Deporte

El Real Madrid gana en Múnich al Bayern (1-2)


Lucas Vázquez y Asensio son los hombres de la temporada en el Real Madrid, los jugadores que están solucionando los momentos más complicados y que han obligado a Zidane a plantearse un cambio de jerarquía que parece definitivo esta temporada y que tiene pinta que va a marcar el futuro de algunos futbolistas cuando se abra el mercado. Ambos, Lucas, que había empezado de titular y que terminó el encuentro como lateral derecho, y Asensio fabricaron la contra del tanto que puso al Madrid con ventaja. Gracias, también, a un error grave de Rafinha, que se equivocó y sin nadie más detrás dio la pelota a un jugador del Madrid como se da a un compañero.

Y con ese gol, por tercera vez consecutiva, el Madrid salió del Olímpico de Múnich con victoria, como vengando tantas derrotas en años anteriores. En estos últimos años el Madrid ha sido muy superior, como contra el Bayern de Guardiola, muy competitivo, como el curso pasado y sabiendo sufrir, como sucedió en la primera parte.

El Bayern de Heynckes es el más parecido al equipo alemán de toda la vida: un equipo que te aprieta atrás y te obliga a refugiarte, un equipo que no necesita jugar bien para ser superior y que tuvo a Ribery como su futbolista más incisivo. Si en la primera mitad, James era la brújula, moviéndose unos metros más atrás de lo que lo hacía en el Madrid, en la segunda mitad, el francés lo hizo todo. Allí sufrió Carvajal hasta que se lesionó, y allí cumplió Lucas cuando se lesionó Dani. Así aguantó el Madrid durante la segunda mitad, buscando otra contra para aumentar la ventaja, ya con Benzema en el campo. Estuvo espeso en ataque el Madrid, un poco más que el Bayern, pero mostró la madurez del campeón, la personalidad para ganar en uno de los campos más complicados de Europa y que ha convertido en el salón de su casa.

El partido fue más confuso que bueno, con dos equipos respetándose mucho, con la presión muy adelantada y esperando el fallo del rival. El primero que se equivocó fue Marcelo al perseguir un remate de Ronaldo que se iba fuera sin remedio. Cuando quiso darse cuenta y volver a recuperar su posición Kimmich ya estaba centrando y marcando sin querer mientras Keylor Navas espantaba moscas. El portero se redimió después, en la segunda mitad, con dos paradones a tiros de Ribery. El gol del Bayern llegó cuando ya había hecho dos cambios por lesión (uno de ellos, Robben) y cuando mejor estaba el Madrid, cuando había conseguido hacerse con el partido y tocar la pelota como el plan inicial de Zidane preveía.

Se equivocó tanto Marcelo, como acertó más tarde para cazar ese balón que se paseaba por la frontal del área tras un centro de cabeza de Carvajal, un balón bombeado, sin peligro, ante el que nadie supo qué hacer. Ronaldo amagó con una chilena pegado al suelo, nadie despejaba, hasta que la pelota fue bajando y apareció Marcelo para lanzar un cañonazo, raso y perfecto, imposible para Ulreich. Sin ser su mejor partido, algo perdido durante muchos minutos, como si el cambio de Robben le hubiese dejado sin una misión y sin saber muy bien qué hacer, Marcelo salvó al Madrid cuando la primera parte se acababa y el equipo de Zidane vivía una situación típica cuando el conjunto español ha jugado en Múnich: estás atrás, sin explicarte muy bien la razón, temiendo cada balón cruzado y deseando que acabe la tormenta y no estés herido.

Pasó un mal rato el Madrid desde el tanto en contra del Bayern porque no le salía nada de lo planeado. Zidane dio otra vuelta de tuerca y con Ronaldo en plan goleador (aunque no estuvo fino en Múnich), el francés pensó que necesitaba llenar el centro del campo, aprovechar el trabajo de Lucas Vázquez para ayudar a Carvajal y prescindir de Benzema hasta la segunda mitad del choque.

Los mejores momentos del Madrid llegaron cuando el Bayern cedió un poco en su entusiasmo al principio y los jugadores del centro del campo pudieron juntarse para sumar posesiones más largas. Le faltaba al Madrid profundidad sin embargo, precipitado a la hora de buscar a Ronaldo, casi siempre en fuera de juego. Lo bueno que tuvo el equipo de Zidane es que supo adaptarse al estilo del partido. No estaba para ponerse exquisito. Era para pelear, para atrincherarse atrás y no fallar las que iba a tener.

En Múnich ya no saben qué hacer para ganarle.




Fuente: La Razón

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