La mayor contribución de Michael Bloomberg a las primarias demócratas hasta ahora puede haber sido relanzar la carrera de la senadora Elizabeth Warren. La candidata se estaba quedando desdibujada y estaba perdiendo apoyos en las primarias con su discurso de progresista pragmática. El pasado miércoles por la noche, en una de las actuaciones más contundentes que se recuerdan en un debate de primarias, puso contra las cuerdas al magnate neoyorkino, que básicamente ha comprado su sitio en la carrera con cientos de millones en anuncios de televisión. Ese debate se ha convertido en la piedra de apoyo sobre la que Warren está intentando reconstruir su campaña.

Esta semana, las primarias se han trasladado a Nevada, donde se celebran los caucus demócratas este sábado. Hasta el miércoles, la historia política de Nevada era el auge de Bloomberg en las encuestas. Desde el miércoles, a eso de las 20.45 locales, la historia es cómo Warren vapuleó al magnate, al que dejó sin palabras en televisión tras acusarle de misógino y arrogante en plena era del Me Too. Warren acorraló a Bloomberg al preguntarle si daba permiso a las mujeres que le habían acusado de acoso para romper los acuerdos de confidencialidad con los que había callado las críticas. Bloomberg, un hombre de 78 años con 60.000 millones de dólares y quizá poco acostumbrado a que se enfrenten a él, dio muy mala imagen. Bloomberg no reaccionó hasta el viernes, cuando anunció que estaba dispuesto a anular los acuerdos.

El debate lo vieron casi 20 millones de espectadores. Es el más visto de la historia de unas primarias demócratas. Y no solo ha marcado un antes y un después para Bloomberg, también para Warren. Su campaña venía languideciendo a cámara lenta desde que empezaron las votaciones. En Iowa quedó tercera con un 18% de los votos. Pero quizá lo más dañino para la campaña de Warren fue el decepcionante cuarto lugar en las primarias de New Hampshire. La senadora ha hecho su carrera política en el vecino Massachusetts. En los suburbios de Boston. Allí es donde las campañas miden el tirón entre el votante que se parece a ella. Sacó un 9,2% de los votos. Bernie Sanders, Pete Buttigieg y Amy Klobuchar quedaron por delante de ella.

Warren quizá no esperaba llegar a Nevada en cabeza, pero tampoco llegar con un golpe tan duro a su credibilidad como candidata. Las encuestas le dan el tercer puesto en intención de voto este sábado, por detrás de Sanders y Biden. En este contexto, es inevitable la sensación de que Nevada es su última oportunidad de presentarse en los estados más grandes como una candidata viable. Contribuye a esa sensación el hecho de que haya cambiado esta semana su posición sobre aceptar dinero de los llamados súper PAC, grupos de donantes anónimos que pueden recaudar de forma ilimitada. Ella estaba en contra. Ya no.

Si algo parece claro es que el debate se va a convertir por sí mismo en un mensaje de campaña. A la mañana siguiente, jueves, Warren inauguró el día con una charla a los grupos de voluntarios que están tocando puertas para buscar apoyos en el este de Las Vegas. “Lo de anoche fue muy divertido”, dijo a unos partidarios entusiasmados. “Estoy de verdad harta de milmillonarios, da igual el partido, que creen que las reglas no van con ellos”.

Después de la charla, los equipos de voluntarios salían a tocar puertas para buscar votos en los caucus en los últimos dos días. Pero no son dos días más. Son días post-Bloomberg. Gwenn Craig, de 68 años, era una de esos voluntarios. Ha venido desde San Francisco para ayudar toda la semana. “El debate nos ha dado mucha energía”, decía Craig antes de salir a tocar puertas. “Nos estamos encontrando gente indecisa que nos dice que quiere un luchador, alguien que se meta en la pelea. Necesitamos a alguien que gane a Trump pero lo más importante es que sea un luchador. Cuando vimos el debate anoche (el miércoles) pensamos que ojalá toda esa gente lo hubiera visto, porque ahí estaba una luchadora”.

Ese es el cambio que se ha producido en la campaña de Warren desde el miércoles. Yo soy la del debate, parece decir, yo soy la que ha demostrado que sabe poner en su sitio a un multimillonario arrogante de Nueva York. La televisión le permitió poner en vídeo todo lo que antes era teórico.

Este viernes por la noche, en el último acto antes de los caucus de este sábado, el excandidato Julián Castro que ahora se ha sumado a la campaña de Warren utilizó el debate nada más salir. “Fue un debate espectacular”, dijo Castro. “Hoy, Bloomberg ha anunciado que libera del acuerdo de confidencialidad a tres mujeres. ¡Elizabeth ya está consiguiendo cosas!”. Antes de Castro había salido al escenario un político local, el comisionado del condado Justin Jones, que dijo que se había decidido el mismo miércoles, al ver el debate, a dar su apoyo público a Warren.

Ante las 200 personas concentradas en un parque de Las Vegas, Warren hizo su discurso habitual sobre su biografía política y luego volvió a sacar el debate: “Cuando te digan que una mujer no puede ganar a Donald Trump, no sé otras mujeres, pero Elizabeth Warren sí puede ganarle. Si alguien lo duda, tenemos el vídeo del otro día. Estoy preparada para ese hombre. Hay un 50% de posibilidades de que Donald Trump no se atreva a debatir conmigo”. Un rato después, la campaña publicó ese segmento en redes sociales.

Royce Ray, veterano de Irak y Afganistán de 61 años, levaba años desenganchado de la política hasta que apareció Trump. Ahora sigue la campaña demócrata y está dispuesto a votar por quien sea. El viernes fue a ver el mitin de Warren porque estaba “impresionado” tras verla en el debate. “Dice lo que tiene que decir, sin miedo”. Además, le gustaría que la candidata sea una mujer. “Creo que Warren intimida a Trump”, aseguraba. Acabado el mitin, se declaraba completamente satisfecho de lo que había escuchado. “Era todo lo que quería oír”. Este sábado, acudirá a un caucus por Warren.




Fuente: El país

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