Hemos vivido más emociones en 48 horas de Copa del Rey que en media temporada de Liga y Champions porque el torneo del KO –así la llamaban los titulares del ayer– es la bohemia del fútbol, el desespero de los entrenadores y el gozo de los golfos, que son los románticos sin pareja.

Cuando Leo Messi falló un gol cantado a quince minutos del final, –llamado a sedar la eliminatoria–, cualquier aficionado hubiese tenido que gritar: ¡viva la Copa! En estos tres partidos de vuelta de cuartos de final todos han jugado a la ruleta y, como siempre, unos han ganado y otros han perdido, pero ninguno sin dejarse la piel.

Los cuartos de final han sido una rebelión contra la prudencia y la leyenda de la Liga de Campeones (ojalá Montilivi se apunte al carro). El madridismo ha hecho creer en este país que sólo cuenta la Copa de Europa, lo cual puede ser cierto financiera y televisivamente, pero la Copa del Rey se niega a ser comparsa.

Getafe, RCD Espanyol y Sevilla han caído como caían los soldados del Séptimo de Caballería en los cines de barrio, y Barça, Valencia o Betis están en semifinales porque el fútbol se resiste –¡a Dios gracias!– a convertirse en un negocio de jeques, de casas de apuestas online ubicadas en Gibraltar o de fondos de inversión.

Ahí queda eso. El Barça acabando bien lo que empezó mal en Sevilla y sin el Messi más fino. El Barça en semifinales gracias a un portero suplente que ya sabe lo que es el cariño verdadero del Camp Nou, entregado anoche y sin la cicatería de los partidos de Liga. El tesón alocado de Luis Suárez. Y ese gol de Messi para que no se diga. Seis a uno.

Los partidos pesan en las piernas cuando se juega por rutina laboral. El Barça no dilapidó anoche esfuerzos y se pegó una juerga, y las juergas ni son malas, ni hacen daño ni se acaba por llorar. Las juergas roban sueño, pero dan vida. Y de esta eliminatoria copera, sale un Barça reforzado para el camino a la final de Madrid.

El Espanyol tampoco salió malparado pese a la eliminación. No salió a verlas venir –¿hay algo más lamentable que entrar al campo o a la vida a verlas venir?– sino a llevarse la eliminatoria. Así no va a pasar angustias porque un equipo que planta cara y juega como anoche ante el Betis es carne, pero no de segunda.

Y ese épico final de Mestalla donde el Getafe, un equipo modesto con diez jugadores sobre el campo –así terminó también los 90 minutos el Espanyol–, desperdició un gol en el tiempo añadido y encajó el 3 a 1 en la jugada siguiente.

Quien desprecia la Copa no tengo muy claro que le guste el fútbol. El fútbol no se consume, se vive.




Fuente: LA Vanguardia

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