España se deshizo y se rehízo en el curso de una semana. Forzado por una situación desesperada, el seleccionador, Luis de la Fuente, quitó a los jugadores que representaban las viejas ideas y puso sobre el campo a los que se identifican con el estilo acuñado en 2008. Por esa vía, la del 4-3-3, la construcción desde el primer pase, el toque rápido, los volantes ligeros y el punta que de apoyo y desmarque, la selección sub-21 dio un recital ante Polonia. Necesitaba golear por más de dos tantos de diferencia y al descanso sumaba 22 remates y tres goles por dos remates polacos. Una avalancha. El 5-0 final clasifica al equipo para las semifinales del Europeo, el jueves próximo, sitúa a España entre las mejores cuatro selecciones del continente y le proporciona el billete olímpico tras quedar fuera de Río 2016. En Bolonia, La Roja se apuntó a los Juegos de Tokio.

La derrota ante Italia (3-1) en la jornada inaugural exhibió las convicciones de un entrenador que no tardaría en replanteárselas. De la Fuente comenzó por instaurar un doble pivote con Merino y Zubeldia y eligió a Mayoral para que se desempeñe como nueve clásico, y ante la evidencia del mal juego acabó por darle la manija del equipo a Marc Roca y a Fornals, y en punta se inclinó por Oyarzabal en el papel de ‘falso nueve’. Los cambios surtieron el efecto predecible. España abandonó el estado de confusión para comenzar a volar.

La cadena de administración y suministros que formaron Roca, Fabián, Ceballos y Fornals, casi siempre actores del orden sucesivo de los pases, elevó el juego de España hasta lo sublime. El fútbol mejora cuando los jugadores empatizan y entre estos futbolistas la sintonía resulta inmediata. Bajo el peso de las inagotables asociaciones los polacos, hasta ahora primeros del grupo, se inhibieron hasta dar la impresión general de que actuaban como un puñado de alevines. Desnortados por las contuas basculaciones inútiles, comenzaron a recibir disparos y a perder las marcas y la fe.

Fornals apareció desde atrás para abrir el marcador anticipándose a los centrales en el área chica; Oyarzabal hizo un ejercicio de desmarque perfecto para anotar el segundo; Fabián, que tiene un cañón, metió el tercero desde fuera del área después de mandar dos tiros a los palos; y ya en la segunda parte Ceballos hizo el cuarto de falta y Mayoral puso la puntilla.

España no solo se clasificó para los Juegos del 2020. Lo hizo demostrándose a sí misma su verdadero valor y revelando por el camino la naturaleza de los jugadores que la hacen grande pese a los formalismos establecidos en los viejos manuales. En el estadio Renato Dal’Ara de Bolonia el fútbol se pareció a la magia.

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Fuente: El Pais

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