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El solar del hotel de Drassanes se convierte en un narcocampamento


El solar del Praktik se convirtió en un narcocampamento. El gobierno de la alcaldesa Ada Colau lleva todo el mandato empecinado en no otorgar la licencia de obras a los propietarios de este solar de las Drassanes para que puedan alzar aquí un hotel.

Los promotores alegan que hace casi cuatro años que pidieron la licencia de obras, que esquivaron la moratoria hotelera y las restricciones que luego impuso la aprobación del Plan Especial Urbanístico de Alojamientos Turísticos (Peuat). A pesar de ello, entre los comunes, frenar la construcción del Paktik se convirtió en un símbolo de la lucha contra la gentrificación y la masificación turística. La cuestión aún se está dirimiendo en los tribunales.






Personas que vivían en narcopisos se trasladan a este descampado

Y el solar a merced a las dinámicas del Raval es ahora el hogar de una veintena de desheredados de la fortuna, de consumidores de estupefacientes, de vendedores de dosis de heroína a apenas cinco euros… Ya nadie viene a jugar al ping-pong en las mesas que años atrás dispuso elAyuntamiento de Barcelona para que el lugar no quedara del todo desangelado, para que los vecinos disfrutaran alegremente de este espacio a tiro de piedra de la Rambla y e Paral·lel.

“Llegamos hace tres meses, cuando la policía cerró un montón de narcopisos del Raval –relata H., quien lleva la voz cantante, entre los desheredados–. Yo llevaba uno ¿sabes? Como me lo quitaron tengo que vender aquí”. H. remata cada una de sus frases dándole un pequeño golpe a su interlocutor en el pecho. En las mafias de los narcopisos el encargado del menudeo es el último eslabón. Quien de veras se beneficia apenas se acerca al punto de venta. “Además, en los narcopisos también vivía mucha gente ¿sabes? Ahora no tienen dónde ir. Tienen que venir aquí. Unos cuantos lo organizamos todo, para que no se pinchen en cualquier sitio, no roben, no la líen… Aquí hay de todo: marihuana, cocaína, heroína, speed… y viene gente de todo tipo, ¿sabes? y si alguien la lía la policía se nos echaría encima ¡Mira a ese idiota!, se va a enterar el italiano este…”.


Los propietarios solicitaron permiso de obras en el 2015, que ha sido denegado

Media docena de tiendas de campaña se suceden en el fondo del solar, entre cartones, colchones, muebles desvencijados… bajo las vigas que apuntalan un inmueble con las ventanas tapiadas. Los promotores del hotel Praktik ya dirigieron al distrito de Ciutat Vella varias escritos reclamando la licencia de derribo de esta ruinosa finca. No quieren que ser los responsables de una desgracia. La comunidad de propietarios de la finca colindante, la del número 9 de la calle Cid, también muestra su preocupación por el estado del solar y del maltrecho edificio vecino.Explican que las lluvias de hace unos meses que provocaron inundaciones en el Raval también afectaron a los cimientos de su finca. “Hay mucha humedad y malos olores. Hace unos días tuvimos que pedir a los propietarios que limpiaran el edificio por dentro porque teníamos muchas ratas en la zona y lo hicieron”, añade la presidenta de la comunidad. El Ayuntamiento, sin embargo, también se resiste a facilitar esta demolición. Hasta los graffitis de este inmueble sin uso están gastados. Ni los grafiteros quieren acercarse.





El suelo está atestado de restos de útiles propios del consumo de drogas por vía endovenosa: envoltorios de jeringuillas, de toallitas desinfectantes, de tarritos que reparten en los centros de ayuda a los drogadictos para que preparen su mezcla en un recipiente limpio… Ahora todos los inquilinos del solar están muy atareados, barriendo desperdicios que vienen y van. Hace un rato vinieron unos cuantos agentes de la Guardia Urbana y les dijeron que se tenían que marchar. Fuentes municipales agregan que al lugar también acuden de tanto en tanto educadores sociales y técnicos del centro de atención a drogodependientes de Perecamps. Tratan de convencerles de que pidan ayuda al sistema sanitario.

En algunos de los negocios de los alrededores, y entre quienes vienen a pasear a su perro en el pipí can de al lado, dicen que los nuevos vecinos no ocasionan muchos problemas. “Los pobres están hechos una porquería, muy degradados –explican en un bar cercano–. Algunos vienen a comprar sus cosas y luego se van a toda prisa. Otros no pueden esperar, se drogan ahí mismo y se quedan tirados en las mesas de pin pon, un montón de rato… De vez en cuando se acercan algunos guardias urbanos por la mañana, los despiertan y les dicen que se tienen que marchar. Entonces recogen un poco, se largan y al cabo de unas pocas horas regresan”. “O remolonean tanto tiempo que se les olvida que la policía les dijo que se marcharan y se quedan ahí, alucinados”, añaden en el pipí can. “Vienen y van todo el rato. La verdad es que es muy triste. Al final lo que te produce todo esto es mucha tristeza. Es una pena”.





“Al italiano no le dejamos instalarse dentro del solar porque cuando bebe se pone muy pesado, ¿sabes? –prosigue H. mientras baja la cremallera de la tienda de campaña del italiano–, y al idiota no se le ocurre otra cosa que poner la tienda en el parque donde la gente pasea a los perros ¡Es que quieres que nos echen a todos para siempre, tío!, ¿no viste que la policía vino hace un momento”. El italiano, muy desconcertado, asoma la cabeza. Su perro ladra.








Fuente: LA Vanguardia

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