Jeremy Corbyn impulsó un giro a la izquierda del laborismo y prometió un segundo referéndum sobre el Brexit para convertirse en primer ministro. Pero su estrategia ha llevado al partido a su mayor derrota desde 1935. La formación obtuvo 203 escaños en las elecciones de este jueves, 59 menos que en 2017, un pésimo resultado que ha llevado a su dirigente a anunciar que no volverá a presentarse a unos comicios como líder del partido y que abrirá un proceso interno para preparar su sucesión.



Evolución de escaños desde 1997

*A falta de un escaño por asignar

Fuente: Parlamento de Reino Unido.

Evolución de escaños desde 1997

*A falta de un escaño por asignar

Fuente: Parlamento de Reino Unido.

Evolución de escaños desde 1997

*A falta de un escaño por asignar

Fuente: Parlamento de Reino Unido.

“Ha sido una noche decepcionante para el Partido Laborista”, admitió con semblante serio tras el anuncio de una amplia victoria como diputado en la circunscripción de Islington, en el norte de Londres, que no ha conseguido trasladar al resto del país. “No lideraré el partido en unas futuras elecciones generales”, anunció. “El mensaje fundamental de justicia e igualdad será el mismo”.

La formación ha perdido poder en numerosos feudos históricos, tanto en el norte como en el centro de Inglaterra (la llamada muralla roja), zonas que mayoritariamente respaldan el Brexit. Casos destacados son Workington, donde el laborismo tenía un diputado desde 1918, o Blyth Valley, una circunscripción dominada por este partido desde 1950. Simbólica ha sido la pérdida de Sedgefiel, el antiguo escaño de Tony Blair. En Escocia, donde en el pasado solía ser la fuerza política dominante, ha continuado su declive a favor del Partido Nacional Escocés (SNP, en inglés) y ha conseguido solo un diputado de los 59 posibles. En Gales, ha perdido Wrexham, feudo desde 1935.

El laborismo lleva nueve años intentado volver al poder. La de este jueves fue la cuarta derrota consecutiva en unas elecciones generales y supone un importante retroceso tras el resurgir experimentado en 2017 que consolidó a Corbyn como líder de la formación y le permitió impulsar un giro a la izquierda cuestionado por el ala más moderada. La derrota de este martes puede reabrir la batalla ideológica y de poder en el seno del partido.

Las presiones internas para que Corbyn dimita llegaron poco después de que se anunciaran los catastróficos resultados que los sondeos a pie de urna vaticinaron a primera hora de la noche. Gareth Snell, uno de los candidatos laboristas que ha perdido su escaño en la tradicionalmente laborista Stoke-on-Strent, calificó el resultado de “desastroso” e invitó a Corbyn a dejar la dirección del partido. “Es Corbyn. Sabíamos que era incapaz de liderar nada. Que carecía de las cualidades necesarias para dirigir un partido”, afirmó un furioso Alan Johnson, exministro con Blair, en una intervención en la cadena de televisión ITV.

Las razones detrás de la derrota también son motivo de enfrentamiento. En su intervención, Corbyn atribuyó la arrolladora victoria de los conservadores a que el Brexit se apoderó del debate durante la campaña. “Ha eclipsado otros temas como las desigualdades y el cambio climático”, aseguró. Poco antes, el diputado moderado Phil Wilson afirmó que no tenía sentido seguir culpando al Brexit. Para los críticos ha sido el giro radical a la izquierda dirigido por la dirección del partido el principal culpable.

A Corbyn, un declarado euroescéptico, siempre se le ha reprochado su estrategia ambigua ante el Brexit. Finalmente, ante las presiones del partido que temía perder a votantes que querían seguir en la UE, propuso en el congreso laborista en septiembre una renegociación del Brexit, para lograr una versión más suave que permitiera seguir en la unión aduanera entre otras cosas, y someterlo a un referéndum. Muchas de las grandes pérdidas sufridas este martes son en territorios partidarios de salir de la UE. Aunque el partido lleva años en crisis en otros territorios fuertemente antiBrexit, como Escocia.

El giro a la izquierda también ha sido controvertido. El laborismo se presentó a estas elecciones con un programa que contemplaba la renacionalización de los servicios de agua y electricidad, y del negocio de banda ancha de British Telecom, para ofrecer Internet de alta capacidad gratis a todos los ciudadanos. También incluía miles de millones de inversiones públicas para compensar una década de austeridad impuesto por Gobiernos tories tras la gran crisis financiera de 2008. Para los moderados, una aproximación más centrista habría beneficiado al partido.

El tercer punto cuestionado ha girado en torno a las acusaciones de antisemitismo contra el partido y la falta de reacción de Corbyn, defensor de la causa palestina. «No hay lugar para el antisemitismo en ninguna forma, ni en ningún lugar, en el moderno Reino Unido, y bajo un Gobierno laborista no será tolerado», afirmó hace dos semanas y acabó pidiendo perdón por haber sido «demasiado lento» en imponer sanciones.




Fuente: El Pais

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