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Ester y la transparencia | Tecnología


El pasado domingo, 19 de noviembre, conocimos, a través de un comunicado del Consejo de la Transparencia y el Buen Gobierno, la triste noticia de que su Presidenta, Ester Arizmendi, había fallecido tras una larga lucha contra el cáncer.

Desde entonces se han sucedido, en los medios de comunicación y en las redes sociales, numerosos mensajes de sentidas condolencias, recordando tanto su valía profesional como su calidad humana.

Son pocas las personas que suscitan el reconocimiento unánime, como buenos profesionales y como buenas personas (pues no se puede ser buen profesional sin ser buena persona). Y Ester era una de ellas.

Una servidora pública vocacional

Técnico Superior de Administración Civil del Estado, ocupó diferentes puestos hasta ser nombrada en 2012 directora general de Modernización Administrativa, Procedimientos e Impulso de la Administración electrónica. Dirección de nueva creación, que fue resultado de la fusión de dos Direcciones Generales, en la que además se aunaba lo jurídico con lo tecnológico. Pero ella pudo con todo.

Tuve el honor de trabajar mano a mano con Ester, en proyectos de impulso de la administración electrónica, ella desde Hacienda y Administraciones Públicas (como Ministerio competente) y yo desde red.es (como medio propio de la AGE), y en las presentaciones conjuntas siempre le decía, en broma, que éramos como el típico matrimonio español… en el que mandaba ella.

Era muy fácil dejarse arrastrar por la pasión y el cariño que ponía Ester en todo lo que hacía. Desplegaba su gran experiencia profesional y su encanto personal tanto hacia fuera como hacia su equipo, al que trataba más como una madre que como una Jefa. Y, por eso, siempre ha tenido a su alrededor y dejado por donde ha pasado personas de una lealtad que va más allá de lo profesional.

La Transparencia

En 2014 fue nombrada primera Presidenta del Consejo de Transparencia y Buen Gobierno y pronto demostró no sólo ser una experta convencida y una luchadora incansable de estos temas, sino que el puesto le venía como anillo al dedo.

Ester era la transparencia. No ocultaba nada ‘tras las apariencias’. Se mostraba tal como era: natural, espontánea, sin doblez. La transparencia es algo más que una Ley, es una actitud personal ante la vida, ante los demás y ante uno mismo.

Es autenticidad, honestidad y coherencia. Es integridad, ser de una sola pieza. Vivir como uno piensa, para no acabar pensando como uno vive. Así era Ester. Deja un hueco muy grande, pero un ejemplo aún mayor.




Fuente: El país

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