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El ministro de exteriores iraní renuncia al cargo

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Mohammad Javad Zarif quien hasta ayer había sido la cara sonriente del gobierno del presidente Hassan Rohani y quien pasará a la historia por haber negociado el Acuerdo nuclear con las grandes potencias occidentales -conocido oficialmente como JCPOA por sus siglas en inglés, renunció a través de sus cuentas en las redes sociales. “Me gustaría disculparme sinceramente por no tener la capacidad para continuar con mi servicio y por todos los defectos durante mi servicio”, escribió Zarif cuando ya había caído la noche en Teherán y pocas horas después de que los medios locales hubieran hecho pública la noticia de que el mandatario sirio Bashar Al Assad había visitado por sorpresa el país. Esta era la primera vez que Al Assad visitaba a Irán desde el 2011.





¿Fue la visita del sirio y todo lo que sucedió alrededor de ésta lo que dio el empujón final para la renuncia del ministro? Las razones de la “falta de capacidad” a la que se refería Zarif todavía están por esclarecerse, pero la realidad es que todo lo que pasó durante este lunes en Teherán tiene que ser interpretado en clave política.


Primera visita de Al Assad desde 2011

Y no por lo que dijo el Líder Supremo, que llamó a Bashar Al Assad el héroe del mundo árabe –todas las instituciones iraníes, incluido Zarif , han sido defensores del apoyo que Irán ha prestado a Siria desde el comienzo de las revueltas en 2011-, sino por lo que sucedió alrededor de los encuentros en los que Zarif no tuvo ninguna participación a pesar de que se encontraba en Teherán. Más aun, durante la jornada el entonces ministro sostenía una reunión con un grupo de estadounidenses pro iraníes.

Según los cánones diplomáticos iraníes cuando un jefe de estado visita Teherán, especialmente si es un aliado de la categoría de Al Assad, éste es acompañado al encuentro con el Líder Supremo por el Presidente, el vicepresidente o en su defecto el ministro de exteriores, en este caso Zarif. Ayer ninguno de los tres estaba presente en el encuentro con Jamenei, mas si lo estaba el asesor del Líder en política internacional, Ali Akbar Velayati, y el general de las fuerzas Qods, Qassem Suleimani, quien tiene a su cargo las operaciones iraníes en el extranjero. Ese desaire con el Gobierno es de por si algo bastante inusual en Irán.





Hassan Rouhani, junto a Mohammad Javad Zarif, en una imagen de archivo
(Vahid Salemi / AP)

Pero el asunto no acabó ahí. Más adelante en el día, durante el encuentro de Al Assad con Rohani, quienes estuvieron presentes eran el vice ministro de exteriores y otra vez el general Suleimani que ayer había dejado atrás su uniforme militar para vestirse de civil, algo que suele hacer especialmente en ceremonias religiosas. Suleimani ha desempeñado un papel esencial en la estrategia militar para defender el régimen de los Al Assad y, según han confirmado fuentes iraníes en el pasado, fue quien en 2015 convenció al presidente ruso Vladimir Puttin de involucrarse en la guerra siria sirio y dar apoyo al eje Damasco- Teherán que para entonces estaban frente a una situación desfavorable en el terreno. La entrada de Rusia terminaría por cambiar el balance de fuerzas sobre el terreno.

Al finalizar la noche el vice portavoz de exteriores, Seyed Abbas Mousavi, confirmaba a la agencia local Irna la renuncia del Ministro. La sección política de esta misma agencia gubernamental aseguraba también que el presidente Rohani había aceptado la renuncia. Pero en un trino lanzando horas después por Mahmoud Vaezi, secretario de la presidencia, se negaba rotundamente que ésta hubiera sido aceptada.





La renuncia de Zarif es una gran pérdida para el gobierno del presidente Rohani que lleva meses siendo duramente atacado desde diferentes frentes por su política económica como por su manejo de las relaciones internacionales. Las últimas críticas, las cuales también apuntaban a Zarif, han llegado desde un sector radical del régimen que le reprochan el seguir a la espera de que los países europeos pongan en marcha los mecanismos necesarios para ayudar a Irán a sobrellevar las sanciones reimpuestas por el gobierno del presidente estadounidense, que el año pasado decidió retirar a su país del acuerdo nuclear.

Desde entonces Zarif había puesto en marcha una gran campaña para defender los intereses del país, intentar reafirmar el compromiso con Irán de los europeos y consolidar la relación con países regionales como Irak y Líbano. El gobierno iraní, de aceptar la renuncia, se vería en la encrucijada de buscar el reemplazo de quien posiblemente será considerado uno de los mejores diplomáticos iraníes de todos los tiempos. “Sean felices y optimistas”, concluía Zarif en su trino en el que también agradecía a los iraníes y a las autoridades por los 67 meses de servicio.








Fuente: LA Vanguardia

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