El Tesoro anunció ayer su nueva previsión de emisiones de deuda para este año, que va a ser superior en 100.000 millones a lo previsto ante el gran impacto económico de la pandemia del coronavirus. El organismo prevé un volumen total de colocaciones en 2020 por 297.000 millones de euros y una vez descontado el efecto de los vencimientos, la emisión neta de deuda será de 130.000 millones de euros. Pero no tendrá por qué ser todo apelación al mercado. El Tesoro también cuenta con otras alternativas, en especial el fondo europeo para ayudas al desempleo (SURE), dotado con 100.000 millones y del que España podría recibir 15.000 millones.

Las nuevas previsiones del Tesoro llegan después de que el Gobierno haya anunciado que para 2020 se prevé una caída del PIB del 9,2% y un incremento del déficit público del 10,3%, con la deuda pública disparada al 115,5% del PIB, desde el 95,5% del cierre del pasado año. Aunque los nuevos objetivos del Tesoro también dejan un margen en función de cómo evolucione el ejercicio y sin que se haya concretado aún a cuánto ascenderá el préstamo a la Seguridad Social.  «Desde luego que esperamos un incremento significativo desde los 13.800 millones vigentes aún del presupuesto de 2018», reconocen fuentes de Economía. Algunas previsiones ya avanzan que el déficit público podría ser muy superior si la recuperación es lenta en el segundo semestre o si hay un rebrote del virus en otoño, como augura la Airef en ese caso.

En Economía añaden que los nuevos cálculos de necesidades de financiación son «conservadores» y que contemplan la contribución de los recursos del SURE. Así, los 130.000 millones de emisión neta podrían verse reducidos en 15.000 millones procedentes de ese fondo, que sí computarían como deuda aunque rebajarían la necesidad de captación del Tesoro. Esa cuantía permitiría de hecho cubrir lo presupuestado este año para las prestaciones por desempleo asociadas a los ERTE, que alcanza los 17.894 millones, según el Programa de Estabilidad 2020-2021.

Las nuevas previsiones también contemplan una mayor contribución de los préstamos del BEI aunque no una apelación al MEDE ni al fondo de reconstrucción que se está debatiendo en la UE y sobre el que aún no está definido si será bajo la fórmula de transferencias o préstamos.

Ante el desafío de captación de financiación que se presenta para el conjunto del año, el Tesoro ha acelerado las colocaciones de deuda. En los dos últimos meses ha realizado dos emisiones sindicadas en las que ha captado 25.000 millones de euros y ha elevado al máximo los objetivos de emisión de las subastas ordinarias. El resultado es que se ha alcanzado ya el 55% del nuevo objetivo de emisión en bonos y obligaciones del conjunto del año, un porcentaje incluso superior al 53% alcanzado por estas fechas el año pasado.

«Tendrían que subir mucho los tipos de interés para que llegue a subir la carga de intereses de la deuda este año», añaden fuentes de Economía. Así, pese a que el coste de emisión de la nueva deuda ha subido al 0,3% este año, una décima más que en 2019, el coste medio del total de la deuda está en mínimos históricos del 2,02% y se mantendrá este ejercicio en el filo del 2% o incluso por debajo, según prevén en el Tesoro..

En el organismo no esperan por tanto que el acceso al mercado vaya a complicarse en la segunda mitad del año, a pesar del aumento del coste de financiación y de la creciente competencia entre los estados para captar financiación con la que combatir la crisis.»El nivel actual de prima de riesgo nos parece excesivo, a medida que se haga la desescalada debería volver a los niveles de 100 puntos básicos», aseguran.

En la jornada de ayer, el Tesoro volvió a salir al mercado y ha captado 6.937 millones de euros a plazos entre tres y 46 años. La demanda conjunta ha ascendido a 10.640 millones de euros. El organismo de financiación del Estado ha sido capaz de poner en el mercado la deuda más larga de la que dispone: un bono a medio siglo. Ha vendido 1.348 millones de euros, con una demanda de 1.500 millones, y a un tipo de interés del 1,691%. Esos bonos, que son la continuación de una emisión realizada en 2018, expiran en 2066, un plazo que por su larga duración queda fuera del radar de las compras del BCE.

A pesar de que el ratio de cobertura sobre lo ofertado ha sido inferior en el bono a 50 años respecto a la subasta anterior, en el Tesoro insisten en el apetito inversor por la deuda española. «Tenemos pleno acceso al mercado», aseguran.




Fuente: El país

A %d blogueros les gusta esto: