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“Entendí la soledad en la que vive una reina”


Su impactante imagen fue la llave que le permitió poner un pie en Hollywood, y fue su papel como la esposa ideal que Leonardo DiCaprio ostenta en El lobo de Wall Street el que le dio las oportunidades que buscaba para demostrar que era algo más que una cara bonita. Tras obtener su primera nominación al Oscar el año pasado al convertirse en una patinadora asesina en Yo, Tonya, Margot Robbie vuelve a sorprender con otro fuerte desafío. En
María, reina de Escocia
, que llega a nuestros cines esta semana, la australiana de 28 decidió esconder su rostro debajo de un impactante maquillaje para convertirse en Isabel I, la soberana que ya han interpretado Cate Blanchett, Helen Mirren, Judi Dench y B ette Davis. Sin embargo en esta ocasión su brillante trabajo sólo le ha valido para ser nominada al Bafta.





¿Cuán complicado fue transformarse de semejante modo para este papel?

No fue fácil. No estaba escrito en el guion que se iba a hacer esa transformación estética que terminó quedando en la pantalla. Fue algo que surgió de nuestras conversaciones sobre cómo imaginarnos a la Isabel que está en los libros de historia, con su palidez y sus pelucas estrafalarias. Nos pusimos a investigar las secuelas de la viruela y nos dimos cuenta que el 60% de la gente que tuvo esa enfermedad quedó con cicatrices en el rostro. Eso nos sirvió para entender por qué abusaba del maquillaje pero también nos hizo pensar que usaba todo eso como una máscara que la alejaba del resto de la humanidad, porque en definitiva ella era la representante del trono. Llega un momento en que tiene que sacrificar su humanidad para poder gobernar exitosamente. A la hora de prepararme para interpretarla, contábamos con un equipo de gente que trabajaba durante 3 o 4 horas para que me convirtiera en Isabel.

Dijo en Harper’s Bazaar que afearse para el papel fue tan divertido como alienante.

Soy una gran fan del maquillaje prostético y una de las mejores cosas que tiene mi profesión es ver como trabaja gente verdaderamente asombrosa. Jenny Shircore es una de las más premiadas diseñadoras de maquillaje y peinado. Verla trabajar junto a Alex Byrne, que es un diseñador de vestuario muy reconocido que ya ha participado en filmes sobre Isabel, fue maravilloso. Verles crear a este personaje fue lo más divertido del proceso, y también observar como la gente reaccionaba de una manera diferente cuando me veía maquillada, especialmente en la etapa de la viruela que parecía muy dolorosa, con pus, inflamación… porque tenían problemas para mirarme a la cara. Sabían que era maquillaje pero algo instintivamente les hacía mirar para otro lado y eso fue muy interesante. Pero a la vez, tal como le dije a Harper’s Bazaar, lo de cargar con todo ese maquillaje fue una experiencia alienante, aún cuando me sirvió para entender cómo debe de haber sido la soledad que viven las reinas.





¿De qué manera le ayudó a componer el personaje?

La ropa y el maquillaje prostético eran muy limitadores, casi claustrofóbicos y me ayudaron a sentir que ella estaba atrapada, tal como probablemente se sintió Isabel en la vida real. Usualmente trato de evitar los proyectos que incluyen corsés porque odio ponérmelos pero me ayudó a encontrar el personaje, porque me hizo sentir muy rígida y atrapada dentro de este cuerpo.

¿Estudió las interpretaciones de las otras actrices que hicieron antes de Isabel I?

No, deliberadamente evité verlas. No quería que me influenciaran y que luego no pudiera encontrar mi propia versión de esta reina. Pero ahora que la película está terminada, mi plan es sentarme a ver todas las otras versiones. Estoy segura de que son películas muy diferentes a la que hicimos nosotros, pero he leído tanto sobre ella a estas alturas que ahora quiero saberlo todo.

¿Qué es lo que le aportó usted al papel?

Yo quería encontrar su humanidad. A mi entender nuestra película explora cual es el costo del poder, que es lo que implica ser un líder, especialmente en aquellos tiempos y los sacrificios que hay que hacer para poder sostener ese nivel de absolutismo. Ciertamente, Isabel hizo enormes sacrificios personales para poder lograrlo, por lo que a mi me interesaba descubrir a la niña en su interior que no quería ser reina. Esa fue mi clave para interpretarla. Yo quería que ella siempre tuviera una voz en su cabeza que le dijese que ella no quería estar en esa posición, que no quería ser reina, que no le interesaba tener que elucubrar todos esos complots y usar esas amenazas de muerte. Que simplemente quería ser una mujer normal, que se casara con alguien de quien se enamorara, vivir en una granja y tener una vida sencilla. Me fascinó explorar esa faceta de Isabel aunque no se vea en la película, porque es algo que ella oculta. Su mayor virtud era su capacidad de reprimir esos sentimientos y ver cuales eran sus objetivos como soberana, creer que todo lo que hiciera era para el bienestar de Inglaterra.





¿Por qué cree que nunca se casó ni tuvo hijos?

No se casó para proteger su lugar en el trono. Si se casaba hubiera tenido que tener un sucesor, y al casarse habría tenido que delegar el poder en un hombre, porque en esos tiempos el género lo determinaba todo. Daba lo mismo si eras la reina, daba igual. El que se casara con ella se habría convertido en rey y eso era todo lo que hubiese importado. Además, en esa época, dar a luz no era algo tan fácil. Era particularmente peligroso. Yo creo que sus experiencias en su niñez explican su resistencia a casarse y a tener un heredero. En realidad ella no confiaba en los hombres y cuando nació fue una gran desilusión, porque era mujer. Un esposo o un hijo hubieran sido una amenaza, pero si además hubiera dado a luz una niña en esa circunstancia habría desilusionado a muchos. Después de haber crecido como una desilusión, no necesitaba más desprecios.








Fuente: LA Vanguardia

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