En el Orgullo más político de los últimos años, los políticos no fueron en primera fila. Ese espacio lo ocuparon en la cabecera de la manifestación nacional la primera generación de luchadores: los mayores. La cita —que reunió en Madrid alrededor de 1,6 millones de personas, según los datos de la organización; 400.000, según delegación de Gobierno—, homenajeó a esos referentes, pero también lanzó un mensaje: “Ni un paso atrás”. Esa frase lideró la concentración reivindicativa, que arrancó a las 18.30 del paseo del Prado y sufrió retrasos provocados por la protesta de varios manifestantes ante la comitiva de Ciudadanos, que fue insultada y tuvo que ser escoltada en un cordón policial tras una hora y media paralizados sin poder desfilar. [El desfile del Orgullo 2019, en fotos]

“Toda la gente que está aquí hoy está luchando contra las fuerzas de la lgtbifobia; en la lucha siempre nos van a encontrar de pie”, dijo Boti García, de 63 años y expresidenta de la Federación Estatal LGTB (Felgtb), organizadora junto a Cogam de la manifestación del Orgullo en Madrid.

No estaban en primera fila, pero los políticos acudieron. PSOE, Podemos o Más Madrid, además de estar en la manifestación a pie, llevaron una carroza. El Orgullo se divide en dos partes, la manifestación reivindicativa y las comitivas festivas, y en esta edición PP y Cs no fueron invitados a ir con comitiva. La razón: no cumplieron con el decálogo que lanzaron las asociaciones para participar en la cita. Uno de los puntos pedía “no valerse de la extrema derecha para gobernar”. El Ayuntamiento de la capital está gobernado por el PP en coalición con Ciudadanos, pero necesitó los votos de la ultraderecha de Vox para sumar mayoría. Una fórmula que emula a la usada en el Gobierno andaluz y que podría repetirse en la Comunidad de Madrid. Sí que acudieron representantes de ambos partidos a título personal.

Cs, escoltados por la Policía

Desafiando a las críticas, los de Rivera también se manifestaron. Acudieron a pie Inés Arrimadas, Ignacio Aguado y Begoña Villacís, vicealcaldesa de la capital. A su paso por el Prado, un grupo de unos 20 manifestantes se concentraron delante de la comitiva pidiendo que se marcharan. Unas quejas que se repitieron durante todo el recorrido de la manifestación. “Estaréis en el Orgullo, pero no podéis estar orgullosos”, les dijo Alfonso Moral, de 45 años. También hubo insultos: “Hijos de puta”. “Quien viene a apoyar al colectivo, merece respeto”, reprocharon algunos de los asistentes a quienes insultaban a los políticos de Cs. Más tarde, una sentada intentó impedir el avance del grupo. Lo que acabó provocando un retraso de más de dos horas en la salida de las carrozas, que esperaban al lado de Atocha.

“¿Tenéis ganas de Orgullo?”, preguntaba el dj de la carroza de Cogam-Red Bull, la segunda de la comitiva: “Este año, ni un paso atrás, pero vamos a bailar”. La música empezó a sonar, pero el bus no se movía. “Cuánto están tardando este año”, pensaba en alto Begoña, que por tercer año conducía una carroza en el Orgullo. “Soy la única mujer”, añadía con orgullo. Al poco, se enteraba de que la sentada contra Cs.

“No pasarán”. “Aquí están los amigos de Abascal”. “Con nuestros derechos no se negocia”. Les gritaron durante dos horas los sentados. Al final, todos los representantes del partido naranja tuvieron que abandonar la manifestación escoltados por la Policía.

“Nos han lanzado botellas, hielos, vasos, de todos… Hay unos intolerantes que se asemejan mucho a los fascistas de toda la vida que nos han querido expulsar del Orgullo”, declaró Arrimadas tras los incidentes. “Hoy ha sido un día de vergüenza, de infamia”, añadió, “nos han lanzado latas, botellas, porque hay unos intolerantes que nos han intentado expulsar del Orgullo. Quiero hacer una apelación directa al PSOE y Podemos, por alimentar este odio a los diputados de Ciudadanos”.

Los que se plantaron ante Cs criticaban sus acuerdos con Vox, un partido que ha exhibido su lgtbifobia en varias ocasiones. En campaña hablaron de trasladar la cita a la Casa de Campo. Un par de semanas atrás pidieron al alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida (PP), que colgara una bandera de España en el Ayuntamiento. A los días apareció y desplazó de su posición a la del Orgullo.

Hace unos días, Rocío Monasterio, diputada de Vox en la Comunidad, atacó al Orgullo aduciendo que “denigra la dignidad de la persona”. “Impregnan el centro de un hedor insalubre e insoportable”, agregó para caldear el ambiente.

“Ante eso, no podemos callarnos”, dijo Uge Sangil, presidenta de la Felgtb, desde la manifestación. “Madrid no puede volverse gris”, continuaba. “Este año la manifestación es más importante si cabe”, apuntaba Ángel Gabilondo (PSOE), que acudió a la manifestación con el ministro Grande Marlaska; la Secretaria de Estado de Servicios Sociales, Pilar Díaz López; el Secretario para el avance digital, Paco Polo, o la diputada regional Carla Antonelli. “Duele ver cómo la derecha colabora con la ultraderecha en su discurso”, dijo el titular de Interior.

“No solo el Orgullo no se va del centro de Madrid, sino que además estamos haciendo una masiva demostración de libertad y tolerancia. No es solo una movilización para las personas LGTB, es una movilización para todos los que amamos la libertad”, apuntó Íñigo Errejón desde la carroza de Más Madrid.

Las comitivas no arrancaban. Pero sobre ellas, la gente festejaba. En la de la Fundación 26 de diciembre-Newtral, dedicada a los Mayores con Orgullo, el leitmotiv de esta edición, sonaba la canción Gloria. Los mayores festejaban su fiesta, su lucha, subidos a una carroza. Blas Bonete tiene 53 años y está prejubilada. Cuenta que este Orgullo es más reivindicativo que los anteriores porque se necesita una sociedad más abierta y que cuente con los “mayores homosexuales”. Dice que vivió su primer Orgullo hace 25 años. “Estoy muy feliz de que esta vez seamos los protagonistas y ver que la sociedad avanza más que nuestros políticos”.

Mientras ellos esperaban, la cabecera de la manifestación asaba Cibeles. El público recordó a la anterior alcaldesa a su paso por Cibeles. “Que vuelva Carmena”, gritaron mientras caminaban junto al Ayuntamiento.

En Colón, Jesús Costa, presidente del colectivo pro LGTBIQ, recibió a la cabecera de la manifestación: “Nos ponemos de rodillas ante vosotros. Muchísimas gracias por vuestra lucha”. Sonaba A quién le importa, de Alaska y Dinarama, uno de los himnos del colectivo, y la plaza estaba desbordada. “Esto sí es llenar Colón”, apuntaron desde la organización poco después de leer el manifiesto político de la convocatoria. “Es urgente que se apruebe la ley de igualdad LGTBI, que contiene en su seno una ley trans integral”, decía el texto, que recordó la memoria histórica, la reivindicación o al colectivo trans.

Con información de Marta Villena, Lucía Franco y Javier Portillo.

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Fuente: El Pais

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