Nadie enarbola la bandera de los Juegos Mediterráneos. La izan los socialistas si se presenta el tema afirmando que fueron un “inmejorable escaparate”, que Tarragona ha ganado un palacio de deportes de lujo (aunque esté cerrado prácticamente desde que finalizó el certamen) y que el barrio de Camp Clar cuenta ahora con 17 hectáreas de jardín, aunque bien pocos le saquen partido.

Como en tantos otras cuestiones, lo que para el PSC (y más tímidamente para su socio de gobierno, el PP) ha sido un éxito, para la oposición, con ERC y CUP al frente, ha sido un desastre. Una hipoteca para la ciudad. Cuestionan sobre todo la gestión del legado y el coste real de la fiesta.






La inauguración del mercado es uno de los activos del actual equipo de gobierno

Más allá de la pasarela que une la Rambla Nova con la playa –ejecutada y pagada por el puerto– siguen vacíos edificios tan emblemáticos como La Tabacalera, el Banco de España (en plena Rambla Nova), o el complejo de la Savinosa (frente al mar). En todos se han presentado nuevas propuestas durante los últimos meses. Proyectos no consensuados y sin musculatura financiera que otorgue credibilidad. La oposición recrimina al PSC y al PP (una alianza que se firmó en el 2016 para asegurar la organización de unos Juegos cuestionados y que tuvieron que retrasarse un año), que no hayan construido ningún nuevo carril bici o que los barrios sigan desconectados del centro de la ciudad.

Josep Fèlix Ballesteros, que evita la confrontación con sus adversarios políticos –ha faltado en varios debates en los que había confirmado la asistencia– y evita la exposición pública, se mueve con más comodidad en las distancias cortas. Y a eso juega. Cuando anunció que volvía a presentarse prometió autobús gratuito para todo el mundo. La propuesta estrella, anunciada sin que la conocieran ni sus socios de gobierno, tuvo que matizarse al cabo de unos días. La tarifa se rebajará, pero en cuatro años.

La inauguración del mercado (tras diez años en obras y una inversión de 47 millones) es uno de los activos del actual equipo de gobierno –que también presume del incremento de los cruceros que atracan en el puerto– pero su reapertura coincide con la peor crisis del comercio de proximidad. Cierran tiendas al tiempo que se concentra la oferta en el Parc Central y en Les Gavarres, donde Ballesteros anunció, en el 2012, la apertura de un Ikea que al final dimitió de Tarragona ya que la tramitación se enquistó.






Cuando Ballesteros revalidó la alcaldía por tercera vez, la composición municipal cambió drásticamente con la entrada de Ciudadanos y ERC

El alcalde (desde 2007) afronta la campaña con otro peso: la imputación por el caso Inipro (denunciado por la CUP) en el que a él y a la concejal Begoña Floría (la 4 de la lista) se les investiga por delitos como malversación y prevaricación al pagar más de 200.000 euros a la empresa Inipro por unos servicios de integración social que no han podido acreditarse según el juez. El 1-O en la capital catalana más unionista, también le pasó factura al alcalde que se negó a ceder locales municipales, no condenó la entrada de la Guardia Civil en las consellerias ni las contundentes cargas policiales en la ciudad. Si en cada aparición pública y especialmente durante Santa Tecla, esta posición se tradujo en pitadas, en los barrios, el feudo de votos del PSC, ha tenido premio. Los socialistas ganaron las últimas elecciones generales pero ERC cosechó un resultado histórico en el centro.

En el 2015, cuando Ballesteros revalidó la alcaldía por tercera vez, la composición municipal cambió drásticamente con la entrada de Ciudadanos y ERC (cuatro concejales cada uno), y la CUP (dos). CiU, ahora reconvertida en JuntsxTarragona y con Dídac Nadal (hijo del anterior alcalde, Joan Miquel Nadal) al frente, registró su peor resultado pasando de siete a tres e ICV, ahora con nueva candidata, mantuvo el suyo. Esta vez repiten como alcaldables el republicano Pau Ricomà, Rubén Viñuales por Cs (con el sorpasso al PP consolidado) y Laia Estrada por la CUP. El PP ha tenido que relevar la figura del carismático Alejandro Fernádez por la del discreto José Luis Martín.





Salvo los socialistas, instalados en un optimismo que no da tregua, la suciedad, la limpieza, la inseguridad y la desconexión entre barrios siguen en la agenda de todos los partidos en una campaña que no destaca una propuesta clara de modelo de ciudad y en la que en pocas ocasiones afloran temas como el debate sobre la calidad del aire en un territorio con polígonos petroquímicos.








Fuente: LA Vanguardia

A %d blogueros les gusta esto: