– En la actualidad, ¿cuál es la situación de la esclerosis múltiple en España hoy?

-A día de hoy la esclerosis múltiple continúa siendo la enfermedad desmielinizante más frecuente del sistema nervioso central y la primera causa no traumática de discapacidad neurológica en adultos jóvenes. Se trata de una enfermedad neurológica crónica, autoinmune y potencialmente discapacitante que afecta principalmente a adultos jóvenes entre 20 y 40 años con una mayor prevalencia en el sexo femenino. En España hay unas 47.000 personas afectadas y cada año se diagnostican 1.800 casos nuevos. Lo que conocemos hoy, es que cuanto antes tratemos a estos pacientes una vez que estén diagnosticados, evitaremos o retrasaremos nuevos brotes y un posible acumulo de la discapacidad. El tiempo supone un factor importante en nuestras consultas, estamos salvando tejido cerebral y frenando la enfermedad, al actuar rápido y con la fuerza suficiente.

-¿Cómo ha cambiado la situación de algunos pacientes el acceso a los nuevos fármacos? ¿Qué papel juega España en la aprobación de estos tratamientos?

-En la actualidad contamos con 12 fármacos eficaces para el tratamiento de EM, y es tarea del neurólogo especialista junto al paciente, tras valorar perfiles de beneficio-riesgo, decidir de forma compartida cuál es el fármaco más adecuado para el paciente según el nivel de agresividad de la enfermedad. Aunque los tratamientos modificadores del curso de la enfermedad no conllevan una curación de la misma, sí han demostrado ser efectivos en disminuir el número de brotes y prevenir la aparición de nuevas lesiones en la resonancia magnética cerebral, así como capacidad para disminuir el acúmulo de discapacidad y probablemente la progresión de la enfermedad. Además, con el gran abanico de fármacos del que disponemos ahora, el objetivo con ellos no es sólo detener la actividad de la dolencia, sino que también buscamos que los pacientes tengan una buena calidad de vida, y que el fármaco influya cada vez menos en su trabajo y en su vida familiar y social, por lo que la forma de administración y la tolerabilidad al fármaco deben ser óptimas. Durante los últimos años hemos sido testigos de un amplio desarrollo de moléculas cada vez más efectivas que disminuyen de forma importante los brotes en comparación con los clásicos. Habitualmente, a mayor efectividad del tratamiento existe un mayor riesgo de efectos secundarios y una mayor necesidad de seguimiento y monitorización para minimizarlos o detectarlos precozmente. Dicha necesidad de monitorización puede afectar a la adherencia al tratamiento y por tanto aumentar los riesgos, de ahí la necesidad de proporcionar una información completa a los pacientes.

-¿Se puede acuñar el término de crónico o de enfermedad «dormida» en los pacientes que viven sin síntomas?

-Los neurólogos medimos si la enfermedad está estable o no, evaluando la actividad de la enfermedad (brotes, nuevas lesiones cerebrales y/o medulares) y explorando al afectado en consulta y viendo si la discapacidad ha empeorado. Hay pacientes sin actividad ni progresión, pero que presentan síntomas muy discapacitantes como el dolor, rigidez, o la fatiga y que fluctúan a lo largo del año e incluso en el mismo día. Además, la esclerosis múltiple constituyen una enfermedad dual, ya que tiene una parte inflamatoria que causa los brotes o las nuevas lesiones cerebrales, pero tiene otra parte neurodegenerativa que causa discapacidad y síntomas como el deterioro cognitivo que pueden estar desde el inicio de la patología. Es esta última parte la que menos tenemos cubierta con los fármacos y por ello es hacia donde debería dirigirse con más fuerza la investigación.




Fuente: La Razón

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