La arriesgadísima estrategia de dejar pasar 80 días sin un solo avance en la negociación y apurar todo al último fin de semana complica la negociación entre el PSOE y Podemos. El equipo negociador del líder del PSOE, dirigido por la vicepresidenta, Carmen Calvo, se esmeró durante todo el fin de semana en buscar el apoyo de los decisivos 42 diputados de Unidas Podemos. Fuentes de ambos grupos insistían en que las cosas iban bien, pero a medianoche del domingo los negociadores suspendieron los contactos sin acuerdo y se emplazaron a reanudarlos este lunes a primera hora de la mañana. El PSOE quiere cerrar un pacto antes del pleno de investidura, que arranca a las 12.00. Ambos grupos han trasladado en público mensajes positivos y todos parecen tener muy claro que después de la retirada de Pablo Iglesias, líder de Podemos, el acuerdo es casi una obligación antes del jueves, cuando se produzca la segunda y definitiva votación, pero la negociación es muy compleja y hay muy poco tiempo, por lo que algunas de las fuentes consultadas no descartaban que se pudiera alargar. Ambos negociaban anoche sin descanso.

Las personas clave de la negociación, además de los líderes, son Carmen Calvo, Adriana Lastra y María Jesús Montero, por el PSOE, y Pablo Echenique, Irene Montero y Pablo Gentili, jefe de Gabinete de Iglesias, por Unidas Podemos. Todos ellos y sus interlocutores más cercanos pactaron ayer un cerrojazo informativo total para no perjudicar la negociación, según se justificaban algunos de ellos. Esto en sí es una prueba de que la voluntad de acuerdo es real. Pero el tiempo apremia y algunas fuentes consultadas no descartaban que las reuniones se apuren hasta el último momento del jueves, cuando se tiene que tomar la decisión definitiva de investir a Sánchez o hacer fracasar el intento, algo que tendría un coste de imagen enorme y que la mayoría de los dirigentes consultados ven como muy improbable.

Antes del jueves hay una votación no definitiva pero sí simbólica, la de mañana, que podría ser usada como un gesto si para ese momento las negociaciones no han avanzado lo suficiente. Cambiar el voto entre mañana y el jueves podría ser una forma de presionar y no tendría efectos reales.

En cualquier caso, y en medio de esa discreción total que también dominó la negociación del pacto de Presupuestos, en octubre, los equipos negociadores buscaban anoche un pacto para llegar a la sesión de investidura al menos con un mensaje positivo. Sánchez, Iglesias y todos los demás portavoces tienen que hablar hoy —para mañana quedarán los grupos más pequeños— y deben llegar con las cosas mínimamente claras para ver qué tipo de discurso hacen en la tribuna.

En las últimas semanas, el PSOE y Unidas Podemos lanzaban mensajes contrapuestos. Para los socialistas, los tres meses transcurridos sin avances tampoco eran tanto tiempo, porque en medio hubo elecciones autonómicas y múltiples negociaciones. Para los podemitas, era mucho tiempo perdido. “Si llegamos hasta el último fin de semana sin acuerdo, les vamos a sacar mucho más, como pasó con los Presupuestos. Ellos sabrán como quieren negociar”, señalaban en los últimos días desde Podemos.

Los socialistas, por el contrario, culpaban a sus socios del retraso por el empeño de Iglesias en ser ministro, algo que Sánchez consideraba inviable. Ahora dentro del PSOE y de Unidas Podemos se discute qué estrategia fue mejor. Solo los resultados de la negociación podrán dar la respuesta. En el PSOE hay algunas críticas internas a la estrategia negociadora, porque creen que ahora Sánchez está obligado a hacer la coalición que no deseaba, pero en La Moncloa están convencidos de haber hecho lo correcto y logrado el objetivo fundamental: la salida de Iglesias.

Capacidad de exigir

En Podemos, por el contrario, creen que la retirada de su líder, que ha supuesto un trauma interno importante, les da una fuerza negociadora muy superior a la que tenían. Ahora son ellos, y no el PSOE, quienes tienen mucha más capacidad de exigir porque han cedido en lo más importante: su número uno, señalan.

En medio de la desconfianza que ese trauma ha significado entre las dos formaciones y en especial entre Sánchez e Iglesias, ambos grupos negociaban ayer para sacar adelante un pacto programático y lo más difícil: un acuerdo del reparto del poder en el Consejo de Ministros.

Iglesias renunció hace tiempo a los ministerios llamados de Estado: Interior, Exteriores, Justicia, Defensa. En la primera reunión en La Moncloa, antes de las elecciones municipales, Sánchez le dejó claro que esos debían ser para el PSOE e Iglesias lo aceptó. Entonces parecía que la negociación iba muy bien. Pero ahora, después de su renuncia, Iglesias aspira a una vicepresidencia, como en la Comunidad Valenciana, donde hay tres y una es de Podemos, y no quiere conformarse con ministerios puramente sociales sin ningún tipo de competencias económicas, que es lo que en algún momento han planteado los socialistas.

Unidas Podemos ha estudiado con detalle en las últimas semanas las competencias y los antecedentes creativos de reparto del Gobierno —en especial lo que hizo José Luis Rodríguez Zapatero— y tiene claro que no quiere ministerios sin presupuesto ni competencias reales que puedan modificar fiscalidad o cambiar realmente cosas. La batalla era muy intensa, pero todos asumían algo que ya dijeron hace tres meses: están obligados a ponerse de acuerdo.

 

Se acabó el relato y llegó el silencio total

Durante tres meses en los que el riesgo de ir a una repetición electoral parecía real, todo era lucha por el relato. Y los dos grandes protagonistas de esa batalla eran dos personas que se respetan y que hablan mucho de series de televisión, una gran afición que comparten: Pablo Iglesias e Iván Redondo, el estratega principal de Pedro Sánchez. Ambos daban golpes y contragolpes con apariciones televisivas del presidente y del líder de Podemos. La lucha entre ambos parecía casi a vida o muerte (política). Pero en cuanto Iglesias se retiró y empezó la negociación real, la guerra por el relato despareció. Ni un mensaje, ni un tuit, solo Carmen Calvo compareció el sábado en La Sexta para decir que todo iba muy bien. Ayer fue todo silencio. Ahora la batalla es por el poder en el Gobierno, y ahí Calvo ocupó el espacio central que hasta entonces tenía Redondo, mientras Iglesias y los suyos también se olvidaron de su habitual pasión por la batalla mediática. En cuanto acabe la negociación, el relato volverá. Pero ya sin la crudeza de estas semanas. Porque ambos tienen que compartir un Gobierno.




Fuente: El Pais

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