Salud

«En España no existe ningún compromiso con el aceite sostenible por parte de la industria»


-¿Con qué fin ha nacido la Fundación?

-La Fundación nace en España a comienzos de 2017 con el objetivo de investigar y divulgar las características del aceite de palma, a efectos de contribuir a mejorar el conocimiento y la percepción por parte de la sociedad. También, conseguir que las empresas españolas se comprometan con el aceite de palma sostenible certificado, al igual que se ha hecho en otros países de la UE. La fundación surge en la línea de otras alianzas ya existentes en países como Francia, Bélgica, Holanda, Italia… Colaboramos activamente con la European Palm Oil Alliance (EPOA), un grupo de trabajo que busca crear un punto de vista equilibrado y objetivo de sus aspectos nutricionales y sostenibles, aportando para ello información científica. Además, colaboramos con la Roundtable on Sustainable Palm Oil (RSPO) y su sistema de certificación de sostenibilidad.

-¿Qué porcentaje de empresas españolas utiliza aceite de palma sostenible, con sello RSPO?

-Uno de los problemas que encontramos en España es que no existe ningún compromiso por parte de la industria, algo que sí ocurre en otros países. En este sentido, varios estados miembros de la UE firmaron la Declaración de Ámsterdam, con el compromiso de que el 100% del aceite de palma que se utilice en 2020 sea sostenible. Sin embargo, España es uno de los países que aún no se ha comprometido y de ahí nuestro empeño por sumar a nuestro país a la lista de estados de la UE responsables en su abastecimiento.

-¿Qué se espera de la próxima cita de la Conferencia Europea de Aceite de Palma?

-Alguno de los temas que han surgido son la necesidad de mejorar la información económica del aceite en Europa como instrumento para mejor conocer los avances en la sostenibilidad, los avances científicos y las posibles mejoras en los sistemas de certificación.

-¿Cuál es la estrategia europea actual sobre aceite de palma?

-Se trata de contribuir a un mejor conocimiento del aceite de palma como ingrediente en los alimentos, buscar una visión racional y equilibrada a través de la ciencia. Se han dicho muchas cosas que carecen de solidez alguna y que sólo la ciencia puede desmentir, y muchas veces se pasa por alto el innecesario daño que se pueda producir tanto en los países productores como en la economía europea.

-¿Es seguro para la salud?

-Completamente seguro. Europa cuenta con la legislación más desarrollada en materia de seguridad, calidad y control alimentarios del mundo y obliga a los agentes de la cadena alimentaria, tanto europeos como importadores, a cumplir esos requisitos. El aceite de palma es un ingrediente completamente seguro utilizado por la industria y ninguna autoridad, ni internacional (OMS, Codex), ni europea (EFSA, Comisión), ni nacional (Aecosan) han prohibido su uso como ingrediente alimentario.

-¿Incluso para los niños?

-Según la Asociación Española de Pediatría «el consumo de ácido palmítico es importante, pues su contenido en el organismo es elevado y tiene funciones específicas. Por ese motivo está presente en las fórmulas y en otros alimentos infantiles. Es un ingrediente imprescindible y una fuente importante de ácido palmítico».

-¿Existe alternativa igual de productiva y más sostenible?

-No. El aceite de palma es entre seis y diez veces más productivo que otros aceites vegetales, por lo que se necesitarían grandes extensiones de tierra para cultivar posibles alternativas, así como tiempo, por no mencionar la alteración de los mercados, precisamente ahora que la FAO nos está diciendo que tenemos que producir más con los mismos recursos de los que hoy disponemos. Además, el aceite de palma puede, y debe, ser sostenible, mientras que las alternativas habría que analizarlas una a una.

-¿Está bajando el consumo en los últimos meses?

-Es evidente que la desinformación no ayuda, pero las funcionalidades del aceite de palma hacen del mismo un ingrediente necesario para nuestra industria. Después el mercado es libre y hay sitio para todos, cada uno con sus peculiaridades y para sus usos específicos.

-¿Qué les diría a los consumidores respecto a productos con aceite de palma?

-En el ámbito nutricional, su consumo no está contraindicado en un contexto de dieta saludable, siempre y cuando se ajuste la ingesta de grasas y ácidos grasos a las recomendaciones de organizaciones como la OMS. Debemos tener en cuenta que no ingerimos nutrientes, sino alimentos, y éstos dentro de una dieta. Un consumo racional dentro del esquema de la pirámide alimentaria, teniendo en cuenta la moderación y la actividad física es perfectamente válido. Desde el punto de vista medioambiental, sustituir el aceite de palma por otros aceites vegetales o grasas animales requeriría del uso de más tierras para un tonelaje equivalente, lo que sería contraproducente para el medio ambiente, los recursos hídricos y obligaría al uso de más tratamientos agrícolas. La misma WWF explicaba que el boicot al aceite de palma no representa la solución. La solución es consumir aceite sostenible para mantener o mejorar los valores biológicos, ecológicos y sociales en los países de origen.

-¿El sello RSPO es visible en las etiquetas de todos los productos?

-Hay empresas que lo utilizan en sus productos, mientras que hay otras que prefieren no indicarlo. En todo caso, estos sellos voluntarios son cada día más requeridos por los agentes económicos –refinadores, industria, comercio–.

-Sobre las críticas que ha recibido el sello RSPO, del que hay una nueva revisión en 2018, ¿qué se puede mejorar?

-La iniciativa RSPO comenzó en 2014, y desde entonces, su sistema de certificación se ha ido adaptando a las necesidades. Recientemente la Comisión Europea encargó un estudio a una consultora británica y en ella se reconoce que el aceite de palma es de las materias primas con un sistema más avanzado de certificación de sostenibilidad, si lo comparamos con otros. El debate ahora está en cómo avanzar en su mejora, y en este sentido, los Objetivos de la Agenda de Desarrollo Sostenible de la ONU son la referencias sobre la que se está trabajando.




Fuente: La Razón

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