Salud

Enfermedades de película


Se estima que, en la actualidad, existen alrededor de 70.000 enfermedades en el mundo. Varias de ellas tienen algún tipo de relación con obras literarias y cinematográficas muy conocidas y que han servido de inspiración, llegándose a usar como nombres de películas y novelas.

Algunos de estos síndromes son los de «Alicia en el País de las Maravillas», de «Madame Bovary», de «Rapunzel», de la «Cenicienta», de «Benjamin Button» y el de «Peter Pan y Wendy». A TU SALUD ha hablado con varios expertos en el tema y enumeramos, a continuación, las características de cada una de ellas.

El Síndrome de Cenicienta

El término fue acuñado en 1981 por Collete Downing en su obra «El complejo de Cenicienta» y se refiere al miedo de las mujeres a la independencia. «Aunque no está aceptado como trastorno psicológico por la OMS, describe a mujeres que se sienten totalmente dependientes de los hombres tanto emocional como económicamente, por el miedo a responsabilizarse completamente de sí mismas o por necesidad psicológica de ser siempre protegidas», explica Cristina Surroca, especialista en Psicología y miembro de Top Doctors. El origen está en el cuento de los hermanos Grimm (1812) «La Cenicienta» que se basa en la idea de que la mujer es hermosa, elegante y amable, pero no es fuerte, ni independiente por lo que debe ser rescatada por un príncipe (hombre) sobreprotector, amoroso y complaciente. Suele diagnosticarse cuando una relación o varias seguidas fracasan y la víctima «princesa» acostumbra a ser la más perjudicada, afirma, Surroca. En cuanto a los síntomas que presenta, estos son la baja autoestima de la «cenicienta», su dependencia emocional constante, el miedo a salir de la zona de confort y la idealización de la pareja. El tratamiento suele basarse en la terapia cognitivo-conductual en la que se cambian las creencias que sirven de anclaje de las conductas, se esfuerza la independencia, la autoestima y se trabaja con los miedos a la soledad. Surroca asegura que se observan «diferencias según la edad», puesto que «en las mujeres de mediana edad hay nostalgia de lo que puedo ser y no ha sido, y en las jóvenes todavía pueden esperar el príncipe azul». Por último, añade que «se da en mujeres, al ser muy relevante el factor educativo y de los estereotipos hombre-mujer».

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El síndrome de Peter Pan y de Wendy

«Para que un niño crezca con una sensación de seguridad en su cerebro que permita la normal evolución del mismo necesita satisfacer una serie de necesidades básicas, de protección, de cariño, de cuidado. Cuando se produce una carencia en alguna de estas necesidades básicas la evolución emocional de la persona se paraliza como respuesta ante el supuesto peligro que significa que no admiren, no me protejan, no me pongan límites o no me traten con cariño», explica el doctor Antonio de Dios González, director y fundador de Avatar Psicólogos y director del departamento de Psicología de Hospital Quirón de Marbella. Sin embargo, en el Síndrome de Wendy «la persona depende de satisfacer al otro para sentirse segura, para garantizarse que el otro no la abandonará», añade De Dios. Ambos son la respuesta del cerebro a un conflicto que amenaza la seguridad del niño; la mente necesita tener control así que lo consigue colocándose en una posición en la que, satisfaciendo al otro en un caso o construyendo estrategias que le mantengan en una posición de ser cuidado por otro, obtiene seguridad. En cuanto al tratamiento para dichas patologías, consiste en llegar a las memorias emocionales que han provocado la defensa del cerebro para darle la seguridad que necesita y poder ayudarle a su evolución. «Peter Pan se las ingeniará para seguir evitando aquellas responsabilidades que cree que no puede afrontar y Wendy tendrá muy difícil dejar de controlar la atención y el cariño de los demás a través de satisfacer sus necesidades y lograr que dependan de él o ella», concluye Fernández.

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El síndrome de Benjamin Buton

La progeria es una enfermedad rarísima que ronda un caso por siete millones de personas que apenas se conoce y que en los últimos años ha cobrado cierta relevancia. Se trata de un trastorno en el que se produce un envejecimiento extremadamente rápido de los diferentes tejidos y órganos del cuerpo. En cuanto a su detección, «generalmente no se aprecia ningún dato suficientemente llamativo antes del nacimiento ni en el momento de nacer. Es a lo largo del primer año de vida cuando se van presentando los primeros signos de sospecha conforme se van haciendo visibles los problemas en el desarrollo», explica el doctor Manuel Antonio Fernández Fernández, director del Área de Neurología Pediátrica en el Instituto Neurológico Andaluz. «Los primeros síntomas visibles son el retraso del crecimiento, alteraciones en el desarrollo de la piel, el pelo y las uñas… Conforme va pasando el tiempo se van haciendo más acusados estos signos denotando la alteración en el proceso de crecimiento, desarrollo y maduración», declara Fernández. Respecto a posibles soluciones, en la actualidad no se conoce ninguna terapia o tratamiento que permita enllentecer o revertir estos síntomas por lo que no hay forma de controlar su evolución. Lo único que podemos es intentar evitar las complicaciones de la enfermedad. El mayor inconveniente es que «no es habitual poder contar esperanzas de vida más allá de la adolescencia aunque se han descrito casos que han podido llegar hasta la edad adulta», manifiesta Fernández. Hasta la fecha no pasan de los 250 casos los detectados en todo el mundo, siendo optimistas con las cifras.

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El síndrome de Madame Bovary

El síndrome del bovarismo hace alusión a una patología denominada insatisfacción afectiva crónica, que padecen personas que parecen no alcanzar el bienestar en el amor. «Se trata de una vieja lucha entre la felicidad y el aburrimiento centrada especialmente en nuestras relaciones de pareja», explica el doctor Carlos López de Lamela Velasco, director médico y especialista en Psiquiatría de ECO Centro Psicoterapéutico Carlos Lamela y miembro de Top Doctors. «El síntoma fundamental es la continua y brusca insatisfacción en el amor de pareja. Estas personas se muestran muy seductoras y arrancan la relación con una enorme pasión para luego caer súbitamente en la decepción y el aburrimiento», afirma el experto . En cuanto a los síntomas que se dan, éstos suelen sumar múltiples relaciones en los que se muestran siempre caprichosos y cambiantes. «Para solucionarlo se precisa de una terapia de apoyo y esclarecimiento en sus situaciones de inestabilidad en pareja, tanto en los periodos de gran apasionamiento como de aburrimiento», dice López de Lamela . Respecto a una mayor frecuencia en los dos tipos de López de Lamela añade que «se describió inicialmente en mujeres pero actualmente este tipo de comportamiento se pueden observar tanto en hombres como en mujeres. El síndrome de Don Juan, descrito en el varón, tiene un gran parecido en cuanto a comportamientos con el síndrome de Madame Bovary».

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El síndrome de Rapunzel

«La tricofagia o Síndrome de Rapunzel es un trastorno de conducta que consiste en el hábito de comerse el cabello. Va asociada a la tricotilomanía que es el trastorno de arrancarse el pelo compulsivamente», explican el doctor Jordi Blanch Andreu, especialista de Psiquiatría y Esther Galindo, especialista en Psicología y ambos miembros de Top Doctors. El síndrome «está considerado un trastorno obsesivo compulsivo (TOC), donde primero la persona tiene el impulso incontrolado de efectuar estas conductas y después siente una sensación de alivio al realizaras», afirman Blanch y Galindo. El tratamiento más efectivo es el abordaje profesional combinado de psicoterapia cognitivo-conductual y psicofarmacología. La edad de comienzo se suele producir en la pre adolescencia, entre los 10 y los 13 años, y casi el 85% empezó el hábito antes de los 16. Aunque pueden haber casos de aparición más tardía , se desconoce en qué edades es más frecuente. Por último, lo que sí parecen indicar los estudios sobre el tema es que es más frecuente en hombres que en mujeres, puesto que las estadísticas apuntan a que el 1,5% de los hombres y el 3,5% de las mujeres padecerán esta enfermedad a lo largo de su vida.

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El síndrome de Alicia en el País de las Maravillas

En el libro de Lewis D. Carrol, Alicia presenta una alteración en la percepción visual que agranda (macropsia) y disminuye (micropsia), a lo largo de su descenso por la madriguera tras probar el hongo que le ofrece la oruga. «El origen de dicha alteración puede estar en cualquiera de los planos de procesamiento de la información: retina, nervio óptico y corteza visual», explica el doctor Sergio Oliveros Calvo, psiquiatra, director del Grupo Oliveros y miembro de Top Doctors. La detección de esta patología es inmediata y las reacciones de pánico por parte del paciente son frecuentes, puesto que éste se siente «como si estuviera loco», aunque no existe un tratamiento específico para este tipo de síntomas. En cuanto al rango de edades en las que tiene una mayor frecuencia, Calvo asegura que «eso depende de la causa, las tóxicas son más frecuentes en adolescentes y adultos jóvenes, las vasculares y tumorales por encima de los 50 años».




Fuente: La Razón

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