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El tirón de Alemania maquilla la ralentización de la eurozona | Economía


Las alineaciones planetarias son cortas e inusuales. Ni siquiera son matemáticamente perfectas. La economía europea ha vivido en los últimos años algo parecido a ese fenómeno: el euro cayó favoreciendo las exportaciones, el petróleo barato redujo la factura energética, y las compras de deuda a gran escala del Banco Central Europeo desatascaron el grifo del crédito bancario. Ello se tradujo en un 2017 espléndido, con el mayor crecimiento de la última década. Aparentemente superados los tiempos de soluciones extraordinarias a problemas extraordinarios —la Gran Recesión y su legado—, la conjunción astral que impulsó la actividad también se dispersa: la zona euro sigue creciendo, pero a menor ritmo, e intercambia los vientos de cola por un nuevo surtido de riesgos políticos. De aroma transatlántico en el frente externo: Trump y la guerra comercial. Trump y la depreciación de la lira turca. Trump y la amenaza de sanciones a empresas presentes en Irán. E inequívocamente italiano en el interno: Italia y la deuda. Italia y el déficit. En definitiva, Italia y su desafío a la UE por el aumento del gasto.

Las previsiones económicas de verano de la Comisión Europea ya advirtieron de que la actividad estaba avanzando por debajo de lo esperado. Bruselas rebajó en junio dos décimas la predicción de crecimiento para este año hasta situarla en el 2,1%. Ahora, la agencia estadística europea confirma el bache pese al tirón de Alemania. Berlín creció entre abril y junio un robusto 0,5%, por encima de lo esperado, y las autoridades germanas han corregido al alza una décima el repunte del primer trimestre, finalmente del 0,4%. La locomotora de Europa esquiva por ahora la incertidumbre por las andanadas comerciales de Estados Unidos, y toma aire gracias al aumento del gasto doméstico y del Estado. En el lado opuesto, Francia e Italia, segunda y tercera economía de la eurozona, quedan rezagadas, a la cola de los Diecinueve, con una pírrica mejora del PIB del 0,2%. En el caso de París, las autoridades culpan a la huelga de transporte del mal dato. Mientras que Italia acumula un largo historial de estancamiento del que no consigue levantar cabeza.

Al extrapolar los números al contexto global, Europa queda mal parada frente al empuje de Estados Unidos. La economía norteamericana creció un 1% en el segundo trimestre, más del doble que la zona euro. Sin embargo, hay analistas que estiman que no hay motivos para la alarma. “El crecimiento europeo sigue siendo sólido. Más equilibrado que en los últimos años, apoyado por el crecimiento del consumo y el empleo”, afirma Gregory Claeys, economista del think-tank Bruegel. Durante la recuperación, el desempleo se ha reducido en más de cinco millones de personas en los Diecinueve, la mayoría en España, si bien persisten bolsas de desigualdad y pobreza por todo el continente.

Sobre el nuevo ritmo de crucero, más lento que el de 2017, pesan todavía diversos factores cuya incidencia final está por determinar. “El sentimiento general de los actores económicos se está deteriorando por las tensiones comerciales provocadas por Trump, la inestabilidad política en países como Italia, el posible endurecimiento de la política monetaria del BCE, la subida en los precios de los carburantes y las posibles consecuencias de un Brexit sin acuerdo”, afirma Miguel Otero, investigador del Real Instituto Elcano.

El tirón de Alemania maquilla la ralentización de la eurozona

La última gran preocupación viene de Turquía y la caída libre de su moneda, la lira. La exposición de la banca europea al país emergente ya está siendo vigilada por el BCE. Y el riesgo de contagio a otras divisas está sobre la mesa. El runrún de los mercados ha llegado incluso a Italia, donde uno de los hombres fuertes de la Liga, Giancarlo Giorgetti, ha llegado a afirmar que espera un “ataque especulativo” contra su país a finales de este mes aprovechando la menor actividad bursátil. Todavía queda muy cerca en el recuerdo los arreones de la prima de riesgo italiana ante la formación de un Ejecutivo de corte xenófobo-populista, y las más que probables diferencias entre Bruselas y Roma sobre el nuevo presupuesto italiano pueden reactivar ese frente. “A corto plazo la mayor preocupación es Italia. El nuevo gobierno va a intentar ir contra la ortodoxia de la reducción de deuda imperante en Bruselas y Berlín y podemos encontrarnos con un choque de trenes mayor que el del casi-Grexit de 2015”, alerta Otero. Italia es el segundo país más endeudado de la UE solo por detrás de Grecia, con un pasivo que representa casi un 132% del PIB.

En el frente exterior, los mandatarios comunitarios siguen citando la guerra comercial entre los mayores riesgos para el crecimiento. Europa ha celebrado aliviada el acuerdo entre el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, y su homólogo estadounidense, para contener la escalada arancelaria, pero los nubarrones no han desaparecido. Para Ángel Talavera, de Oxford Economics, el pacto no neutraliza la política proteccionista de Trump. “La amenaza de guerra comercial sigue y seguirá presente. Por lo pronto, los aranceles entre EEUU y China ya están teniendo impacto en los pedidos de exportación, y en lo que respecta a la UE directamente, aunque el acuerdo supuso una tregua inesperada, no se puede decir de ningún modo que los peligros hayan desaparecido. El acuerdo fue muy vago”.

En el conjunto de la UE, los países del bloque del Este, liderados por Rumanía, Eslovaquia, Hungría y Polonia encabezan las tasas de crecimiento con avances cercanos al 1% en el segundo trimestre. España está por encima de la media, aunque pierde momentum y cae una décima hasta el 0,6%. Mientras, Reino Unido, sumida en unas inciertas negociaciones para salir de la UE, remonta y crece al 0,4%, el mismo ritmo que la suma de sus socios.




Fuente: El país

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