Los últimos quince años hemos vivido un cambio en el estilo educativo para nuestros hijos. Hemos pasado de un sistema vertical en el que el padre, madre o maestro siempre tenían razón, a un sistema también vertical en el que el niño siempre la tiene. Es decir, hemos pasado del autoritarismo a la permisividad. Ambos estilos educativos no son respetuosos: el primero no lo es con los niños, en el segundo no lo es ni con los padres ni con los niños.

A mí me gustaría explicar que es la educación democrática, la disciplina positiva y por qué es importante educar en calma a nuestros hijos.

Autoritarismo o permisividad, ninguno es respetuoso

Parece que el autoritarismo ya no está de moda, aunque son muchas familias las que aún funcionan con premios, castigos, chantajes y amenazas. Es un estilo educativo que deja al niño o a la niña en una posición en la que parece que no sabe nada, todo hay que decirlo, necesitan muchos sermones y que controlemos todo lo que hacen. Además, las cosas se hacen “porque lo digo yo, y punto”. Esto, que en el momento nos funciona, crea distancia con nuestros hijos, falta de confianza en nosotros mismos (si ni nuestros padres confían en nosotros, cómo hacerlo uno mismo), incapacidad porque todo me lo tienen que decir y no saber tomar decisiones por mi mismo.

La permisividad, en un amago de intentar mira más a la infancia y dotarla de poder, ha cambiado los papeles y hemos pasado a un “puedes hacer lo que quieras”, lo que hace que los niños no tengan límites, piensen que son merecedores automáticos de todo, no tienen ninguna tolerancia a la frustración y hay una falta de respeto a los padres que se ve a simple vista, y también hay una falta de respeto a los niños porque no se les está proporcionando la seguridad que necesitan a través de los límites y el acompañamiento propio que necesita la infancia.

Educación democrática, educar para ser, educar para la vida

Cuando hablamos de una educación democrática, estamos hablando de proporcionar a las familias entornos en los que haya libertad, poder elegir, poder proponer y también orden, estructura. Es lo que en Disciplina Positiva, la metodología educativa propuesta por Jane Nelsen y Lynn Lott allá por los años 80 del pasado siglo, llamaron amabilidad y firmeza.

Llevamos unos años en los que parece que está de moda la Disciplina Positiva y sus raíces, realmente, las encontramos en la Psicología Individual de Alfred Adler y tiene cien años. En ese momento, Adler fue la primera persona que nos habló de educar a los niños con la dignidad y el respeto que toda persona merece. Y esto no era darles la razón en todo o hacer lo que ellos quieran. Significa no tratar a los niños como ciudadanos de segunda, sino comprendiendo que todo lo que hacemos o dejamos de hacer con ellos tiene un impacto, implica educar con dignidad, es decir, sin gritos, castigos, premios, chantajes o amenazas. Y significa entender que todo ser humano necesita sentir que es importante, que es valioso y que contribuye en el entorno en el que está, ya sea el hogar, el aula, el equipo de fútbol.

Educar en calma es necesario para las familias

Es natural pensar que el ser humano ha llegado hasta aquí sin necesidad de hacer cursos para ser padres y “no hemos salido tan mal”. Sin embargo, es verdad que la sociedad ha cambiado, nuestra forma de vivir es diferente: vivimos en general más distanciados de la familia, con trabajos que ocupan gran parte de nuestro día y con un grado de exigencia por nuestra parte para hacerlo lo mejor posible ya que la neurociencia nos informa de las consecuencias de ciertas conductas educativas. Todo esto unido a que hemos olvidado cómo son los niños, qué cosas son normales en sus comportamientos y no sabemos utilizar herramientas que sean respetuosas con los niños y también con nosotros como padres, ha provocado que cada vez haya más formaciones dirigidas a familias.

Educar en calma es necesario para las familias porque necesitamos entender cómo funciona el cerebro de un niño, comprender si lo que le estamos pidiendo es entendible o demasiado para ellos, necesitamos ver qué estamos haciendo como padres, cómo nos comportamos nosotros, qué modelo estamos dando a nuestros hijos. Y para ello necesitamos estar en calma, cuidarnos, saber que el papel de padre o madre abnegado o culpable está caducado y necesita ser sustituido por las responsabilidad, la coherencia, el sentido común, el sentido del humor, el aliento y el sentimiento de capacidad así como saber que no solo es posible, sino necesario que eduquemos bien y que disfrutemos de nuestros hijos, ya que son nuestro mayor tesoro.

*Elisa Molina es la fundadora de Educar en Calma, un espacio educativo en el que busca cambiar la mirada hacia la infancia. Además, es maestra de Educación Infantil, asesora de familias y coach en Inteligencia Emocional y Montessori.

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Fuente: El país

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