Dado su alto contenido en polifenoles, la granada destaca por su enorme poder antioxidante y propiedades antisépticas y antiinflamatorias. Su piel de color escarlata encierra una gran variedad de componentes beneficiosos para el correcto funcionamiento del organismo. Por ello, esta fruta ha sido siempre objeto de innumerables estudios a lo largo de los años que han demostrado su potencial frente a enfermedades relacionadas con la salud vascular, la intestinal, el cáncer, así como otras tantas de caracter neurodegenerativo. De hecho, el último de ellos apunta en este sentido: realizado por un grupo de investigadores del Brigham and Women’s Hospital (Estados Unidos), concluye que tomar su zumo durante el embarazo ayuda a proteger el cerebro de los recién nacidos con restricción del crecimiento intrauterino (IUGR), así como a mejorar su desarrollo y a prevenir los efectos de la lesión cerebral.

Cuando se da esta patología el feto presenta una medida pequeña en el útero en comparación con la que debería ser por su edad gestacional. Esto puede deberse a problemas con la placenta, que dificulta el flujo de nutrientes, oxígeno o sangre, lo que afecta al cerebro del bebé.

Para el desarrollo de este análisis, publicado en la revista “Plos One”, el equipo ha realizado un ensayo clínico aleatorizado en distintas madres embarazadas con bebés diagnosticados con IUGR. En total, la muestra ha estado formada por 78 mujeres cuyos fetos fueron diagnosticados con esta patología entre las 24 y 43 semanas de gestación.

Los hallazgos han puesto de relieve que los niños nacidos de las gestantes que consumían zumo de granada diariamente durante el embarazo presentaban un mejor desarrollo y conectividad cerebral que el resto. Esto puede deberse a la elevada presencia de polifenoles, una serie de antioxidantes que se encuentran en alimentos como el vino o el té. Así, los investigadores han destacado que estas sustancias “cruzan la barrera hematoencefálica y tienen efectos protectores contra las enfermedades neurodegenerativas”.

En este contexto, las mujeres recibieron ocho unidades de zumo de granada diariamente y un placebo de sabor libre de polifenoles de forma aleatoria hasta el momento del parto. Además, se evaluaron varios aspectos del desarrollo cerebral, como la macroestructura cerebral infantil, la organización microestructural o la conectividad funcional. De esta forma, pudieron observar modificaciones en la microestructura de la materia blanca y la conectividad funcional.

No obstante, Terrie Inder, presidenta del departamento de Medicina Pediátrica para Recién Nacidos en Brigham and Women’s Hospital y autora del estudio, señala que estos beneficios no repercuten directamente en el crecimiento cerebral del propio bebé, sino que mejoran su desarrollo y conectividad. Por otra parte, concluye que estos descubrimientos son una clara consecuencia de los posibles efectos neuroprotectores de los polifenoles que contiene la granada en los recién nacidos que presentan riesgo y, además, pone de relieve la “necesidad” de desarrollar un ensayo clínico más grande para continuar con esta investigación.




Fuente: La Razón

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