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“Es una gilipollez eso de que hay un ‘lobby’ gay” | Cultura


Roberta Marrero. FOTO: INMA FLORES

Icono transexual

Roberta Marrero es artista plástica, escritora e icono transexual. Ha sufrido bullying y un matrimonio, cuanto menos, convulso. Pero sigue viva y en plena forma, como demuestra su último libro, ‘We Can Be Heroes. Una celebración de la cultura LGTBQ+’ (Lunwerg), en el que el texto y las ilustraciones son suyas. Es un repaso a los personajes que la inspiraron, la confundieron, la emocionaron y le hicieron pensar y pensar.

Roberta Marrero llega a hora a la cita en el Café Comercial de Madrid. Para celebrarlo, se tira un vaso de agua encima justo cuando vamos a empezar a sacarle fotos. El reto es lograr que la entrevista dure lo justo como para que se le seque el vestido y se pueda retomar el tema foto, pero no demasiado, no vaya a ser que se le caiga el agua otra vez. La vida está llena de retos. Hablemos de su vida y de su último libro, que, al final, son casi lo mismo.

¿Qué buscaba en usted su editor?

Mi editor quería alguien LGTB que hablara de esta cultura y que tuviera una edad para recordarlos desde la experiencia.

Pero el libro se va un par de milenios atrás.

No soy tan vieja.

La parte bíblica doy por hecho que no es experiencial.

Esa no es en primera persona.

¿Qué década ha gozado más?

¡Esta de ahora! No soy nada nostálgica de mi propio pasado. Para los que venimos de la era preInternet, tener, por ejemplo, Netflix y Filmin por dos duros… Me parece una locura maravillosa.

¿No es escaso esto de Netflix y Filmin cuando pasamos la segunda mitad del siglo XX pensando que en el XXI comeríamos pastillas de colores y los coches volarían?

Este futuro es mejor que ese futuro absurdo que se imaginaba entonces, era una tontería. Al final resultó ser el futuro más interesante de lo que creíamos. No comemos pastillas ni los coches vuelan, pero ha habido un cambio brutal. Este futuro es mucho mejor, pero también mucho más terrorífico.

¿Existe la literatura ‘trans’?

No creo que haya literatura de hombres, de mujeres o incluso LGTB. Lo que pasa es que todo lo que no es masculino y hetero tiene un nombre. Nadie dice: ‘Arturo Pérez-Reverte, el autor de literatura masculina’. Pero se podría decir. Es bastante testosterónico. En cambio, cuando una mujer escribe, lo suyo es literatura femenina. Siempre hay alguien que siente que deben aclarar eso.

Sus motivos para conectar más con la Brontë que con Pérez-Reverte cómo los explica.

Conecto más no porque sea mujer, sino porque soy una mujer rara. Las Brontë y yo somos mujeres raras que hacen cosas que se supone que no debían hacer. Yo, como mujer trans, no debería estar escribiendo libros, sino en otro sitio haciendo otra cosa. Conecto por biografía, pero no por género. Porque si me dices otra mujer, yo qué sé, Ana Rosa Quintana… a ver, ¿qué conexión hay entre ella y yo? No sé, somos españolas, y poco más. A no ser, bueno, que se descubra que no escribo mis libros, claro.

¿Dónde está la frontera entre la confesión y la pornografía sentimental?

Hay un filtro. La autobiografía es una mentira también.

Su libro es una biografía sin venganza, menudo fraude.

No siento sed de venganza, ni de revancha, y mira que me han pasado cosas. Fíjate que ni cuando escribo sobre bullying entiendo eso como una revancha.

¿Existe un ‘lobby’ gay?

Eso es una gilipollez. Es mentira. Eso es como cuando ganó Dana International Eurovisión, aquella cantante trans de Israel. La gente salió gritando: ‘¡¡¡Ha sido el lobby gay!!! En cambio, cuando gana otro tipo de cantante, ¿qué lobby hay detrás? ¿No puede ganar porque tiene simplemente una buena canción? ¿Por qué cada vez que pasa algo bueno para el colectivo debe ser porque hay una especie de mano rosa atrás? Parece que hay un Fantomas gay que maneja los hilos en la oscuridad.

¿Qué hay de bueno y de malo de pasar de vivir en los márgenes a colocarse en el centro del debate y, de paso, del mercado?

La llegada a la cultura masiva abre debates. Jamás habíamos tenido esta visibilidad, no solo el colectivo LGTB, también el feminismo, que va muy de la mano. Es cierto que hay un lado oscuro que puede llevarnos a que el capitalismo nos coma y luego nos escupa, como ha pasado un poco con las camisetas con mensajes feministas en Mango o Zara.

O en un concierto de Beyoncé…

Ahí discrepo. A ver, como mujer millonaria que es, Beyoncé no tiene necesidad de adherirse a esto. Le cierra más puertas que le abre. Zara sí tiene la necesidad de hacer esas camisetas. Es distinto.

¿Son la causa LGTB y el feminismo los movimientos mejor armados hoy para provocar un cambio real?

Puede ser, pero a ver qué provocamos. Debemos pedir derechos ahora todas y todos. Derechos para blancas, negras, musulmanas, ricas, pobres… Y en el caso LGTB, lo mismo. Si queremos ser realmente revolucionarias debemos huir completamente del clasismo.




Fuente: El país

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