Salud

“Es terrible decirle a alguien que vivirá si tiene 14.000 euros”


– ¿Por qué decidió decir públicamente que tenía cáncer?

–Porque iba a ser imposible mantenerlo en secreto y, una vez que la gente más cercana lo supo, tarde o temprano se iba a conocer. Por eso era mucho mejor que saliera de mi en primera persona y que entendieran cómo estoy. Todo se precipitó porque el presidente de la Federación Española de Fútbol me mandó un abrazo en directo en televisión y entonces ya había muchas sospechas. Y, aunque a mi mujer no le apetecía que hablara de ello en público, lo quise hacer para que no haya confusiones y porque pienso que hemos de hablar de cáncer.

–¿Sigue habiendo mucho estigma?

–Sí. Antes de que yo fuera diagnosticado me habría sentido incómodo charlando con un paciente de cáncer. Tenía mucha amistad con Severiano Ballesteros, que murió con un cáncer, y durante un tiempo estuve muy incómodo hablando con él. Por mucho que le quisiera, muchas veces tenía dificultades para ponerme en su lugar. Todo me parecía tremebundo y me sentí muy torpe, precisamente porque no hablamos de ello, y no quiero que nadie se sienta torpe a mi lado. No pienso que la gente me mire con pena, pero la palabra tiene tanto tabú y estigma que muchas veces nos convertimos en un país de torpes, yo lo era y, ya que lo tengo, espero que nadie se sienta así alrededor mío.

–¿Cómo se lo diagnosticaron, cuáles fueron los síntomas de alarma?

–Los míos llegaron desafortunadamente tarde. A finales de agosto, al ponerme de-sodorante noté un bulto en mi axila, muy leve, pero en nueve días acabó como un limón. Crecía casi visiblemente. Me fui al hospital, lo extirparon y a los 10 días recibí la noticia de que tenía un cáncer malo, un melanoma que no tiene cura, me dijeron en ese momento, porque el melanoma no «vive» en la axila sino en la piel y había habido una metástasis ahí. Y no escuché mucho más. Durante dos, tres días estuve en «shock». Luego tuve una segunda opinión y estoy en tratamiento, pero me ha pillado tarde. Está ya en fase IV, aunque Emiliano Calvo, mi oncólogo, dice que no y piensa que puede incluso curarme con inmunoterapia.

–Presume de haber encontrado su sitio en España. ¿Está igualmente conforme con la Sanidad de nuestro país?

–Sí. Pero he tenido un momento en mi vida, justo ahora, cuando esto aparentemente no tiene cura pero sí me puedo medicar (al menos durante un año y, si hay suerte, hasta cinco), en el que el seguro no cubría el coste y el tratamiento era caro, y cuando pregunté cómo de caro me dijeron que 14.000 euros al mes. Entonces, eso quiere decir que si tú no tienes dinero eres prescindible y a mí me parece terrible decir eso a una persona: tú puedes seguir viviendo si tienes 14.000 y, si no, eres prescindible. Eso me parece ofensivo. Tuve la suerte de que luego mi mujer llamó a Cristóbal Belda –el jefe de Oncología de la Paz cuando lo de Severiano e íntimo amigo mío– y en dos horas estaba hablando con Emiliano Calvo, jefe de Oncología en HM Sanchinarro, donde me estoy tratando. A lo mejor yo podría haber contemplado pagar, pero esa disyuntiva te hace pensar.

–¿Hay algún hábito que haya modificado tras el diagnóstico?

–Fumo menos. No lo he dejado pero lo hago menos. El doctor Calvo sabe que soy fumador y le dijo a mi mujer que en este momento no es bueno que lo deje por el estrés, pero que «llegará un momento cuando no querrá fumar». Y es cierto.

–En todas sus apariciones públicas destacan su fortaleza y optimismo. ¿Qué les diría a aquellas personas que no las encuentran?

–Yo era un gran candidato a no estar fuerte. De verdad, porque siempre he pensado que soy medio «calzonazos», sobre todo ante estas noticias. No me gustan las películas tristes ni las malas noticias de nadie, no sé lo que me ha pasado. Yo era candidato a caerme en pedazos y llorar mucho y no saber qué hacer, y es más, durante los diez días esperando los resultados de mi biopsia la idea de que alguien me dijera lo que iba a decirme era terrorífica. Supongo que nunca sabemos cómo va reaccionar un individuo ante noticias así y éste ha sido el caso. Pero no es porque yo haya hecho algo o que soy de naturaleza fuerte o luchadora, no, no me califiqué como ese tipo de persona, y eso es lo que me ha sorprendido, que esto lo he tomado como un reto, pienso en vivir, en ver crecer a mi nieta, en que esto no se ha terminado. Hay cosas que hacer y me encuentro bien pero no sé porqué y, además, ha pasado contra pronóstico. Entonces, no me siento en un lugar para aconsejar a nadie porque, de hecho, yo no he hecho nada y soy el tío más sorprendido del mundo. A veces pienso que a mi mujer le doy cierta pena y que dirá: «Mira Michael, lo feliz que va, el pobre, está intentando ser fuerte para nosotros». Pero no es así, es que ahora me siento bien.




Fuente: La Razón

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