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El riesgo de muerte en un atropello a partir de 30 kilómetros por hora se multiplica por cinco | Tecnología


El riesgo de muerte en un atropello a una velocidad de entre 30 y 50 kilómetros por hora se multiplica por cinco, según un informe del Foro Internacional de Transportes (FIT) para la Organización para la Cooperación y Desarrollo (OCDE). El patinete eléctrico que arrolló mortalmente a una mujer de 90 años en Esplugues de Llobregat (Barcelona) el pasado verano circulaba a casi 30 kilómetros por hora, la velocidad máxima habitual para este tipo de vehículos. A esto se unió la posible distracción del conductor, de quien se investiga si usaba el móvil en el momento del suceso. Todos los factores de este siniestro coincidieron con los de mayor riesgo: posible falta de atención —causa del 80% de los accidentes, según la Virginia Transportation Research Council—, velocidad superior a los 20 kilómetros por hora y un peatón implicado. El 50% de las muertes se registran entre los usuarios más vulnerables: caminantes, ciclistas y motociclistas, según la Organización Mundial de la Salud.

El informe del FIT calcula que una reducción de la velocidad en cinco kilómetros por hora reduce los riesgos de accidentes mortales en un 28%, por lo que esta organización recomienda rebajar los límites en zonas urbanas con intersecciones y con riesgo elevado de colisiones laterales y en áreas urbanas residenciales, donde los vehículos comparten espacio con los usuarios más vulnerables.

“La velocidad inadecuada, aun dentro de los límites, pero sin ajustarse a las condiciones de la vía, el vehículo o el conductor, es un problema de seguridad vial”, concluye el Foro Internacional de Transportes, un organismo dependiente de la OCDE.

La alta velocidad, argumentan los autores del estudio, no solo incrementa la posibilidad de accidente, sino también la severidad de las heridas que se ocasionan. En este sentido, el texto recuerda una evidencia física: “A mayor rapidez, la energía cinética liberada se incrementa al cuadrado de la velocidad”.

Cuando la velocidad aumenta, disminuye el tiempo de reacción y la capacidad de maniobra. El tiempo medio para reaccionar ante un evento inesperado y elegir una respuesta adecuada es de un segundo, un lapso del que no se dispone a partir de 30 kilómetros por hora.

Estos datos han sido ratificados por el Grupo de Investigación Facthum.lab de la Universidad de Valencia, que ha establecido que “la velocidad excesiva reduce el tiempo de reacción, dificulta el control del vehículo y la rectificación de la trayectoria, aumenta la agresividad y el estrés del conductor y altera el funcionamiento sensorial (disminuyendo el campo visual) y el fisiológico (aumentando el nivel de fatiga)”.

Además, según la Dirección General de Movilidad y Transporte de la Comisión Europea, la velocidad es determinante en el 30% de los accidentes mortales, y el exceso de la misma aumenta tanto el riesgo de sufrir accidentes como la probabilidad de sufrir lesiones de carácter grave o muerte.

En el caso de los coches, un estudio de la Dirección General de Tráfico (Informe y análisis sobre la influencia de los sistemas de ayuda a la conducción en la seguridad vial y su aplicación para la clasificación de vehículo) señala que la implantación generalizada de sistemas de asistencia, conocidos como ADAS, reduciría la severidad de los accidentes en un 57% y evitaría 51.000 siniestros y sus consecuencias.

Estos sistemas son los FCW (alerta de colisión frontal), AEBS (frenado automático de emergencia), SLI (indicador de límite de velocidad) y ACC (control de crucero adaptativo). Sin embargo, en el caso de otros vehículos que se están generalizando en el transporte urbano, estos dispositivos son marginales o inexistentes.




Fuente: El país

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