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«Escribir te saca los infiernos de dentro»


Ana Fernández-Villaverde no para de crecer. La bilbaína, arropada por David Rodríguez, su pareja sentimental y artística, ha conseguido subir un peldaño más de popularidad y de logros creativos con cada nuevo disco publicado; algo que la sitúa entre las mejores escritoras de canciones de la actualidad en tierras españolas. Y es que esta Cecilia en clave indie y más envenenada que la autora de «Un ramito de violetas», vuelve a demostrar sus galones de mando en «Fuego», su trabajo más abierto de miras y juguetón. En él se rodea de buenos amigos y habla de las cosas del querer a ritmo de rumba, cumbia, pop con pedigrí y «kraut rock». La Bien Querida se planta en el Ochoymedio para presentarlo en directo. Y lo hará con una formación que recupera su faceta más orgánica.

–Sorprende la cantidad de colaboraciones que parece el de un disco de pop mainstream adaptado a la escena independiente. ¿Cómo surgió esa alineación?

–No fueron elegidos de una manera premeditada, y eso que todos son amigos míos. Lo del dueto con Jota de Los Planetas en «Recompensarte» lo tenía clarísimo. En el primer disco ya tenía una canción pensada para él, pero al final escogí a Joe Crepúsculo. Me dio miedo que la gente me tomara por una aprovechada al contar en mi debut con él; en esa época era muy buen amigo mío pero yo no era muy conocida. Lo de Joan Miquel Oliver fue porque David y yo pensamos que faltaba algo, un toque como trap. La verdad es que se lo propusimos a C. Tangana y nos comentó que no se veía en la canción. Y ahí salió el nombre de Oliver. La Bien Querida no es un grupo, no voy a ensayar al estudio con una banda para encontrar un sonido; yo hago canciones y David me hace los arreglos. De ahí que siempre tenga tantas colaboraciones. Por ejemplo, ahora tengo a Laura Antolín de Doble Pletina al bajo y a Alejandro Martínez de Klaus & Kinski a las guitarras.

–En cada disco se nota una evolución. ¿Hasta qué punto es importante para usted no repetirse?

–Cuando tienes cinco discos es dificilísimo. Me cuesta mucho hacer canciones que me gusten. A David también le cuesta encontrar arreglos nuevos. Y como no somos un grupo con miembros estables y un sonido claro, la cosa se vuelve más exigente si pretendes reinventarte. El disco anterior era más conceptual, a los críticos les encantó. Pero yo no quería repetir, eso me aburre. Yo me quiero gustar y lo consigo probando cosas nuevas.

–Una novedad es el tono positivo. No incluye las canciones de despecho o los ajustes de cuentas amorosos de sus anteriores trabajos. ¿Esa luz es premeditada?

–«Fuego» es un álbum reconciliador. Desde un principio quería ir por ahí. Hace dos años se murió mi padre y uno de mis mejores amigos. Y me dio un poco de yuyu porque justo habían escuchado «Ojalá estuvieras muerto», uno de los temas más duros del disco anterior. Lógicamente esos hechos no estaban conectados, pero empecé pensar en hacer un disco optimista. Es más, todas las ideas destructivas que me venían a la cabeza, que son muchas (sonríe), las aparté.

–¿Qué es más fácil, escribir desde lo bueno o desde lo malo?

–Escribir es una especie de terapia; te saca los infiernos que tienes dentro. De ahí que a veces sea más fácil desde lo malo. Ahora bien, aunque las canciones nuevas son positivas, siguen teniendo un hilo melancólico del que no me puedo desprender.

–El amor es el tema de casi todas sus canciones pero ahora ahonda en su lado correspondido y pasional. Aparece la idea de la predestinación. ¿Es así como concibe el enamoramiento?

–Cuando conoces a una persona que te encanta, enseguida piensas: «tendría que estar predestinada, esta es para mí». Todos hemos sentido eso alguna vez, nos hemos enamorado muy fuerte y hemos sentido que era como una cosa de magia. El amor te cambia la forma de ver las cosas, y como todos lo hemos vivido, es fácil reconocerte. Yo escribo desde la pasión absoluta.




Fuente: La razon

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