El plazo de ocho días que el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, otorgó a Nicolás Maduro expiró la pasada medianoche. Por tanto, ante la negativa y hasta las ironías con las que ha replicado el líder chavista, España reconocerá hoy a Juan Guaidó como presidente de Venezuela. Y lo hará “de manera expresa y clara”, informaron anoche fuentes de la Moncloa, según lo subrayado tanto por el ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, como por el secretario general de Exteriores de la presidencia del Gobierno, José Manuel Albares.

En la Moncloa subrayan que las palabras de Sánchez no dejaban lugar a equívocos. “Quiero manifestar con absoluta claridad y rotundidad que si en el plazo de ocho días, en el plazo de ocho días, no hay una convocatoria de elecciones justas, libres y transparentes en Venezuela, España reconocerá a Juan Guaidó como presidente de Venezuela”, anunció el presidente español en una comparecencia solemne en la Moncloa el pasado 26 de enero. “Y si no ocurre, reitero, si no ocurre esto –insistió, en referencia a unas elecciones con todas las garantías democráticas–, España reconocerá a Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela para convocar dichas elecciones”.





Sánchez también utiliza su posición ante Venezuela en la pugna interna, frente a Pablo Casado y Albert Rivera. El pasado sábado, en un acto en Zaragoza junto al vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, argumentó: “Macron, Merkel y yo pertenecemos a tres familias políticas euro­peas distintas: la democracia cristiana, el liberalismo y la socialdemocracia, y nos hemos puesto de acuerdo en una posición sobre Venezuela”. “¿Por qué lo que es posible en Europa no es posible en España? La política exterior, la política respecto a Venezuela, es una cuestión de Estado, por eso yo a la oposición no les pido que apoyen al Gobierno, ya sé que es imposible hablando de Casado y Rivera, pero les exijo que sean leales con el Estado”, reclamó.


Trump reitera que la intervención militar de Estados Unidos “es una opción”

Los cientos de miles de manifestantes que el sábado reivindicaron un cambio de régimen en Venezuela rechazaban rotundamente mantener un diálogo con el Gobierno de Maduro. “Con esta narcodictadura no hay diálogo que valga. Lo que tienen que ir es para fuera y presos. Ellos deben pagar por todos los crímenes que han hecho”, reclamaba Adriana Crespo, de 29 años. Es la posición de Guaidó. La apoya Washington, cuyas amenazas contra Maduro han incluido mandarlo a la cárcel ilegal de Guantánamo. El mismo Trump dijo ayer en una entrevista con el canal CBS que había decidido no reunirse con Maduro y repitió la amenaza de que una intervención militar de EE.UU. “es una opción”. El presidente estadounidense calificó las protestas de la oposición de “impactantes”.





De acuerdo con la estrategia diseñada con la activa colaboración de Washington, Guaidó no asistirá a la reunión del llamado grupo de contacto sobre Venezuela que México y Uruguay –ahora con el apoyo de la UE– han convocado en Montevideo para el próximo jueves. Asistirán los representantes de la UE y de ocho de sus estados miembros (España, Francia, Alemania, Italia, Holanda, Portugal, Suecia y el Reino Unido) junto con Bolivia, Costa Rica, Ecuador y Uruguay. Maduro ha dado la bienvenida a esa iniciativa.

Guaidó rechaza cualquier propuesta de entendimiento: “Se trata de un falso diálogo para hacerle ganar tiempo a la dictadura”, dijo la semana pasada. Sin embargo, sí mostró un respaldo condicionado al grupo de contacto siempre que se limite a “acompañar” el proceso y no mediar.

Aunque México habló de mediar entre Maduro y la oposición, Federica Mogherini, jefa de la diplomacia europea, usó el termino “acompañar”, mucho más aceptable para Guaidó. “Lo que yo celebro es que ya no se habla de un grupo de contacto para una mediación”, dijo Guaidó, cuyas declaraciones siempre están calcadas de la postura de Washington.


“La situación es tan grave que no podemos esperar a las elecciones”, afirma Guaidó

La propuesta para un nuevo calendario electoral anunciado por la UE tampoco parece ser aceptable para Guaidó. De cara a la reunión en Montevideo, Mogherini planteó crear un plazo de 90 días para convocar elecciones, sin especificar exactamente quién sería responsable de convocarlas o cómo. Guaidó no aceptó este plazo tampoco. A pesar de las pancartas en las manifestaciones exigiendo “elecciones libres ya”, el plan de la oposición –y de Washington– es seguir adelante con un programa alternativo de gobierno y dejar las elecciones para dentro de un tiempo.





“La situación es tan grave que no podemos esperar a las elecciones”, dijo Guaidó el jueves al anunciar su plan de recuperación económica, que incluye cuestiones polémicas como privatizaciones y la apertura financiera de la economía vene­zolana.

Maduro, por su parte, rechaza convocar nuevas elecciones presidenciales, tras las de mayo del año pasado que fueron boicoteadas por parte de la oposición y en las que Maduro se impuso de forma contundente. La iniciativa de Montevideo parece nacer muerta.

El obstáculo más grande para cualquier diálogo puede ser Washington. Su estrategia de tratar a Maduro como un dictador que sólo busca su propio enriquecimiento es una lectura errónea de un Gobierno con fuertes convicciones ideológicas, por impopular que sea. “Si Guaidó no tuviera el apoyo de EE.UU., creo que negociaría”, dijo un manifestante chavista en la marcha rival el sábado. El Gobierno español ha reconocido que la creación del grupo de contacto ha levantado ampollas en Washington. “Tenemos mucha presión, no les voy a decir de quién, pero se lo pueden imaginar, para que votemos en contra de la creación de este grupo”, dijo José Borrell , el ministro de Asuntos Exteriores español, en declaraciones a El País.

Hay un precedente. Líderes de Voluntad Popular y otros partidos se retiraron de las negociaciones en Santo Domingo en el 2017 que habían sido convocadas por Unasur para intentar lograr una resolución pactada de la crisis y sentar las bases para elecciones presidenciales en el 2018. No está claro por qué la oposición decidió tirar la toalla tras semanas de tensas negociaciones. Pero algunos de los mediadores, entre ellos el expresidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, han dejado entrever que la Administración Trump dio ordenes para que salieran ya que ya se había optado por una estrategia de cambio de régimen sin comicios.








Fuente: LA Vanguardia

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