Varios de los inmigrantes a bordo del ‘Open Arms’, este viernes en la cubierta del barco. En vídeo, mensaje de Óscar Camps, director del ‘Open Arms’. Friedrich Bungert (EP) / EPV

Después de 14 días en alta mar y uno frente a la costa de la isla italiana de Lampedusa, viendo una tierra que no están autorizados a tocar, los 134 inmigrantes que quedan a bordo del Open Arms no pueden más, están al límite de sus fuerzas, físicas y psicológicas. El psicólogo a bordo de la embarcación española, Alessandro di Benedetto, voluntario de la organización Emergency, ha explicado a EL PAÍS que las últimas evacuaciones «a cuentagotas» —nueve personas el jueves por la tarde y otras cuatro de madrugada— han causado un efecto demoledor en los ánimos del pasaje. «En las últimas horas la situación, que de por sí era dramática, se ha vuelto insostenible y corremos el riesgo de vivir una tragedia”, explica por teléfono desde el buque. 

Di Benedetto, que elaboró el informe médico que permitió la evacuación de cinco personas con sus familiares el jueves por la tarde por sufrimiento psicológico extremo, cuenta que a medida que pasa el tiempo la situación se torna más crítica: en las últimas horas ha registrado «comportamientos agresivos» entre algunos pasajeros, presos de la desesperación. «Se ha producido un intento de suicidio y un pequeño grupo de pasajeros ha tratado de tirarse al mar», señala. Y apunta que «las evacuaciones en pequeños grupos han hecho que aumente la rabia y la frustración de los que todavía siguen a bordo, que piden constantemente ser evacuados». Y alerta: «Es el momento de que bajen todos».

Esta madrugada, las autoridades italianas evacuaron de urgencia a tres personas que requerían atención sanitaria con urgencia y a un acompañante. Uno de los enfermos tenía una infección en un oído y otro presentaba complicaciones en una vieja herida mal curada por arma de fuego en un pie. «Cuando llegan las autoridades para desembarcar a algunos, por un lado dan esperanza y por el otro crean frustración al resto del grupo», opina el psicólogo. Marc Reig, capitán del buque, también ha dicho, en declaraciones a TVE, que la situación es cada vez peor: «Todo el mundo está psicológicamente roto. No podemos aguantar más esta situación. Cada segundo que pasa la bomba corre un segundo para atrás. O alguien corta el cable rojo y desactiva esta bomba ya o el Open Arms va a explotar».

A primera hora de la tarde de este viernes, la organización comunicó que, a tenor de la situación de emergencia en la que se encontraba el barco, no podían atender a los medios de comunicación. La ONG también explicó que había solicitado esta mañana la entrada urgente en puerto por emergencia humanitaria, sin obtener respuesta, a pesar de que seis países europeos se han ofrecido a acordar un reparto de los migrantes para acoger cada uno a una parte.

Di Benedetto, que procura, junto a un mediador cultural de su misma organización, prestar apoyo psicológico continuo «para tratar de contener la situación dramática», dice que la tripulación ha explicado todas las novedades a los inmigrantes rescatados. «Les hemos dicho que seis Gobiernos europeos han dado su disponibilidad para acogerlos y que queda menos para solucionarlo, les podemos calmar durante una hora, pero si vuelve a aparecer otro factor estresante, como las evacuaciones intermitentes o la falta de espacio para dormir, vuelve la problemática», señala. Y añade que el miedo es otro elemento a tener en cuenta. Muchos de los inmigrantes no saben nadar y temen al agua. «Para ellos el mar es como un monstruo», señala. También cuenta que durante los 14 días que el barco pasó en medio del mar, muchos tuvieron que dormir hacinados en el centro del puente del barco para evitar mojarse por el temporal.

Ahora, frente a Lampedusa, sucede más o menos lo mismo, pero por el sol de justicia que calienta la nave mientras a bordo esperan noticias con incertidumbre y no entienden que a pesar del ofrecimiento de seis países europeos para repartirse a los inmigrantes «no se haya movido nada».

En tierra, la situación también resulta incomprensible. El alcalde de Lampedusa, Salvatore Martello, del Partido Demócrata (PD) dice en su despacho del Ayuntamiento que «no tiene ninguna justificación» el bloqueo férreo al Open Arms, auspiciado por el vicepresidente y ministro del Interior de Italia, Matteo Salvini. «Las evacuaciones a cuentagotas son ridículas», apunta, y apela al cumplimiento de las leyes del mar, un código sacrosanto en una isla de pescadores como Lampedusa. «Quien conoce y trabaja en el mar sabe que hay que socorrer a quien está en apuros, sin preguntar la nacionalidad y sin que importe el color de la piel. Lo que está pasando en tierra es un problema de desencuentro político», dice. Y llama a buscar una solución común entre los Estados europeos. «Los Estados europeos deben sentarse a la mesa y razonar sobre cómo se debe afrontar el fenómeno migratorio, o de lo contrario todo quedará en un conflicto político”.

Pietro Bartolo, histórico médico de Lampedusa y eurodiputado que desde hace décadas ha tratado a miles de náufragos que han llegado a la isla, también apela a una solución europea y lamenta la deriva política que ha tomado Italia en este año y medio de gobierno del Movimiento 5 Estrellas y la ultraderechista Liga. «Cuando Europa responde, Italia no se presenta, no le conviene, la inmigración ha sido su caballo de batalla y han hecho su campaña electoral sobre la piel de estas pobres personas», indica a este periódico.

A bordo del Open Arms hay personas de diferentes nacionalidades, entre ellos sirios, magrebíes y sudaneses. El psicólogo que está en el barco señala que en la nave, de bandera española, hay «gente que ha pasado por la cárcel en Libia, mujeres que han sufrido abusos sexuales y también algunos hombres». «Se ven heridas de tortura en sus cuerpos, en los pies, se aprecian los golpes que han sufrido», añade. E indica que la larga permanencia a bordo solo puede contribuir a agravar sus condiciones: «A la luz de la sintomatología que he visto, considero que retrasar el desembarco sería catastrófico y con ello corremos el riesgo de perder el control de la situación».

En las últimas horas, los medios locales han reportado que la Fiscalía italiana, que ha abierto una investigación por secuestro de personas en el barco, podría intervenir para forzar el desbloqueo si percibe que la situación amenaza con complicarse. Ha sido el ministerio fiscal de la ciudad de Agrigento, en Sicilia, la que ha iniciado esta investigación después de recibir una declaración formal los abogados de la ONG. En los últimos días, también había abierto otra con la hipótesis de delito de incitación a la inmigración ilegal, que sigue activa. El miércoles el Tribunal de Menores de Palermo pidió que se permitiera el desembarco de la treintena de menores que hay a bordo. La ministra de Defensa, Elisabetta Trena, envió a dos naves de la Marina por si había que trasladarlos, pero este viernes por la tarde aún seguían en el Open Arms.

El buque, varado a menos de una milla de la orilla de la cala Francese de Lampedusa, se ha convertido también en una suerte de atracción para algunos turistas, que esta mañana se han acercado a la zona en pequeñas embarcaciones para tomar fotos. Esta situación ha contrariado a la organización española, que ha pedido a los guardacostas italianos que alejen a los curiosos y establezcan un perímetro de seguridad.

Un informe califica de «pésima» la situación en el barco

La agencia de noticias italiana Ansa ha divulgado parte de un informe de los médicos del Cuerpo Italiano de Socorro de la Orden de Malta que han subido al barco para controlar las condiciones sanitarias a bordo, en el que se lee que la situación general es “pésima”. En el texto, firmado por la doctora Katia Valeria Di Natale y por el enfermero Daniele Maestrini, se describe que “los espacios del barco no son idóneos para albergar a un número tan grande de personas”. Los sanitarios especifican también que “los náufragos viven hacinados los unos sobre los otros, no hay posibilidad de moverse, solo hay dos baños y a menudo los inmigrantes se ven obligados a hacer sus necesidades fisiológicas en el mismo espacio en el que duermen y comen”.

El responsable del centro médico de Lampedusa en el que han atendido a los 13 inmigrantes evacuados entre el jueves y la madrugada del viernes, Francesco Cascio, ha declarado a la misma agencia italiana que “solamente uno tenía una otitis” y que el resto “no tenía ninguna patología” y han sido conducidos al centro de primera acogida de la isla. El doctor Bartolo recuerda a este diario que aunque algunos inmigrantes no presenten problemas físicos, “psicológicamente están devastados” y “eso es lo más preocupante”, añade.

El llamamiento de la ONG española a las autoridades italianas para que consientan el desembarco urgente de todos los inmigrantes por “emergencia humanitaria” se ha topado por el muro de hierro levantado por el ministro de Interior Matteo Salvini, que ha declarado: “Estas ONG hacen solamente batalla política sobre la piel de los inmigrantes. Pero yo no me rindo”.




Fuente: El Pais

A %d blogueros les gusta esto: