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«El pop moderno ha perdido mensaje»


Es un prolífico compositor y un verdadero obseso del sonido. Steven Wilson (Londres, 1967) encaja a la perfección en la categoría de mejor músico del que no han oído hablar. Siempre ubicado en los difusos y no siempre bien vistos dominios del rock progresivo, Wilson es mucho más que eso: desde la psicodelia a la electrónica y del pop al metal, nada de lo audible le es ajeno. Ahora presenta en solitario «To the Bone» un álbum en el que habla de cosas serias (tecnología, refugiados y política, entre otras cosas) con el inofensivo aire de la canción pop. Lo presenta en Madrid (1 de febrero) y en Barcelona (3).

–La sonoridad del álbum es diferente a su trayectoria.

–La forma de escribir canciones era la misma, pero quería desatar mi sensibilidad melódica porque, a pesar de que siempre ha estado ahí, soy más conocido por un estilo de elementos de rock. Y esta vez, quizá como un desfío a mi mismo, me dije: «quiero hacer un disco ambicioso, más grande, pero que sea accesible». Así que mantengo las capas, la gran producción, la potencia de sonido, pero espero que sirva como puerta de entrada a mi música para quien no la conozca.

–El disco abre con una introducción sobre la verdad. ¿Es una puerta de entrada conceptual al trabajo?

–Fue al revés, la incluí porque me di cuenta de que la mayor parte de las letras hablaban de un subtexto, de una especie de temática oculta que es la idea de la verdad como percepción. Lo que llamamos verdad, para mí, es algo más o menos como un ideal inalcanzable. Sirve de agenda a la religión y la política, pero nosotros nunca llegamos a experimentarla o alcanzarla en nuestra vida diaria completamente. Tu verdad es diferente de la mía y eso es imposible, porque se supone que la verdad debería ser una cosa sola. Así que no puede estar en el terreno de los hombres.

–Esto tiene una lectura clarísima en la política contemporánea.

–En el mundo moderno esto se ha convertido en algo perverso porque parece que los seres humanos de hoy en día tienen como prioridad ir a joder a alguien que albergue o defienda una verdad que no sea la suya. Si no estas de acuerdo conmigo, te mataré. Y esas actitudes por ejemplo, se trasladan al terreno de las relaciones, en las que tampoco hay las mismas verdades. Y eso, en cambio, es fascinante. Si piensas en las relaciones, en la política o en la crisis de refugiados, por ejemplo, en todos los ámbitos se mezclan esas percepciones de la verdad.

–Hay reflexión sobre estos tiempos turbulentos. ¿Cuál es el antídoto?

–Esa es la naturaleza del disco y por eso se llama «To The Bone» («Hasta los huesos»). Es una súplica, un ruego. ¿Podemos, por favor, llegar al núcleo de lo que estamos discutiendo? Pero la conclusión es que sencillamente no es posible. No tendremos la misma percepción dos personas diferentes aunque hayamos nacido en la misma calle. No digamos entre un londinense y alguien de Oriente Medio.

–Y además está internet…

–Tenemos que ser inteligentes cuando se trata de la información que procesas. Cómo la filtras, de dónde la obtienes. ¿Es de la televisión, la has leído en una red social o en un libro o en un periódico? La gente, mucha gente, sencillamente cree a ciegas lo que ve. Y así terminamos con Donald Trump.

–¿Diría que, entonces, este disco es su verdad?

–Creo que una de las cosas buenas de la música y del arte en general es que es muy poderoso y que puedes sentir a la persona que lo crea si te implicas lo suficiente. De alguna manera esto es lo que yo creo. Y escribir un disco es sujetar un espejo y decirle, este soy yo. Este es el mundo como lo veo. No me gusta predicar ni que me prediquen, pero sí me interesa cuando la gente tiene una perspectiva personal y la expone sin el ánimo de convencer, para expresar su verdad. Yo no pretendo que la gente esté de acuerdo con cómo veo las cosas, pero puedo garantizar que estoy ofreciendo un disco meditado, pensado.

–Le acusarán de ser un muermo.

–El arte grande debe ser a la vez entretrenido y tener un mensaje más profundo. Eso es lo que echo de menos en el pop moderno. Y por eso me gusta la música de los 60, 70, 80 e incluso los 90. Pero no lo encuentro en el siglo veintiuno.

–¿Había más altura intelectual antes?

–Si lo llevas a los 80, por ejemplo… a Tears For Fears, que para muchos son el último gran grupo pop. Tienen himnos. Pero lee las letras. «Shout» va sobre la terapia primal, sobre dejar salir nuestros terrores y la rabia de la infancia y curarlos. Joder, creo que es un tema bastante aburrido para hacer un himno de pop ¿no crees? Si miras, «Billy Jean» de Michael Jackson, trata sobre una madre que busca al padre de su hijo, otro tema oscuro. ¡Son canciones de pop y las adoro! Y si escucho el pop moderno no ecuentro que haya canciones que traten de hablar de temas que preocupen a los oyentes. Por ejemplo, sobre el atentado que hubo en Manchester, se supone que Arianna Grande es una estrella de pop mainstream. Todas sus canciones van sobre sexo y chicas y ella sufrió el atentado terrorista en su propio concierto. Tú eres una artista y debes ver con los ojos y los oídos de tus seguidores. ¿Vas a seguir fingiendo que el mundo no es un lugar jodido y retorcido? ¿Incluso cuando esa realidad golpea el corazón de tu mundo? Eso es para mi el cambio entre el pop de antes y el de ahora, que ya no habla de las cosas que enlazan con la realidad. ¡Pero igual es que soy un viejo!

–Le dirán que es aburrido.

–He hecho alguna canción política en este disco. Lógicamente nunca haría canción de tesis, pero estos temas se plantean con personajes que te sirven para plantear situaciones. Porque con los personajes el oyente se identifica. Hay maneras de hacerlo sin hacer sentir a la gente miserable por escucharte.




Fuente: La razon

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