No hace tantos años, aunque para algunos parezcan siglos, una cita obligada de las campañas electorales era la visita a los mercados y mercadillos de barrio, lugares propicios para que los candidatos de turno se mezclaran con “el pueblo” y, entre abrazos, carantoñas, promesas y fotografías, intentaran llenar su cesta de votos poco ideologizados. Eso se acabó. Como también están en peligro de extinción los mítines al uso, demasiado evidentes y trillados. En los tiempos de la política acelerada por las redes sociales, los bien pagados gurús de campaña tratan de humanizar a sus candidatos, obligándoles a todo tipo de peripecias televisivas -que luego tendrán sus correspondientes micro relatos en Instagram, Tiwtter, Facebook…-, como dejarse entrevistar por niños que repiten preguntas memorizadas en el programa matutino de Ana Rosa Quintana o bailar junto a Pablo Motos o, como este viernes por la noche hicieron Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal, a visitar la casa-plató de Bertín Osborne para escenificar una charla “de amigos”. Todo vale para vender emociones y colar doctrina de matute.





Osborne, que supo reconvertirse a tiempo de mal cantante de rancheras a campechano galán crepuscular (su tándem con Arévalo no dejaba de ser un homenaje a Pajares y Esteso), había convidado a los cinco candidatos a la presidencia del Gobierno para protagonizar el programa, pero tras declinar la invitación Pablo Iglesias y Pedro Sánchez (quien sí acudió a la cita en 2016 cuando lideraba la oposición y salió peor parado que un Mariano Rajoy que supo explotar su gallega campechanía) se tuvo finalmente que conformar con los tres jinetes del centro derecha (y algo más): Casado, Rivera y Abascal, quienes mostraron, quizá a su pesar, más semejanzas que diferencias.

La primera el uniforme casual escogido para la ocasión: lo

s tres optaron por tejanos azules, camisas de manga larga
(azul cielo, el líder del PP, azul marino, el líder de Ciudadanos, y blanca, el líder de Vox). La segunda coincidencia evidente fue considerar que el riesgo a la unidad de España que supone el embate del independentismo catalán es el principal problema hoy al que se enfrenta la democracia española. Y una tercera área de encuentro: su malestar por las “fake news” de las que dicen ser víctimas de forma habitual.

Con su tono campechano y ese deje guasón que genera tantas pasiones como críticas por impostado, Osborne empezó el programa con una disculpa por la ausencia de los líderes de izquierdas -”es un decisión que lamento”- y una justificación que sonó a velada crítica al cuarto poder: “no soy periodista, preguntaré de cosas que interesan a la gente”. Y lo cierto es que preguntó y mucho. A la manera y semejanza de wikipedia: de forma superficial y con generalidades que difícilmente podían haber incomodado a los tres dirigentes.





Evitó, así, abordar con Casado la polémica sobre los dudosos máster que adornaban su currículum, que tanto daño le hizo en sus primeros compases como presidente del PP, y que para su desgracia ha conseguido que planee sobre él la duda respecto a esa solidez intelectual que ensalzan sus allegados. También pasó el presentador de puntillas sobre el intento de pucherazo en las primarias de Ciudadanos para la Junta de Castilla y León protagonizado por la candidata que defendía Rivera. Como se olvidó de las oscuras fuentes de financiación de Vox en sus orígenes o la incorporación a sus filas de personas condenadas por haber participado en agresiones ultras.

Un fair play mal entendido que no evitó momentos interesantes, como cuando Osborne, cuyo casoplón puede competir sin complejos con la Villa Tinaja de la pareja podemita, logró que los tres dirigentes abordaran algunos aspectos íntimos de su vida. Casado por ejemplo se sinceró sobre la dura experiencia vivida con el nacimiento prematuro de su segundo hijo -”las pasamos canutas”- y como este hecho le acabó uniendo de forma especial con Pablo Iglesias e Irene Montero -”son unos padrazos”- que pasan ahora por una situación parecida con sus dos hijos.

A Rivera Osborne intentó descolocar preguntándole por la cantante Malú, con quien se ha relacionado sentimentalmente en las últimas semanas tras la ruptura con su anterior pareja. Un esfuerzo en vano. El líder liberal, siempre celoso de su vida privada incluso con gente de su entorno próximo, se salió por la tangente y dijo sentirse “muy orgulloso de vivir en un país” en el que la gente puede estar o casarse con quien le apetezca sin dar explicaciones, develando que a pesar de tener una hija él nunca ha contraído matrimonio. Por ahora.





Mientras que al líder de Vox, Osborne logró emocionarlo al hablar de la huella que el terrorismo de ETA dejó en él y su familia, con tres intentos de asesinato frustrados contra su padre y la quema del negocio familiar en Amurrio, una tienda de ropa llamada Novedades Abascal, en 1999.

Al final del programa fue el turno de las preguntas tipo cuestionario, que evidenciaron la afinidad y predisposición a pactar el futuro gobierno que tienen entre ellos Casado y Rivera, quienes sueñan con no necesitar los votos de Vox tras el 28-A. Los tres, además, admitieron verse como futuros inquilinos de la Moncloa. Pura autoestima y ambición. Asimismo detallaron la primera medida que tomarán si son presidentes de España. Casado: bajar los impuestos y obligar al independentismo a cumplir la ley; Rivera: un pacto nacional por la Educación; Abascal: hacer cumplir la ley en Catalunya.

Si Osborne pareció en un primer momento guardar una mejor relación con Rivera, quien ya había participado en el programa en la campaña electoral de 2016, a medida que avanzaba el programa pareció caer seducido por el discurso y la naturalidad de niño bien y responsable de Casado (no dijo que lo votaría pero poco le faltó), que contrastaba con la necesidad de Rivera de estar siempre en guardia, como esperando un ataque a traición; pero también se notó a Osborne cómodo con la sinceridad algo naive de Abascal, el menos “político profesional” de los tres y que, si hacemos caso al veredicto de las redes sociales, fue el que más voluntades ganó de caro al 28-A con su cita en Can Bertín.








Fuente: LA Vanguardia

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