“¡Mirad: un andarríos chico!”. Y al rato: “Eso es un galápago leproso”. Más adelante: “¡Un cernícalo! Viene a por los pollos de patos y lavanderas. Hay dos o tres parejas”. Atención pregunta: “¿Sabéis cuántos mosquitos comen los aviones y los vencejos al año? Un kilo y medio”. Vuelan rasantes sobre el caudal, entre piruetas, gritos y juncos churreros: “Desaparecieron hace 60 años y han vuelto. Con ellos se anudaban los manojos de churros”. Cada vez que Santiago Martín Barajas, portavoz de Ecologistas en Acción, levanta el dedo y señala aparecen jilgueros, gorriones o estorninos, barbos y gobios.

Lo que su dedo no descubrirá será la especie más deseada: “No esperéis ver a la nutria de EL PAÍS”, advierte a las casi doscientas personas que se han acercado este sábado al río revivido, en referencia a la noticia de hace un par de semanas. Un científico buscaba un lugar para instalar cajas para el anudamiento de murciélagos cuando vio moverse por el agua y bucear a un macho de gran tamaño. “Ojalá me equivoque, pero sus hábitos son nocturnos y con este calor no creo que se mueva de su madriguera”, cuenta, delante de las ruinas del estadio Vicente Calderón, el cicerone que celebra el tercer año de la renaturalización de un río cochambroso, transformado en la mejor foto de la ciudad. “He visto a una garceta pescando y ocho o diez fotografiándola”, recuerda. “Ahora la gente mira al río, antes estábamos de espaldas a él”.


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Una de las visitas guiadas, el pasado sábado. P. R.

El río se ha convertido en una pasarela desde la que observar sin agredir, un punto de vista respetuoso con las 68 especies de aves que han llegado en este tiempo. “Cada semana, una nueva. Los últimos en llegar son los carniceros comunes”, indica. Es una especie que solo vive en zonas de carrizales. Pero a lo largo de estos siete kilómetros de cauce urbano han creado un “sistema de mosaico”, con zonas de hierba, arboledas y las de caña. “Hay pájaros que necesitan unas y otras. Lo que nos interesa es la creación de la biodiversidad”, cuenta. Santiago prefiere usar el término “controlada” para hablar de esta renaturalización humanizada, de la que destaca, sobre todo, una incidencia social sobre la población de tres distritos: “La foto de Madrid ha cambiado”, dice.

Rafael Sánchez Ferlosio se pregunta por este choque entre la naturaleza y la civilización en De algunos animales (Penguin Random House), libro en el que trabajaba cuando falleció el pasado abril. «Decidme: ¿qué es más naturaleza: un león persiguiendo a un antílope en el parque natural de Tanganika o un gato persiguiendo a una rata bajo la luz de los faroles junto a la interminable pared del matadero?». No sabemos qué pensaría Sánchez Ferlosio de esta recuperación del Manzanares, uno de esos experimentos que demuestran que el ser humano puede, incluso, favorecer el medio ambiente.

El sol cae a plomo a las once de la mañana, las aves prefieren refugiarse y la mayoría de las personas que ocupamos la vía de Madrid Río durante la visita, también. Pero Santiago, enrojecido y sudado, no desiste. Junto al Puente de Segovia, en el tramo con la vegetación más desbordante: “Os presento al árbol más alto del río: tiene tres años y mide once metros de altura. Esperábamos este crecimiento en siete años, pero el agua circula enriquecida con potasio y nitrógeno. Han crecido dopados. Creíamos que el fondo natural del río se había perdido y era de hormigón, pero estábamos equivocados. Es arenoso”.

Un martín pescador bajo el puente de Marqués de Vadillo.
Un martín pescador bajo el puente de Marqués de Vadillo. KIKE PARA

Peces autóctonos ganando a los invasores

Hace repaso a viva voz a casi cuatro años de éxito de este Frankenstein de la diversidad fluvial y cuenta que en estos kilómetros, se ha reducido el 40% de los nitratos en el agua, gracias a la vegetación. Entra sucia, sale mejor. La calidad del agua ha provocado “una explosión en el crecimiento de peces”, las especies autóctonas se han hecho con el control del río y la nutria ha venido para comérselas. Según el CSIC es el único caso en el que los peces autóctonos han expulsado a los invasores.

El portavoz de Ecologistas en Acción reconoce que el trato con el equipo de Inés Sabanés ha sido bueno en todos estos años, incluso en las horas más críticas de los remeros, cuando se volvieron a levantar las compuertas de las presas 8 y 9 y 1.800 metros de ecosistema fluvial fueron arrasados durante un mes, hace un año. De la repentina crecida se salvó Ryan, agarrado a un tronco, mientras todo se inundaba. Santiago hizo bajar en barca a los operarios para rescatar a ese conejo, al que le pusieron nombre de soldado salvado. Es el único de su especie en las orillas del río y se le puede ver entre los juncos cercanos al puente de Toledo.

La explosión de naturaleza y orgullo que ha reventado el nuevo Manzanares no sabe, glups, si continuará con un alcalde CO2. Aunque se le ve tranquilo. De momento, hay presupuesto bianual aprobado: 1,2 millones de euros hasta 2020. ¿Y después? “Han dicho que no quieren cargárselo. Todavía no hemos podido hablar con nadie de Medio Ambiente, porque no se ha formado equipo”, explica.

Esa partida de dinero sirve, entre otras cosas, para que todos los días dos operarios recorran río arriba, río abajo para desbrozar y mantener bajo control la naturaleza soberana y los desmanes humanos: “Un día, mientras desbrozaban, se encontraron dos cerdos vietnamitas”. Risas y asombro en el grupo. Más estulticia: los trabajadores han tenido que “pescar” 200 bicicletas del fondo. Ninguna ha caído sobre la nutria que, como estaba previsto, no se asomó.

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Fuente: El Pais

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