“Lo peor está por llegar”, aseguran, una y otra vez, desde el Ministerio de Sanidad cuando se habla de la pandemia del coronavirus en nuestro país. Se espera que en los próximos días se produzca un pico de contagiados que, de no actuar a tiempo, acabe por colapsar los hospitales que ya muestran signos evidentes de saturación, sobre todo en regiones como Madrid. A esa avalancha de pacientes se suma, además, la baja de cada vez más profesionales que se han infectado o que tienen que guardar cuarentena en sus domicilios.

Ante esta tesitura y con la construcción de un gran hospital de campaña en Ifema a contrarreloj, el Ministerio de Sanidad buscar ya, de forma desesperada, manos que combatan en primera línea de fuego la batalla frente al Covid-19. Tan desesperada que ha planteado reclutar a estudiantes de Medicina y de Enfermería para sumarse a la causa, así como médicos residentes R4 y R5 de todas las especialidades para que puedan sumarse a esta causa. Sin embargo, en este sentido, Juan José González Armengol, presidente de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias, Semes, es contundente: “Si hay profesionales con la titulación ya y que hayan ejercido pero que no están trabajando, sin importar su especialidad, siempre son prioritarios frente a alumnos”, asegura.

Estudiantes, sólo bajo tutela

Y es que, a pesar de las ganas de ayudar que puedan tener los estudiantes, lo cierto es que, según apuntan los sanitarios, “la falta de experiencia y los nervios de la situación que es dramática en muchos casos, puede jugar una mala pasada a los alumnos”, a pesar de que «el aprendizaje en este caso resulta muy rápido, ya que este virus actúa de forma muy similar en todos los afectados y el perfil de los pacientes es relativamente parecido y se actúa son procedimientos muy claros. Eso sí, las medidas de seguridad deben estar bien establecidas”, insiste González Armengol.

Sin embargo, ante la amenaza de que los peores días están por llegar, González Armengol es consciente de que «aprovechar el recurso de los estudiantes va a llegar a ser necesario, por eso resulta esencial que se agilicen los trámites desde el punto de vista administrativo y legislativo para que esto sea una realidad lo antes posible. Y por supuesto hay que hacerlo de forma inteligente, pues no puedes dejar a un alumno solo en una sala con 20 pacientes, por lo que siempre debe estar tutelado por un profesional”, advierte.

Jubilados, el último recurso

Otra de las opciones que ha planteado el Ministerio de Sanidad es aprovechar los recursos que suponen aquellos sanitarios jubilados, aunque sólo en el caso de que se sumen de forma voluntaria. Sin embargo, González Armengol vuelve a ser muy claro: «Lo que nos parece que no resulta lógico es que se plantee sumar a la causa a profesionales jubilados, ya que no hay que olvidar que se trata de personas de riesgo y se merecen que les cuidemos y no que los metamos en la boca del lobo”, concluye.

Reordenación profesional

Antes de optar por la contratación de estudiantes, la reordenación de profesionales es, según González Armengol, el primer paso que hay que dar para evitar el colapso sanitario, algo que el presidente de Semes asegura que se hace desde hace días y que, por supuesto, será aún más necesario a partir de ahora: “Hay que tener en cuenta que la fisonomía de nuestra Sanidad ha cambiado absolutamente, aunque parezca algo inconcebible. El servicio de Cardiología, por ejemplo, ya no está funcionando de forma habitual como antes, sino al mínimo, porque se están derivando los recursos humanos sanitarios existentes. Ya hay cardiólogos, alergólogos, reumatólogos, traumatólogos, etc. viendo pacientes infecciosos tanto en las urgencias como en planta. Y con enfermería pasa igual”, detalla González Armengol.

De esta manera, tal y como explica el presidente de Semes, “desde el inicio de esta crisis, pero sobre todo en los últimos días, los hospitales convencionales se han convertido en centros sanitarios de guerra. Eso implica la creación de un comité de emergencias que es el que toma las decisiones. En este caso, el hospital queda dividido en tres áreas funcionales que tienen capacidad ejecutiva: un área de gestión de urgencias, otra de medicina interna y otra de medicina intensiva. De esta manera, todo el centro está, desde el punto de vista funcional, bajo la tutela de una de esas tres partes”.

Además, antes de optar por alumnos, resulta prioritario que “se ponga en marcha una red de atención domiciliaria para que más de 50.000 pacientes crónicos puedan estar bajo la vigilancia de profesionales de forma asistencial, de tal modo que permita liberar a un buen número de profesionales de Atención Primaria para que puedan trabajar en los hospitales convencionales o en el de campaña de Ifema”.




Fuente: La Razón

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