jugoso. También conviene aclarar que el asunto no es tan sencillo como parece, al menos para un cocinillas aficionado como quien esto escribe. Como se verá, durante el proceso pueden aparecer algunas dificultades imprevistas, por lo que, lector, si estás dispuesto a intentarlo en casa, te conviene seguir leyendo.

Aquí va mi testimonio sobre esta guerra desigual entre el hombre y el pollo. Primero, con ayuda de un pincel, pinté el ave con una mezcla a base de aceite, pimentón, hierbas y especias variadas (improvisando y dejándome guiar por mi estado de ánimo, que en ese momento oscilaba entre la ilusión y la expectación máxima). Después de salpimentar, me enfrenté al primer dilema: si le meto al pollo una lata… ¿le meto también un limón? No cabe. Asunto resuelto y a otra cosa.

Empalo al bicho con la cerveza (abierta, para que al hervir entre en erupción) y lo pongo en posición vertical en una fuente del horno. Hay tensión porque el animal se mantiene en un complicado equilibrio mientras viaja hacia el interior del horno (precalentado unos diez minutos y con el grill a tope), pero finalmente consigo que al llegar a su destino se mantenga digno y orgulloso, con sus alitas en jarras (nunca mejor dicho).

Al tener el ave en posición vertical, su parte superior se hace mucho más rápido. Getty Images

A los 15 minutos, la cerveza ya se derrama generosa por el interior del pollo, que empieza a estar chamuscado por arriba (bien) pero apenas se ha hecho por abajo (mal, muy mal). Y aquí está el lío, porque no se le puede dar la vuelta. Con lata o sin lata, es completamente imposible ponerlo a hacer el pino dentro del horno. La solución es asumir que la birra ya ha cumplido su función y sacar la lata, para que el pollo descanse alternativamente decúbito prono y decúbito supino hasta conseguir que esté asado por todas partes igual.

Claro que desencajar un cilindro de aluminio al rojo vivo es complicado si no se dispone de las herramientas adecuadas. Con el pollo tumbado y la cerveza desparramándose alegremente por la fuente, procedo a extirpar la lata con ayuda de unas pinzas y un tenedor. El animal ya puede descansar en paz mientras el horno hace el resto. Y yo también. Con tanta cerveza liberada, por cierto, quedan jugosas hasta las patatas. Una receta solo para valientes.

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Fuente: El Pais

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