Caracterizado por su transparencia y claridad, y ante una nueva tragedia en el Mediterráneo, el Papa Francisco no ha querido mantenerse al margen y ha vuelto a mostrar su lado más humano en favor de aquellos que buscan huir de las terribles situaciones en las que viven. La muerte de 150 migrantes en las costas de Libia tras el naufragio de la patera en la que viajaban, encendieron de nuevo las alarmas sobre una situación cada vez más complicada.

Esta misma mañana, desde el balcón del Palacio Apostólico en la Plaza de San Pedro del Vaticano, y durante el tradicional rezo del Ángelus, el Papa Francisco quiso lanzar un mensaje en contra de este tipo de muertes: «Recibí con dolor la noticia del dramático naufragio que ocurrió en los últimos días en las aguas del Mediterráneo, donde decenas de migrantes, entre ellos mujeres y niños, perdieron la vida”.

El Sumo Pontífice prosiguió su discurso pidiendo ayuda para aquellos que arriesgan su vida a diario viajando en pateras en busca de un futuro más prometedor: «Renuevo un sincero llamamiento a la comunidad internacional para que actúe con prontitud y decisión, para evitar la repetición de tragedias similares y garantizar la seguridad y la dignidad de todos». Tras estas palabras, Francisco invitó a orar por las víctimas y familias de estas tragedias. Finalizó el Ángelus instando a preguntarse desde el corazón los motivos de esta lacra: «Padre, ¿por qué?»

Al margen de este suceso, no es la primera vez que el Papa Francisco muestra su indignación sobre la complicada situación de los migrantes. Durante una visita al campo de refugiados Vrazhdebna, situado a 8,2 kilómetros de Sofía, lanzó un discurso muy similar: «La esperanza en el mundo de los inmigrantes y refugiados es un poco como una cruz en la humanidad. Una cruz que tanta gente sufre», sentenciaba en aquella ocasión.

La mayor tragedia desde 2017

La Agencia de la ONU para los refugiados confirmó que otros 132 migrantes que viajaban en la misma patera pudieron ser transportados a las costas del país norteafricano. Esta es la mayor tragedia vivida desde mayo del 2017, año en el que un total de 31 personas, ola mayoría de ellos niños ellos niños, perdieron la vida en el Mediterráneo al ser transportados en una embarcación de madera con 500 migrantes viajando en ella. En esta ocasión, la patera, con hasta 300 migrantes a bordo,tuvo problemas con el motor y comenzó a hundirse a 9 km de la costa de Libia. Sin barcos de ningún operativo europeo ni de las ONGs, la única embarcación operativa es la “Ocean Viking”, de SOS Mediterranée y Médicos sin Fronteras. Sin embargo, todavía no ha llegado a la zona, y el barco de Open Arms sigue atracado en Sicilia, a la espera del rescate.

Lo que parece estar fuera de toda duda es la posición que el Sumo Pontífice mantiene en la cuestión migratoria, mostrando el mejor rostro para tratar de luchar contra esta lacra que asola el panorama internacional.




Fuente:La razón

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