Uncategorized

El último vuelo de Aerosmith


El nombre de Aerosmith estará para siempre ligado a los excesos. Aunque por el conjunto de sus discos no sean la banda más interesante de la historia, al quinteto de Boston se le pueden reconocer varios méritos: primero, un puñado de buenas canciones («Dream On», «Nobody’s Fault», «Back in The Saddle»), en segundo lugar, una habilidad innata para encontrar el éxito comercial y en tercero, haber sido la síntesis de un tiempo y de unos valores, los del rock de estadios, ese momento en el que hasta la radio se congració con el heavy. Arquetipos del llamado «adult oriented rock» (AOR) con sus baladas épicas (¿no son demasiado parecidas «Cryin’» y «Amazing»?) y sus temas emocionales y energéticos, lograron llevarse a las masas. Claro que también pagaron los peores vicios de ese paradigma. Después de 40 años, Aerosmith han anunciado que se disuelven. Su gira de despedida les trae a Madrid y Barcelona (Rock Festival, 2 de julio) para una última noche de rock.

Respuesta americana

A los de Boston se les presentó como la respuesta americana a los Rolling Stones. Además, el parecido físico entre Steven Tyler y Mick Jagger por un lado, y Joe Perry con Keith Richards por el otro, parecía favorecer comparaciones, aunque en realidad estaban a años luz. Esa dialéctica entre las dos orillas del Atlántico les impulsó a dar una versión del rock con cierto boogie pero a un volumen infernal. Sus primeros discos, «Aerosmith», «Get Your Wings», «Toys In The Attic» y «Rocks» les auparon al trono de las listas de ventas. Sus giras multitudinarias y su tremendo directo incluso les permitió conquistar Reino Unido, donde la percepción sobre los sonidos estadounidenses no pasaba de productos mediocres. Sin embargo, demasiado pronto perdieron la cabeza. En las curiosas memorias de Steven Tyler («¿Acaso molesta el ruido que retumba en mi sesera?», Malpaso) el bostoniano nacido Steven Victor Tallarico, reconocía haber esnifado varios millones de dólares entre otras costumbres un tanto medievales. Hay que agradecerle a este tipo de conductas y otras obscenidades como helicópteros, mansiones, limusinas y demás, el nacimiento de una escena alternativa y underground (el hardcore y el indie) que tuviera como único principio negar los desmanes del capital.

Quizá por los vicios o por cierto agotamiento de su fórmula por culpa de una industria enloquecida, sus discos siguieron vendiendo millonadas pero el contenido dejaba mucho que desear. Los miembros de la banda ingresan en clínicas de rehabilitación (y estamos hablando de los primeros ochenta) y varios, Joe Perry y Brad Whitford abandonan el grupo. Cuando peor estaban las cosas llegó un golpe de suerte inesperado. El hip hop eclosiona y se convierte en fenómeno de masas, y en una jugada que beneficiará a las dos partes, Run DMC eligen un solo de guitarra de Aerosmith, el de «Walk This Way», para ser la base de su nuevo tema. La MTV estaba en pleno despegue y el éxito fue colosal: blancos y negros unidos en la causa musical. Fue este tema de rap el que les permitió volver a reunir sus piezas y reinventarse en «Permanent Vacation (1988). Hasta el cambio de siglo siguieron en racha: baladones como «Crazy», «Angel» y «I Don’t Wanna Miss A Thing» volvieron a proporcionarles millones de dólares. Su olfato no decayó a la hora de elegir apariciones en películas y series, pero tampoco se rebajó su gusto por las adicciones. Tyler ha entrado y salido de clínicas (y estamos hablando de 2009), ha perdido los estribos en alguna ocasión y admitido tener recuerdos bastante borrosos sobre aquellos años. Esperemos, en cambio, que dejen uno imborrable en España.




Fuente: La razon

Comentar

Click here to post a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *