España

El PP pide a los ministros «más política» tras la caída en el CIS


La encuesta de abril del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) refleja una imagen bastante estable, aunque los cambios, por pequeños que sean, no dejan de tener efectos y lecturas internas. En el caso del partido del Gobierno, el hecho de que volverían a ganar las elecciones, manteniéndose como primera fuerza política si se celebrasen unos comicios generales, no quita para que los datos hayan activado algunas señales. El resorte es la caída propia, volverían a imponerse pero con un 31,5 por ciento de los votos y dejándose 1,5 puntos desde enero, y también el ascenso de Ciudadanos (Cs), que sigue como cuarta fuerza política, pero es el partido que más sube, 2,5 puntos. Desde la dirección del PP el mensaje tiende a ver más la botella medio llena. Argumentan que «de momento no hay elecciones». Admiten, también, que el «panorama es bastante regular, pero los adversarios tampoco están mejor». E insisten, sobre todo, en que la situación política refleja una estabilidad en el reparto de apoyos que confirma que en estos momentos nadie quiere ir de nuevo a unas elecciones.

Pero en el partido, y, significativamente, en los principales referentes territoriales, la lectura es más exigente.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, sigue confiando en que las buenas perspectivas económicas y la estabilidad que él ofrece serán garantía para que su partido mantenga el liderazgo en unos nuevos comicios generales. En el PP, sin embargo, vuelve a preocupar el desgaste por la corrupción. Porque es ahí donde colocan la principal causa de sus males pasados y de los que puedan estar por venir. La sensación de respiro provocada por la idea de que el desgaste por los casos de corrupción estaba amortizado, tras la factura que pagaron en las últimas elecciones autonómicas y municipales y con la pérdida de la mayoría absoluta, ha empezado a debilitarse en las últimas semanas. Y los datos de este sondeo animan la desconfianza en algunos sectores populares respecto a la tesis de que como son hechos en su mayoría del pasado, judicializados, ya no van a hacer más daño electoral al partido. «Básicamente nos pasa factura la corrupción, aunque no es preocupante hasta ver si es una tendencia o una reacción. Pero, obviamente, con los buenos datos de empleo no es nada bueno esta bajada», comentan, fuera del argumentario oficial.

El análisis interno, compartido por la mayoría de los barones, incluidos los que tienen más peso orgánico, es que si Cs puede seguir haciéndoles daño es por el lado de la regeneración democrática. Ése es el punto fuerte del «estribillo» de Albert Rivera –sostienen–, y el flanco más débil del PP. Por eso, capítulos como el de Murcia, donde al final Rivera se cobró la cabeza de quien era el presidente autonómico, Pedro Antonio Sánchez, les siguen penalizando, como también sigue haciéndolo «todo el ruido sobre injerencias en la Fiscalía, en la Justicia o en la Policía». «Da igual que la razón esté de nuestra parte, que hayamos actuado con sentido de la Justicia en la defensa de Pedro Antonio o que en la Fiscalía no se esté haciendo nada distinto de lo que siempre se ha hecho. Tenemos un déficit de credibilidad en este terreno y eso nos exige cambiar algunos patrones de respuesta y, ante todo, no perder de vista dónde están nuestros límites y que los adversarios juegan con ventaja aunque no salgan del eslogan», explica un dirigente regional.

Por delante les viene, además, un horizonte complicado. La «operación Lezo «no ha contabilizado en esta encuesta porque el estudio de campo fue previo. De momento, este nuevo caso ha provocado la entrada en prisión de Ignacio González, vicepresidente de Esperanza Aguirre, y este golpe forzó, asimismo, la dimisión de la «lideresa» madrileña. Pero es evidente, advierten en medios populares, que no hubiera sumado, y ahora entran en un campo de batalla «minado» por los efectos de las comisiones de investigación sobre las cajas y la financiación del PP, con las que durante meses la oposición será capaz de colocar el foco en una línea argumental incómoda para los populares.

Rajoy ha optado por aplicar su estrategia de siempre para combatir la sombra de la corrupción que persigue a su organización política, y que consiste en seguir con su «libro» y aguantar hasta que escampe, sin desviar su discurso de lo que él entiende como lo importante. La evolución del empleo, la estabilidad y mantener la confianza internacional.

Pero en el PP echan en falta más acción política y se preguntan por las razones de la «invisibilidad» de la mayoría de los ministros. La vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, sigue siendo la mejor valorada, y el ministro portavoz, Íñigo Méndez de Vigo, está sabiendo rentabilizar la portavocía del Ejecutivo. El problema, más allá de valoraciones, es que los demás están «desaparecidos en combate», analizan en el PP, un clima de opinión que coincide con el CIS de ayer.

«No podemos volver a cometer errores del pasado. Arrancamos bien, pero hay que huir de la tentación de acomodarse con el argumento de que como estamos en minoría, y Cs juega en contra, no se puede hacer nada», comenta otro influyente dirigente territorial. «Algunos parece que se han puesto en posición de espera para ver si a medio plazo se produce algún movimiento en clave sucesoria y colocarse bien. Y hay quien aspira a algo más y está más pendiente de no cometer ningún error que le pueda perjudicar que de tirar del proyecto», añaden.

En Génova están convencidos de que cuando hay crisis, como la abierta por el caso Lezo, lo más importante es no cometer errores y resistir, porque no hay discurso que se pueda improvisar y que silencie ese «ruido». Y destacan también que esto es una carrera de fondo en la que a la larga la consolidación de la mejoría económica pesará más a favor del PP que estos «sobresaltos o que las ofensivas de la oposición dirigidas contra Rajoy». Rivera opina justo lo contrario y ahí está la batalla.




Fuente: La Razón

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