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«En la vida, todos somos meros acompañantes»


Le califican del secreto mejor guardado de la música del Mediterráneo. Julio Bustamante es un enorme escritor de canciones poco conocido por las masas pero citado por tres generaciones de músicos. Con el grupo Maderita algunas cosas empezaron a cambiar, y ahora, con renovados esfuerzos presenta «La misión del copiloto», disco que ha grabado con la colaboración en los arreglos de cuatro músicos, Montse Azorín, Luis Alcober, Lucas Balanzá y Santi Bernal. Presenta el trabajo mañana en Fun House en Madrid (21:30 horas, 10 euros) y el sábado 6 de enero lo hará en Valencia.

–Es un disco que rezuma calma, serenidad.

–Es la marca de la casa. Y la gente que colabora sabía lo que hacía.

–¿Le gusta o le fastidia que después de cuarenta años haciendo canciones para algunos sea un grandísimo músico pero para el gran público siga siendo un desconocido?

–Ni me gusta ni me disgusta, es el resultado de cómo han sido las cosas. Yo siempre supe que mi manera de hacer es un poco especial y muy a contracorriente y ya contaba con eso, y al mismo tiempo contaba con que sería reconocido por ir a mi bola.

–Esa es la génesis del disco.

–Eso no ha cambiado. Mi manera de enfocar la cosa es hacerla canción por canción. Yo empecé de compositor con una mirada sobre las canciones en particular. Cada una por sí misma, y las letras, que las empiezo con algo mío aunque a veces sean adaptaciones como en este disco, de Sam Sheppard, a cada letra le busco la música que le vaya bien, como una pequeña película. No compongo para hacer un disco sino una canción detrás de otra y afortunadamente luego puedo elegir, pero no hago discos, hago canciones.

–¿Tiene muchas guardadas?

–De este último han sobrado tres y en mi archivo, ahora mismo tendré unas 15.

–¿Qué es lo que le inspira?

–Reflejo a veces el amor, desde un punto de vista de sensaciones o de imágenes y algunas son relatos cortos. En «Cambrers» también hice algunos relatos. Y otras comprometidas con lo social, o digamos filosóficas. Por eso una acaba siendo pop, y otras folk, o descaradamente jazzy. Me gusta mucho ir aprendiendo mientras hago. Siempre sobre la marcha.

–Su caso es de reinvención clarísima.

–Sí, el pop es un género que le gusta a todo el mundo, y esto es un diario sentimental, así que tenía que ser así. La situación lo pedía a gritos.

–¿Que situación?

–Digamos, sentimental.

–Es que las canciones son un poco juveniles.

–Claro, porque de pronto me ví metido en una historia muy juvenil, y se produjo una especie de juego o de encargo con otra persona de hacer una canción al mes que narrase esos momentos.

–Es bonito.

–Sí, porque era una relación muy provisional y se trataba de que por lo menos quedase de resultado unas canciones bonitas.

–Y el disco es el reflejo de eso.

–Sí, aunque hay otras cuatro que no cuentan eso. Por ejemplo, «La misión del copiloto» es de las últimas que hice, ya cuando me desligué de esa historia, y saca conclusiones.

–¿Cuáles?

–El título refleja que en la vida todos somos meros acompañantes y que nos tenemos que enfrentar a ella sin prejuicios, vivirla tal como viene y colaborando siempre, unos con otros, fijándonos en lo que compartimos con conocidos o desconocidos y dejar aparte lo que nos puede separar, porque esta sociedad y nuestra vida necesita esa capacidad de compartir y ponerse en el lugar del otro.

–Es un mensaje que viene al pelo en este país.

–Sí, continuamente. Porque otros sacan beneficio de las divisiones y los problemas que provocan.

–¿Crea sin expectativas?

–Desde luego, la única que tengo es que la canción quede redonda y que siempre haya cosas que cada uno las pueda entender a su beneficio. Lo demás depende de las circunstancias, mas allá del éxito y el fracaso. Pero sé que hay gente a la que la le ha gustado mi manera de hacer. Estoy agradecido por ello.

–Con Nacho Vegas.

–Me pidió que actuase con el en la plataforma contra los centros de internamiento de extranjeros cuando fue a actuar en Valencia. Y yo salí con mi grupo y él con el suyo, y fue bonito. En camerinos me preguntó que qué estaba haciendo y surgió.

–¿Qué piensa de los centros de internamiento?

–No se puede encerrar a la gente por ser extranjero. Es un mal camino. Si es alguien que huye para salvar la vida y no ha cometido un crimen es una forma inhumana de tratarle.

–¿Qué le inspira Valencia?

–Pues creo que el talante del artista valenciano suele ser ir a su bola. Así que de eso tengo algo. Vaya bien o mal, no fijarse en modas ni en tendencias.

–¿Qué ha aprendido en este disco?

–A no tener miedo a trabajar con tanta gente. Ha sido natural y bonito, aunque laborioso.

–Claro, su trayectoria siempre fue solitaria.

–Estuve diez años actuando solo y poco a poco fue apareciendo gente. Pero como mucho, tres personas en el escenario. Después pasó lo de Maderita, que fue en 2008 y ya cambió todo. Me he quitado miedos y prejuicios. ¡Y pereza!

–Incluso con su hijo.

–Exacto. Él se unió como bajista y cantante hace cinco años, así que lo del cantante solitario se ha acabado. La misión del copiloto es compartir.




Fuente: La razon

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