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«En esta vida se puede cambiar de todo menos de equipo de fútbol»


Si no fuera por estas cositas, si no fuera por estos momentos… Sus letras tienen pegamento. ¡Que se lo digan a la presumida Giralda! Es el arrebato de la música, la voz del barrio, la melena del escenario. En su vida ha habido muchas noches con arte. Y como músico de guardia ahora vuelve a devorarte con un disco autobiográfico que acaba de lanzar. Con ustedes, una felpa hecha persona, con fama de bandolero y un corazón sincero.

–¿Javier Labandón o El Arrebato?

–Javi me llaman mis amigos. Son dos personas que se van acercando cada vez más. Lo único que nos diferencia es la felpa, mi seña de identidad, que me da buen rollo y mucha intimidad. Los artistas normalmente se ponen una gorra y unas gafas de sol. Yo me cojo una coleta y paso muy desapercibido.

–¿Sin felpa no se le conoce?

–Si no eres muy fan…

–¿Los músicos siempre deben estar de guardia?

–Después de más de veinte años, hace dos años y medio decidí parar. Pero soy incapaz de desconectar. La música no es lo que hago, sino lo que soy. Llevo toda mi vida siendo un músico de guardia.

–¿A Javi qué le arrebata?

–La pasión. Me vuelve loco ver a la gente que se apasiona.

–¿De qué deberíamos hablar?

–De más alegrías, que la gente está muy asustada. Todos los días ocurren cosas buenas, pero parece que solamente interesan las malas. Hay que dar luz y esperanza.

–¿En qué piensa cuando compone?

–Compongo sin pensar. No hago canciones premeditadamente. Normalmente me las encuentro. Las canciones ya existen, están ahí.

–¿Y cuando canta?

–Cuando me subo al escenario me bajo del mundo. Me encanta meterme en la historia.

–¿De dónde saca la voz?

–De la sinceridad y de la honestidad, que son mis mejores armas. Canto con el corazón, lo mejor que me sale, sin adornar demasiado. Intento transmitir, contar cantando.

–¿Por qué sus letras son tan pegadizas?

–Lo sincero nos conecta, la verdad se contagia, y eso las hace pegadizas. En el interior somos todos bastante parecidos.

–¿Sabe cuántas copias ha vendido a lo largo de su carrera?

–Exactamente, no. Hace poco me dijeron que cerca de los dos millones. Una verdadera locura.

–Ha conseguido un disco de diamante y diez de platino. ¿Pesan?

–Es una alegría, pero cada vez que saco un disco hay mucha gente pendiente. Eso es una presión.

–¿Y usted de quién está pendiente?

–De la cotidianidad. Soy un observador empedernido. Me encanta sentarme en un banco y observar a la gente.

–¿Se lo permite la fama?

–Es cierto que a veces en lugar de un observador soy el observado. La fama debe ser una consecuencia, no el objetivo. Solo me gusta para que a mis conciertos vengan miles de personas.

–Si no fuera por estas cositas, si no fuera por estos momentos, ¿qué sentido tendría la vida?

–(Risas) Ninguno. Si no nos quedamos con los detalles pequeños que nos regala la vida… Todos los días pasa el paraíso por nuestro lado. Pero hay paraísos que no te hacen feliz, únicamente te ponen contento. La felicidad es la sonrisa de mi madre, los rayos de sol en la cara los días que hace frío, el olor a café y tostadas…

–Tal vez nunca ha sido un caballero y el 14 de febrero para usted jamás existió. Sin embargo, le canta mucho al amor…

–Le he ido cantando cada vez más, porque es la base de todo. Mi pareja me ha enseñado a ser detallista. Antes no lo era, aunque cada uno demuestra el amor de la manera que sabe.

–Tiene fama de ser bandolero.

–Solo son las pintillas.

–¿Qué vida quiere?

–La que tengo, aunque me hubiera conformado con la mitad. Tuve una infancia dura. Mi padre falleció cuando yo tenía 12 años, y mi madre enseguida cayó enferma con Alzheimer. Soy el menor de ocho hermanos, vivía en un barrio conflictivo, en el que Los Chichos fue la banda sonora de mi niñez… Era carne de cañón. Me da mucha alegría pensar cómo ese niño se agarró a la guitarra y se refugió en la música. No me cambiaría por nadie en el mundo.

–¿Ante quién le gustaría cantar?

–(Piensa) Ante mis padres, que no vieron mi éxito y se fueron muy preocupados por mí.

–Vuelve usted renovado, pero no se corta la melena…

–Por ahora no, aunque me lo estoy planteando. Igual en unos años… Cuando ganó el Sevilla la primera UEFA prometí pelarme, pero no raparme (risas).

–¿Sevillista será hasta la muerte?

–Sí. En esta vida se puede cambiar de todo menos de equipo defútbol.




Fuente: La razon

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