El espacio político heredero de Convergència está en plena ebullición. Vuelan cuchillos de hojas afiladas envueltos en maquiavélicas estrategias, cambiantes a cada día que pasa. La galaxia cercana a Carles Puigdemont, más radical en el fondo y en la forma, intenta barrer al sector del PDECat, de sesgo moderado y posibilista, que se resiste como puede.

Los fieles a Puigdemont cuentan a su favor con el carisma del president “en el exilio” y con las posiciones de poder que éste ha ido ganando desde su marcha a Bruselas en tres asaltos bien definidos. El primero fue la composición de la lista a las elecciones catalanas del 21 de diciembre del 2017. Puigdemont la confeccionó prácticamente a dedo, con personas de su entera confianza, sin contar con el PDECat. La segunda embestida fue la defenestración de Marta Pascal en el congreso de julio del año pasado, que pagó así su pactismo en Madrid y el apoyo a la moción de censura que llevó a Pedro Sánchez a la Moncloa. En ese golpe de mano, Puigdemont colocó a sus peones en la dirección del partido. Ahora viene la acometida definitiva, la del control del grupo parlamentario en el Congreso y el Ayuntamiento de Barcelona mediante la formación de las listas.

La lucha intestina por el dominio de esas candidaturas está siendo brutal. Y, en especial, para las generales del 28 de abril. Desde Waterloo se apuesta por desbancar a los diputados que han llevado en los últimos años el peso del PDECat en la política española, encabezados por Carles Campuzano y Jordi Xuclà, artífices de la moción de censura junto a Pascal, y a otros considerados poco afines a Puigdemont, para sustituirlos por fieles como Miriam Nogueras o Eduard Pujol. Los críticos, los catalogados como moderados, participaron ayer en las primarias del partido para postularse como candidatos y que sea la dirección la que los aparte de manera unilateral. Incluso Campuzano se postuló ayer para encabezar la lista o, si el primero es uno de los dirigentes presos, ir segundo.

Los afines a Puigdemont estudian la posibilidad de colocar a varios de los políticos encarcelados en la lista, como Jordi Turull o Josep Rull, para copar así puestos correspondientes al PDECat. De hecho, el número uno todavía está en discusión y podría ser Jordi Sànchez, el líder de facto de la Crida, el nuevo partido que ideó Puigdemont con el objetivo de que agrupara a todo el independentismo y en el que se han refugiado algunos de los más combativos seguidores del expresident. Acabe como acabe la pelea interna, será imposible confeccionar una lista sin que se profundice en las heridas que ya están abiertas.

La batalla de los nombres es vital para la política española porque definirá qué hará el grupo parlamentario del PDECat en el hipotético caso de que Pedro Sánchez gane las elecciones y necesite su apoyo para ser investido presidente del gobierno.Puigdemont y los suyos ponen como condición para dar su voto que se reconozca el derecho de autodeterminación como opción posible para encontrar una salida al conflicto catalán, aun a costa de provocar un bloqueo e incluso una repetición de las elecciones.

La candidatura europea es otro escenario de disputa, ya que se ha reabierto la posibilidad de que el propio Puigdemont se postule como candidato. Tiene como inconveniente que se dividiría el voto independentista entre él y Oriol Junqueras. Pero si fuera elegido, podría abrirse un conflicto político con ecos en el corazón de Europa, ya que sería parlamentario europeo electo hasta julio, cuando se constituye la Eurocámara y se le denegara el acta. Además, si Puigdemont diera el paso, pondría en apuros al PDECat, que ha acordado con el PNV concurrir conjuntamente a las europeas. Los peneuvistas son favorables a esta alianza porque les permite recabar electores en Catalunya, pero no desean ir de la mano de Puigdemont ni tampoco de la Crida.

Todo está abierto. Las maniobras son constantes, y los nombres pueden variar. Lo que no va a cambiar es la fractura interna sobre el papel que ejercer en la política española después del rechazo al presupuesto del PSOE que propició el fin de la legislatura. Una división que añade incertidumbre al escenario postelectoral y a la que hay que añadir la posición de ERC, que también es partidaria de situar el derecho de autodeterminación como condicionante de una posible investidura de Sánchez.


La candidatura de Barcelona

Meses lleva el PDECat para confeccionar su lista electoral para el Ayuntamiento de Barcelona. Aún está por cerrar, pero parece que la composición que se configura es el exconseller en prisión Joaquim Forn como número uno, seguido de la consellera Elsa Artadi de dos, la exconsellera y ganadora de las primarias del PDECat Neus Munté como número tres y, probablemente, Ferran Mascarell como cuatro. El exsocialista, no obstante, mantiene el suspense, ya que esta próxima semana pronuncia una conferencia como candidato independiente. Y también remolonea Artadi, que a veces amenaza con echarse atrás, sin acabar de decidirse.


Valls y la concejal Carmen Andrés

Manuel Valls, candidato a la alcaldía de Barcelona, buscaba desde hace algún tiempo un fichaje socialista que le permitiera vender una lista transversal, más allá de Ciudadanos. También para acercarse a los votantes de los barrios más maltratados de Barcelona, en los que ha centrado sus visitas en las últimas semanas. Hizo varios tanteos, entre ellos uno que reunía algunas de esas premisas: era mujer, socialista y de Nou Barris. Se trata de la concejal del PSC Carmen Andrés. Pero ella rechazó la oferta. Finalmente, se ha incorporado a su lista Celestino Corbacho, que desde hace tiempo mantiene buena relación con miembros de Ciudadanos en l’Hospitalet.


¿Hay demasiadas elecciones juntas?




Total votos: 0




Fuente: LA Vanguardia

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