Todos los bebés llegan al mundo con una forma de comportamiento que determina cómo reaccionan ante las situaciones, y cómo expresan y regulan sus emociones. Una combinación única de nivel de actividad, adaptabilidad, sensibilidad y estado de ánimo, que conlleva la forma en la que responden primero y muy importante, en su núcleo familiar y la posterior unión entre sus miembros. Y, en estos momentos de confinamiento, más unidos, a todos los efectos, quizás, se pongan más en evidencia muchos de los rasgos temperamentales de los niños pequeños, pero también, de los bebés, unas características que serán la llave de su personalidad en la edad adulta.

Y es que, en un nuevo estudio realizado por neurocientíficos, y publicado por el National Institutes of Health (NIH) acaban de descubrir cómo el temperamento infantil es un poderoso predictor de la personalidad durante más de 20 años después en la vida de un niño. Pero, primero ¿cómo podemos definir exactamente el temperamento, y cuáles son las sutiles diferencias entre la personalidad y el carácter? Para el psicólogo y catedrático de la UCM Ángel Izquierdo, la expresión “temperamento” se relaciona estrechamente con las bases biológicas o constitucionales de la personalidad, y afirma, apoyándose en las teorías del reconocido psicólogo americano Gordon Allport “El temperamento, al igual que la inteligencia y la constitución corporal, constituye una especie de material bruto que acaba por conforman la personalidad. El temperamento se relaciona con el clima bioquímico o tiempo interior en el que se desarrolla una personalidad, y el carácter es el resultado de actuar sobre la materia prima mediante la interacción con el entorno y las personas que nos rodean”, explica.

De esta forma, ahora, este nuevo informe, dirigido por el neurólogo y jefe de la Sección de Desarrollo y Neurociencia Afectiva del National Institute of Mental Health (NIMH), el Dr. Daniel Pine, ha llegado un poco más allá, al descubrir que, durante la infancia, el temperamento constituye la base de la personalidad posterior del adulto. “La inhibición del comportamiento, la tendencia a experimentar angustia y a retirarse de situaciones, personas o entornos desconocidos en la infancia, predice una personalidad más reservada e introvertida a los 26 años”, explica el experto. De esta forma, se deduce que los temperamentos menos inhibidos, conllevarán personalidades más extrovertidas.

Niños inhibidos, serán adultos introvertidos

El estudio ha examinado cómo la inhibición del comportamiento o Behavioral inhibition (BI) se caracteriza por un comportamiento cauteloso, temeroso y evitativo hacia las personas, los objetos y las situaciones desconocidas, y en la investigación han descubierto cómo la BI es relativamente estable en la infancia. “Los niños con BI tienen un mayor riesgo de desarrollar desórdenes sociales y trastornos de ansiedad que los niños sin BI, esto se debe a que en este estudio hemos evaluado el temperamento muy temprano en la vida de un niño, incluso, de los bebés, vinculándolo con los resultados que les ocurrieron más de 20 años después a través de sus diferencias individuales en los procesos neuronales», agrega el Dr. Pine.

Por otro lado, el estudio destaca la naturaleza duradera del temperamento temprano en los resultados en adultos y sugiere que la negatividad relacionada con el error, pueden ayudar a identificar a las personas con mayor sensibilidad a los errores. De esta forma, Nathan Fox, del Departamento de Desarrollo Humano y Metodología Cuantitativa de la Universidad de Maryland, y coautor del estudio afirma que «Hemos estudiado la biología de la inhibición del comportamiento a lo largo del tiempo, y está claro que tiene un profundo efecto que influye en el resultado del desarrollo», concluye. Ahora, y según aportan estos expertos, solo queda aplicar estos resultados, con la ayuda de más investigación, en beneficio de las personas.

Puedes seguir De mamas & de papas en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.




Fuente: El país

A %d blogueros les gusta esto: