Con el viento a favor y el respaldo de su victoria electoral, Pedro Sánchez quiere aprovechar el momento para conseguir que España gane peso en la Unión Europea. Las circunstancias son favorables. Con la marcha de uno de los grandes, como es el Reino Unido, y dos más, Italia y Polonia, que tienen unos gobiernos alejados del mainstream dominante, España tiene opciones de ganar un protagonismo del que ha carecido en los últimos años.

Pedro Sánchez lo apuntó ayer en la cumbre de Sibiu, en Rumania, que, por cierto, tuvo que abandonar precipitadamente a causa del deteriorado estado de salud de Alfredo Pérez Rubalcaba. “Yo creo que, sin duda, España tiene que jugar, debe jugar y estoy convencido de que va a jugar,un papel determinante como representación en la nueva Comisión Europea”, dijo Sánchez. En concreto, para el reparto de cargos a nombrar, el presidente del gobierno español juega dos cartas, la de Franz Timmermans, aspirando a presidir la CE, y la de Josep Borrell, para conseguir una vicepre­sidencia del ejecutivo comunitario y una responsabilidad de peso. Mucho dependerá de los resultados de las elecciones del 26 de mayo, en las que, a nivel europeo, los sondeos dan la victoria a los populares, aunque con los socialistas recortando distancias. Entre los socialistas, España puede convertirse en el primer o segundo país con más escaños, lo que acrecentaría su fuerza en la negociación y con ello, las opciones de Borrell de conseguir un puesto de mayor peso en la CE. Pero no son sólo los votos, también la conducta del ejecutivo español ha cambiado, con una actitud mucho más activa. En los últimos años, ha permanecido siempre en segundo plano, discreta. En los próximos, tendrá, si quiere, un papel más protagonista, y parece claro que es lo que busca el gobierno español.






“España va a jugar un papel determinante en la nueva Comisión Europea”, dijo Pedro Sánchez

Se vio en la cumbre de ayer, cuando planteó sus tres grandes prioridades, que quedaron reflejadas en un documento propio, y en otro compartido con otros 7 países. Se trata del crecimiento económico, el apoyo al empleo y la lucha contra el cambio climático. Estos objetivos se detallan en un documento aportado por el Gobierno español en el que se desgranan las posiciones que Madrid ha defendido en los últimos meses, que incluyen un seguro de desempleo a nivel europeo, la tasa digital y la supresión del derecho de veto en temas fiscales. No falta tampoco la reivindicación de un presupuesto de la zona euro que sigue bloqueada en la eurozona.

Por otro lado, en un segundo documento, firmado por España, Francia, Bélgica, Dinamarca, Holanda, Portugal, Suecia y Luxemburgo, se reclama una estrategia para conseguir reducir a cero la emisión neta de gases invernadero en 2050 como muy tarde.

La cumbre de Sibiu dio también el pistoletazo de salida a la carrera para renovar los principales cargos de la Unión Europea. Un paquete de puestos de primera línea, como son los presidentes de la Comisión Europea, el Consejo, y el Parlamento, además del BCE y el Alto Representante, que se empezarán a debatir en una cumbre extraordinaria el 28 de mayo, es decir, justo dos días después de las elecciones europeas. El actual presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk no quiere que el proceso se eternice. “Sería lo mejor si conseguimos alcanzar un consenso en todas estas decisiones, pero tenemos que ser realistas. No me contendré a la hora de convocar un voto para estas decisiones si llegar a un consenso resulta ser complicado. Necesitamos instituciones efectivas, y por tanto, tomar decisiones”, avisó Tusk. En definitiva, que el presidente del Consejo Europeo forzará la máquina para intentar conseguir acordar el paquete de nombramientos en la cumbre de junio.






Tusk convoca una cumbre extraordinaria el 28 de mayo para el reparto de los cargos en la UE

Nombramientos al margen, uno de los objetivos de esta cumbre era también buscar un nuevo relato ­para la Unión Europea, que le permita contrarrestar con garantías el auge populista. Lo intentaron en una cumbre cargada de simbolismo. Simbólica por la fecha, el 9 de mayo, el día de Europa; por el lugar Sibiu, en una Rumanía que hace 30 años estaba bajo el telón de acero y que sólo hace una década que entró en la Unión Europea; y por el número de participantes, 27 con el Reino Unido ya excluido del diseño del futuro. El resultado fue más de buenas intenciones que de resultados palpables, con una declaración de Sibiu que recoge principios generales. Buenos propósitos que tendrán una traducción más compleja cuando haya que integrarlos en la agencia estratégica para los próximos 5 años, hasta el 2024, que ayer sólo se esbozó y que se aprobará en junio.

Nadie quería un enfrentamiento con las elecciones a la vista. Unos comicios que el presidente francés, Emmanuel Macron, presentó como una alternativa entre los partidarios de seguir construyendo Europa y los que quieren destruirla desde dentro.








Fuente: LA Vanguardia

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