La escultora Elsa Neri se lo sabe casi todo de la anatomía humana. Esta mexicana de 35 años es una de las siete escultoras del Museo de Cera de Madrid. En el taller le acompañan piernas, brazos y manos con los que crea algunas de las 496 figuras que viven congeladas en la plaza de Colón. La cabeza de arcilla del líder de Ciudadanos, Albert Rivera, no le quita ojo. Quién sabe si terminará desbancando algún día a Pedro Sánchez. La figura del presidente en funciones da la bienvenida a los visitantes junto a la familia real. Neri lleva tres años en España y ya ha dado vida al cantante Justin Bieber y a otro político también presidente, el francés Emanuel Macron. Pronto dejará lista a la nueva infanta Leonor, próxima habitante del museo. “Es guapa y joven; el tipo de cara que más cuesta recrear”, cuenta.

Cualquiera tendría miedo entre tanta figura…

[Ríe] A mí no me lo dan, pero a quien viene mi casa no le hace mucha gracia. Muchas veces modelo en mi cuarto y acabo quedándome dormida. Vivo rodeada de cabezas; en mi armario te puedes encontrar cinco. Y, aunque las tape, cuando me visitan dan sustos.

¿Cómo las hace?

El museo decide la figura, la posición y la expresión. Luego busco fotos y vídeos para calcar la expresión. Entonces empiezo a modelar en arcilla o plastilina. Cuando ya está más o menos terminada, la presento para que le den el visto bueno. Y al final le saco un molde de yeso donde vierto la cera a 70 grados.

¿Y el pelo?

El pelo es real; es hindú y viene de una fábrica de Madrid de todos los colores. Cuando está la cera lista se trabaja la textura para poder pintar con óleo. Después es cuando se lo pone el cabello, uno por uno. Yo solo hago barba, ceja y bigote… Lo que le da la característica. El estilista de Cristiano Ronaldo peina la figura de cera para dejarle idéntico.

¿También vienen los tatuadores si algún famoso se hace uno nuevo?

No, esos los hacemos nosotros al óleo. El cuerpo de Justin Bieber fue un reto, tiene tantos… 53. Terminaba la figura y se hacía otro. Y tenía que buscar dónde se lo hizo y cómo es…

¿Esculpe todas las partes del cuerpo? Ya me entiende…

[Ríe] Sí, cuando se necesita una parte llamativa, se les hacen los genitales. Fue el caso de Usain Bolt, que está vestido con licra… y tenía que notarse todo.

¿De dónde le viene esto de amasar cuerpos?

Mi padre es escultor y de niña me decía: “Hija, haz esto”. Ahí empezó todo. Me iba a dedicar a la pintura, porque estudié Bellas Artes, pero comencé a trabajar en un taller de cerámica y lo tridimensional me enganchó.

¿Y no le apetecería esculpir a su familia?

Les he hecho. Uso las figuras de mi madre y mi padre de referentes para hacer otras.

¿Cuál es la que más le ha gustado hacer?

La de Macron quedó muy bien, aunque luego haya que retocarlas, porque la gente es muy de tocar y desgastan la pintura de la piel.

¿Cómo consigue el tono exacto? Porque entre Trump y Obama…

[Ríe] Se hacen veladuras, una pintura muy suave con tonos azules, rojos y amarillos. Así se va haciendo esa transparencia que es la piel. Todas tienen amarillos, verdes, rosas… Con cinco capas se logra el tono exacto para cada tipo.

¿Algún accidente con algunafigura?

Varios. A veces modelando se cae la figura, se aplasta la cara y quedan irreconocibles. Hay que tener paciencia, porque si pasa eso hay que volver a empezar.

Espero que al resto las cuiden mejor…

[Ríe] Sí, la ropa que llevan se lleva a la tintorería y el pelo se lava con champú seco.

¿Cree que faltan mexicanos en las salas?

Ahorita los que están, están bien. Aunque bueno echo en falta a Luis Miguel, el cantante, o a Chavela Vargas.

¿Qué es lo que ha aprendido haciendo las figuras?

Sobretodo de los grandes personajes que han pasado a la historia. Muchos los hago y digo… anda este es quien consiguió esto, o aquello. Y gracias al trabajo les ubico; más o menos sé de qué año son o la edad. E igual muchos personajes de la farándula. Antes era de otros gustos, y ahora me los sé.

Las anécdotas

Las figuras del Museo de Cera han sido objeto de “miles de anécdotas”, cuenta el director de comunicación, Gonzalo Presa. Se acuerda de cuando el humorista Ernesto Sevilla cuenta que el muñeco de Jaime de Marichalar salió del museo para figurar en el museo de Ferrocarril. “No es cierto”, dice. Cesó la convivencia, como dijo la Casa Real, pero fue directo al almacén.

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Fuente: El Pais

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