Beto Pérez supone toda una referencia en el concepto del aérobic del siglo XXI, que hoy recibe el nombre de zumba, un método creado por él y que ha llevado a los gimnasios a más de 15 millones de personas en 185 países. La idea nació en Miami y fusiona fitness, entrenamiento y música a través del baile; las “fitness parties” mezclan ritmos del mundo (sobre todo latinos) pegadizos con coreografías fáciles de seguir.

-Lo que muchos se preguntan es: ¿por qué engancha tanto el zumba?

-Porque con este método volví al comienzo de lo que fue el «fitness» de su creadora Jane Fonda. Ella ha sido para el mundo de los aeróbicos como Steve Jobs a las computadoras, volvió este método masivo con una fórmula muy básica: fácil, efectivo y divertido. Yo retomé esa fórmula en el año 2000. Antes estos programas se habían vuelto complicados. Se hacían programas por y para ellos, se olvidaron de la gente normal que va a un gimnasio y no busca ser profesional de nada de eso, sino que pretende simplemente ir una clase grupal. Se volvió competitivo, coreográfico, técnico… y las salas se vaciaron.

-Y entonces llegaron las clases de zumba para llenarlas de nuevo…

-Cogí la fórmula de Jane, fácil, divertido y efectivo, y la actualicé con música latina y pegadiza del mundo. Y volvimos al comienzo de todo.

-Pero, para ser una moda, ya llevan muchos años de trabajo. ¿Es un método consolidado?

-Hace diez años, en una visita a España me hicieron esta pregunta y me cuestionaron: «¿Cuánto tiempo le das de vida a zumba?». La compañía lleva ya 19 años, todos los días crecemos. No pasa de moda, porque la música –su principal atractivo– siempre está ahí, seguimos las tendencias que nos mantienen vivos. Yo absorbo todo eso y lo adapto a zumba.

-Lo que suena en la sala resulta el principal pilar. ¿Cómo lo gestiona?

-Como compañía invierte mucho cada año en música porque sabemos que es el gancho. Ahora entiendo por que los anteriores programas fracasaron, porque hacer buena música es costoso, es muy caro hacer una gran canción sale, mínimo, por 4.000 dólares. Y en una clase se ponen 18 temas. Además, de los permisos que hay que pagar para usar otras.

-Dado que van unidos a los ritmos del momento, ¿el tema se complica aún más?

-A veces me toca hacer filtros entre más de 300 temas semanales y luego repartirlos en todo el mundo. Funcionamos de forma legal y con productores propios.

-Además de la música, ¿qué otros atractivos tiene?

-La gente cuando hace ejercicio lo relaciona con tortura, aburrimiento, pereza… Pero, si a alguien le preguntas «¿te gusta la fiesta? ¿el desorden?», te dirá que sí. Yo he tomado esta fórmula de diversión y la he llevado a la sala del gimnasio. La idea es que haga el ejercicio sin darse cuenta, pasándolo bien, con música. No estoy aquí por la vanidad de promocionar: «Baja de peso y siéntete bien», no; sino «ven, mueve tu cuerpo y sé feliz». Con esta receta algo bueno tiene que pasar: unos reducirán kilos, otros están mejor psicológicamente –más felices–, van a zumba en vez de al psicoterapeuta, otros cambian el café por la clase… Al final, es más un cambio de estilo de vida.

-El hábito de cuidarse, ¿ya ha pasado de moda puntual a rutina?

-Si se hace de forma divertida, atrae más y se fija en la vida de las personas. La mayoría de gente aborrece el ejercicio, pero a todo el mundo le gusta la fiesta. He transformado el concepto.

-No todo el mundo puede impartir las clases. ¿Cuál es la red de profesores acreditados que tiene la compañía?

-El número es alto. Puedo hablar de 185 países y unos 175 «máster trainers», a los cuáles se les asigna una región en la que hacen entrenamientos cada fin de semana de formación y herramientas (Básico I y II). Los instructores, tras el primer curso, ya reciben todas las novedades y las clases por correos electrónicos. Pero, también, tiene soporte a través de una plataforma digital. No se trataba de hacer certificaciones en una única sesión (o dos) y ya, sino de una educación continua que se renueva. Yo pasé por ello y siempre necesitas algo que aporte ayuda y apoyo.




Fuente: La Razón

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