Goyo Solórzano (Cádiz, 43 años) tiene más de 20 años de experiencia como gerente en el sector de la hostelería. Se crio en Chiclana, donde desde adolescente empezó a curtirse en bares de la zona. Desembarcó en Madrid en 2014 para ponerse a los mandos del Café Pavón, en La Latina, que pronto se puso de moda. Ahora, arranca la licorería castiza Ciriaco Brown, donde sirven tragos hasta las cinco de la mañana.

¿Cuándo empezó a trabajar en hostelería?

Con 14 años mi hermano se compró un Vespino y ya empecé a cogérselo para ir a trabajar a la playa de recogevasos. Era 1990 y me pagaban 5.000 pesetas. Enseguida me di cuenta de que de noche se puede ganar dinero si te centras y no vas a beber y ligar. Subcontraté a dos chavales más jóvenes que yo y les pagaba 1.000 pesetas a cada uno. A final del verano, fui el que más vasos había recogido. Mi jefe lo sabía y me dijo que tenía que ir buscando la fórmula de ganar más, que me iba a ir bien.

Joven y con dotes organizativas…

En Cádiz cogí las riendas por primera vez de un bar. Llegué a un acuerdo con el dueño para llevarme el 10% de un local que hacía 1.500 euros semanales. Metí a mis amigos a trabajar y la primera semana hice 4.500. La segunda 6.000. Estuve tres años haciendo 7.000 euros semanales hasta que salí de Cádiz y me empecé a mover.

¿A dónde dio el salto?

Me fui a trabajar a discotecas grandes como la Ohju en Caños de Meca o Dreamers en Marbella. A Madrid empecé a venir a partir de 2012, con el dinero que hacía en verano. Aquí conocí a mi mujer y ya me planteé quedarme y buscar trabajo estable.

Y acaba de encargado del Café Pavón…

Lo fui durante tres años. Me trataban genial y pusimos el bar de moda: el Café Pavón funcionaba igual cuando el teatro no estaba abierto. Reabrieron el teatro y el bar ya no tenía capacidad de hacer más dinero. Lo único que ha hecho es cambiar la clientela: antes era más de barrio; ahora, más de teatro.

Y en lo más alto, lo deja para abrir un proyecto propio: la licorería castiza Ciriaco Brown.

Trabajar en el Pavón me ha hecho ver que el barrio está creciendo, pero que falta un local para beber que abra hasta las cinco de la madrugada. Estaba de lujo en el Pavón, pero al final no es mi bar… Las últimas vacaciones en Filipinas, mi mujer me puso las pilas para que me moviese. Y así fue. El proyecto lo formamos Marta Pélach (mi mujer), Daniel Mangano y yo. Ciriaco Brown nace de la necesidad de dejar de tener jefes.

Fotos de personajes de los años cuarenta y muebles del Rastro. ¿En qué se inspiró para decorar el local?

En el barrio. Aquí está el Rastro, donde los domingos lo antiguo se pone de moda. Por eso hicimos el bar con materiales del Rastro. Si hubiera abierto algo más moderno no hubiera sido fidedigno. El interiorismo del bar es de Alfonso de la Fuente, de Pichiglas Estudio; de los tuneos decorativos se ha encargado el estudio Yomuto Design Atelier.

¿Quién es Ciriaco Brown?

Es un personaje ficticio nacido en los años cuarenta, de padre madrileño y madre inglesa, que tiene bastante dinero, y que se va a dar vueltas por el mundo. Ese es el hilo conductor del bar y lo que da lema a la casa: “A todo confort”.

¿Qué ofrece en este local?

Aquí el protagonista es el que bebe y está sentado conversando y no el que baila. La barra es de cinco metros y ofrecemos una amplia oferta de bebidas. A partir de septiembre, tendremos coctelería con recetas clásicas y con las que se tomaban los amigos de Ciriaco.

El bar tiene estética y espíritu de antiguo.

Quiero que cuando alguien entre en el local tenga la sensación de que esto lleva abierto siete años y crea que lo ha descubierto ahora. En los dosmiles se llevaban los bares blancos con luces led de colores que iban cambiando. Ahora, lo moderno es lo antiguo.

¿Qué relación tiene con el alcohol?

No bebo nada y no debería de ser llamativo. No soy abstemio por convencimiento, sino por trabajo: si voy a comer, me puedo tomar un vino o una copa con un amigo. En mi oficio, cuanto más alejado esté de lo que vendo, mucho mejor.

Dos salas y Gunilla von Bismark

La licorería castiza Ciriaco Brown (Abades, 13) abre (en verano) de jueves a sábados de 20.00 a 5.00. El local —con aforo para 98 personas sentadas— se divide en la estancia principal y la sala Gunilla, inspirada en el personaje de la jet set marbellí Gunilla von Bismarck y que acoge eventos privados.

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Fuente: El Pais

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