Estamos en emergencia. En emergencia climática. No nos podemos distraer. Hay que actuar ya. Estamos en emergencia climática y tenemos que dejar de hablar, escribir protocolos y hacer manifestaciones de buenas intenciones. Todos debemos movernos, hacer cosas, tomar decisiones de inmediato. El Gobierno de Cataluña se puso manos a la obra hace tiempo: tenemos una hoja de ruta en la lucha global sobre el cambio climático. Pero aún hace falta más.

Por esta razón este martes hemos aprobado un Acuerdo de Gobierno donde declaramos la emergencia climática. Nos sumamos así, una vez más, al clamor planetario que, empujado por movimientos como Fridays for future, nos interpelan. Estamos en emergencia, estamos preocupados por nuestra economía. También por la pérdida de biodiversidad y los impactos sobre la salud, pero al mismo tiempo nos inquieta mucho la evolución de la economía productiva.

Nos preocupan los impactos negativos en el funcionamiento y mantenimiento de infraestructuras así como las previsibles alteraciones en entornos donde ahora se desarrollan actividades como el turismo, la producción agropecuaria o la industria que demanda mucha agua y energía.

La constatación de esta emergencia nos obliga a reaccionar rápidamente pero, sobre todo, a hacerlo de forma profunda, tomando decisiones de calado. Y por este motivo es necesario tener recursos económicos que nos permitan afrontar estas medidas. Por ejemplo, si nuestro reto es llegar a los 1.500 millones de viajes al año en transporte público a la gran región metropolitana que comprende la Autoridad del Transporte Metropolitano (ATM) de Barcelona -ahora hay 1.000 millones-, es imprescindible aumentar la red en infraestructuras y servicios: hacer más líneas, tener más frecuencias, mayor capacidad. La única forma de conseguirlo es destinando más dinero.

Pues igual que con el transporte público, la manera de hacer frente a la emergencia climática es destinandole más fondos y siendo más radicales. Hay que hacer más. Hicimos la Ley contra el cambio climático en agosto de 2017, pionera, con consenso, pero es fundamental que todos nos comprometamos: gobiernos de todas las escalas de decisión, sociedad civil y tejido económico. Sólo así saldremos adelante.

Podrían decirnos que la declaración de emergencia climática es un nuevo compromiso lleno de buenas palabras, pero les aseguramos que es mucho más. Como Gobierno, hemos concretado compromisos que efectivamente necesitan la complicidad de todos, que son ambiciosos y marcan el camino a seguir.

Es imprescindible eliminar los obstáculos administrativos que dificultan la consecución de los objetivos en mitigación del cambio climático y transición energética. Y debemos también incrementar los incentivos públicos que nos permitan ir hacia el 100% de energías renovables.

Aprovecharemos la redacción de la Agenda Urbana de Cataluña para introducir criterios de resiliencia climática a los modelos urbanos: las ciudades se deben renovar tanto para mitigar sus emisiones como, sobre todo, para dar respuesta a los impactos climáticos que en ellas se producirán y que ya padecemos de forma incipiente.

Somos ambiciosos. Estamos determinados a ir por este camino, la magnitud del problema es tal que necesitamos la colaboración de todos. La sociedad hace bien en exigir a los gobernantes, pero debe ser consciente de que deberá aceptar medidas inicialmente incómodas pero necesarias para afrontar el problema. Revisaremos la legislación catalana para favorecer políticas públicas más limpias y acompañaremos los sectores económicos afectados por este cambio, para que puedan adaptarse al nuevo escenario.

Lo haremos juntos. Lo haremos juntos porque nos lo jugamos todo. Estamos convencidos de que contaremos con la ciudadanía, con el tejido productivo, con todas las administraciones: llegamos tarde y estamos en emergencia climática.




Fuente: LA Vanguardia

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