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España ha ganado 15 años de vida desde la década de los setenta


Hoy por hoy se venden en el mundo más pañales para adultos que para niños. Bastaría este dato para describir el fenómeno del envejecimiento de la población, una tendencia tangible en las sociedades occidentales, y en particular en España. En los últimos 40 años en el país se han ganado 15 años más en esperanza de vida. Un tiempo extra para gastar y también –por qué no– para trabajar.

En un libro de reciente publicación, La revolución de las canas ( Gestión 2000, 2018) el presidente de Mapfre, Antonio Huertas, y el director de la escuela de negocios Deusto Business School, Iñaki Ortega, plantean soluciones para abordar un cambio sociológico, económico y cultural. Es lo que llaman ageingnomics. La solución pasa por trabajar y ahorrar más.





Para que se tenga una idea, la mitad de las niñas que nazcan en 2018 vivirán más de 100 años. Antes la vida estaba diseñada en tres etapas (niñez, edad adulta y vejez). Pero ahora se le ha añadido un bonus extra de quince años suspendido entre la madurez y la vejez. “En el futuro se llegará a edades avanzadas en la plenitud de condiciones físicas y mentales. Siempre que tengas un propósito vital, un vínculo emocional con la comunidad y sigas una aumentación saludable”, aseguran. En esta zona canosa hay un colectivo con alto poder adquisitivo, porque los mayores de 50 años son responsables del 40% del consumo. Varios sectores se frotan las manos: turismo, ocio, salud, finanzas.


El presidente de Mapfre y el director de Deusto Business School piden un cambio regulatorio

Pero además estos viejennals son unos profesionales que aún pueden aportar mucho. “La edad biológica ya no coincide con la cronológica. Si la esperanza de vida llega a los 85, entonces se podrá trabajar hasta los 70 sin problemas”, afirman los autores. Esto supone introducir, en su opinión, modificaciones legales que eviten, por ejemplo, que se castigue fiscalmente a las personas por seguir trabajando. “Si alguien retrasa voluntariamente su edad de jubilación, no sólo está ayudándose a sí mismo, sino a la sostenibilidad del sistema, por lo que parece un contrasentido que le hagamos pagar más impuestos por ello”. Por estas razones, Huertas y Ortega creen que habría que limitar las jubilaciones anticipadas. Porque en la actualidad, sólo el 44% de la población activa española entre 60 y 64 años trabaja, frente al 72% de Suecia.





De todas maneras, la tesis del libro es que en este contexto habría que concebir el trabajo de manera diferente: a partir de una cierta edad será más tiempo parcial, más vinculado a actividades sociales (como asesor o consejero), o incluso empresariales. “Los maduros tienen resiliencia, capacidad relacional, experiencia”, defienden Huertas y Ortega. Por ejemplo, en EE.UU. las personas de entre 55 y 65 años están ahora un 65% más dispuestas a iniciar compañías que los de 20-34. En este sentido, la formación es esencial. “En el futuro no habrá seguridad ni siquiera con un contrato. La seguridad te la dará el conocimiento y la capacidad que tengas para ponerlo en valor”, aseguran.

Y ojo: los más jóvenes también tendrán deberes. Habrán de ahorrar cuanto antes para la jubilación, a lo mejor con la ayuda de mecanismos para dedicar parte de sus ingresos al día de mañana. Aunque el futuro se esté estirando como un chicle.








Fuente: LA Vanguardia

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