¿Qué tienen en común los tiburones con los cazadores-recolectores de la tribu Hazda de Tanzania y los peatones que cruzan un paso de cebra en cualquier ciudad del mundo? Resulta que todos ellos, además de muchos otros animales, utilizan un patrón matemático conocido como el “Vuelo de Lévy” para definir instintivamente sus trayectos.

En los dos primeros casos, los científicos hace tiempo que averiguaron que aplican este sistema, que mezcla trayectorias largas con movimientos cortos al azar, durante sus jornadas de caza. En el caso de los aglomerados pasos de peatones, las personas tienden a caminar de forma predecible para poder evitarse entre sí, según un estudio publicado en el

Journal of the Royal Society Interface.






El ‘Vuelo de Lévy’ es un patrón que mezcla trayectorias largas con movimientos cortos al azar

Los autores de la investigación, todos ellos matemáticos de la Universidad de Tokio, aseguran que las “multitudes humanas exhiben varios patrones colectivos que emergen de la autoorganización” y en los que los individuos “anticipan los movimientos de sus vecinos para buscar sus caminos en el flujo peatonal dinámico”.

Esta búsqueda de la ruta más funcional da como resultado que las personas se desvíen “de sus direcciones deseadas, de la ruta directa a su destino”, escriben. “Eso se hace a través de la estrategia de movimiento sin escala llamada Vuelo de Lévy, que podría facilitar la transición al comportamiento a nivel de grupo”, añaden.

Un pasos de peatones lleno de personas en Japón
(iStockphoto)

Para obtener estas conclusiones, los científicos organizaron un experimento en el que filmaron a un grupo de voluntarios mientras caminaban de forma aleatoria a través de unos corredores. Lo que observaron fue “cómo los flujos de peatones en movimiento opuesto se separan espontáneamente en varios carriles unidireccionales”.

“Descubrimos que antes (pero no después) de la formación de carriles, los peatones se desvían de la dirección deseada por el proceso de caminar de Lévy, que se considera óptimo cuando se buscan recursos distribuidos de forma impredecible”, añaden. Es decir, que cada individuo hizo ajustes en su camino basándose en las acciones de quienes viajaban en dirección opuesta.





Dos patrones de 'Vuelo de Lévy'
Dos patrones de ‘Vuelo de Lévy’
(iStockphoto / Wikipedia)

Los investigadores afirman que los peatones “equilibran la búsqueda de sus caminos directos y (la necesidad de) alcanzar sus metas lo más rápido posible. Pueden lograr su ruta óptima a través del ’Vuelo de Lévy’ (en honor del matemático francés Paul Pierre Lévy) facilitando la formación de carriles emergentes”, concluyen.

Hisashi Murakami, Claudio Feliciani y Katsuhiro Nishinari también encontraron que tendía a aparecer una acción colectiva incluso cuando las personas involucradas no buscaban ser participes de ella. Este movimiento grupal involucraba la formación de corrientes que se movían de manera uniforme en ambas direcciones.


Los peatones equilibran la búsqueda de sus caminos directos y alcanzar sus metas lo más rápido posible

Así, en lugar de que las personas se encuentren continuamente cara a cara, simplemente seguirían a alguien que se mueve en la misma dirección, evitando la necesidad constante de cambiar de rumbo, aumentando de esta manera la eficiencia, tanto individual como colectiva.





Estudios anteriores han revelado que el ‘Vuelo de Lévy’ se repite en la naturaleza de la misma manera en que se muestra la sucesión de Fibonacci en estructuras naturales. Y también se ha comprobado que es patrón que seguimos los seres humanos cuando nos movemos por un parque de atracciones.

El 'Vuelo de Lévy' se repite en la naturaleza de la misma manera en que se muestra la sucesión de Fibonacci
El ‘Vuelo de Lévy’ se repite en la naturaleza de la misma manera en que se muestra la sucesión de Fibonacci
(iStockphoto)









Fuente: LA Vanguardia

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